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Domingo 24 de Agosto de 2014

La última genialidad de Maduro

Esta semana se conoció la última idea de Nicolás Maduro para enfrentar la monumental crisis económica que sufre Venezuela: poner máquinas capta huellas en los supermercados

Esta semana se conoció la última idea de Nicolás Maduro para enfrentar la monumental crisis económica que sufre Venezuela: poner máquinas capta huellas en los supermercados. Inicialmente se iba a aplicar sólo en los mercados estatales. Así, el ciudadano-consumidor se verá controlado por el ojo orwelliano del Estado policial chavista en su consumo de porotos, harina de maíz, huevos y aceite, entre otros bienes. No se trata de solucionar los problemas de falta de oferta, sino de reprimir aún más el consumo. Para Maduro, el privado, consumidor o empresario, tiene tendencias perversas y egoístas que el Estado debe reprimir. En marzo, Maduro ya había anticipado un proyecto de racionamiento a la cubana, "para aplastar a los especuladores". Se afianza así la estrategia "cubana" del empobrecimiento ex profeso como camino a la dominación: el ciudadano empobrecido, sometido a la supervivencia, es un ciudadano resignado, que olvida sus reivindicaciones políticas. Es esa mansedumbre triste y resignada el objetivo explícito del régimen que lidera Maduro. El proyecto estaba contenido completo en una frase que se le atribuye al hasta hace poco zar de la economía venezolana, Jorge Giordani: "El piso político nos lo da la gente pobre: ellos son los que votan por nosotros. Así que los pobres tendrán que seguir siendo pobres, los necesitamos así". Efectivamente, el populismo no quiere ciudadanos de clase media, porque estos tienen la costumbre de ser críticos e independientes. Por esto Chávez, como Fidel Castro, se puso como objetivo la destrucción de esta clase social tan molesta. Y está claro que el chavismo lo está logrando, como demuestra el creciente exilio de venezolanos. Otro indicio es el contraste entre la masividad de las manifestaciones opositoras que se registraron en Venezuela entre 2000 y 2005, en una situación económica mucho mejor que la actual, y las relativamente exiguas que se vieron este verano. Pero ocurre que la crisis económica desatada por el chavismo es tan grave que hasta esos pobres queridos por Chávez y Giordani están cada día más disconformes.

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