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Sábado 26 de Octubre de 2013

La última confesión

En un video filmado poco tiempo antes de morir, el ex capitán nazi de las SS Erich Priebke volvió a justificar como una "obediencia debida" la masacre que ayudó a organizar y cometer con sus propias manos...

En un video filmado poco tiempo antes de morir, el ex capitán nazi de las SS Erich Priebke volvió a justificar como una "obediencia debida" la masacre que ayudó a organizar y cometer con sus propias manos en las Fosas Ardeatinas, en la afueras de Roma, el 23 de marzo de 1944, donde 335 italianos fueron esposados y asesinados con un tiro en la cabeza. Sus allegados difundieron la filmación días después de la muerte de Priebke, a los 100 años de edad, como un homenaje póstumo a su memoria o tal vez como un legado ideológico, porque después de casi 70 años de aquel asesinato masivo no hubo espacio para ninguna reflexión crítica de lo sucedido.

Priebke explicó en el video que tras un ataque de la resistencia comunista italiana en el centro de Roma, en la Vía Rassella, contra un camión de transporte policial de las fuerzas alemanas de ocupación que causó 33 muertes, llegó la orden de Hitler de ejecutar a 10 italianos por cada policía muerto. En la grabación, de apenas unos cuatro minutos, Priebke hizo un análisis político de aquella situación. "La Resistencia sabía que tras un atentado a los intereses alemanes le seguía una represalia. Y así lo hicieron, con la intención de lograr una revolución contra la ocupación, cosa que no ocurrió", dijo. También le endilgó a su colega y capitán de las SS, de apellido Schultz, la organización de la masacre. "Schultz había estado en Rusia y acostumbrado a ese tipo de acciones, para nosotros fue terrible", aclaró. En esa misma línea de descargo, la filmación termina con un sobreimpreso que contiene un mensaje similar al leído en el juicio que lo condenó a cadena perpetua. "Siento, desde lo más profundo del corazón, la necesidad de expresar mis condolencias por el dolor de los familiares de las víctimas de las Fosas Ardeatinas. Como creyente, nunca olvidé ese trágico hecho; para mí la orden de participar en la acción fue una gran tragedia íntima", afirmó Priebke.

Estas póstumas declaraciones son, en realidad, una burda hipocresía de un miembro de una organización criminal, como las SS, que sembró el terror y el crimen por toda Europa. "Fue la industrialización de la muerte lo que hicieron mis compatriotas", dijo una vez el ex embajador alemán en Argentina Jörg Kastl.

Priebke había sido enviado a la embajada alemana en Italia antes de la ocupación y era el oficial de enlace con El Vaticano. Con el grado de capitán, se desempeñó como segundo del jefe de la policía nazi de Roma Herbert Keppler. En parte del edificio de esa embajada, en Vía Tasso 145 (hoy sede del Museo Storico della Liberazione di Roma), se montó un centro de detención de las SS donde se torturaba y asesinaba a italianos mientras Priebke trabajaba en oficinas contiguas. En un llamativo parecido con lo que ocurrió décadas después durante la represión en la Argentina, se utilizó una edificación común para instalar celdas clandestinas. Se tapialaron ventanas y produjeron otras modificaciones edilicias con ese macabro propósito.

Desde ese edificio se organizó la matanza de las Fosas Ardeatinas. Lo que nunca se explicó es por qué se ejecutaron 335 personas si con 330 hubieran sido suficientes según la orden de Berlín de matar a 10 italianos por cada alemán. Algunas fuentes explican que cuando se sacó de las cárceles y hasta se buscó en la propia calle a quienes iban a ser ejecutados en la represalia, se cometió un error con el número y se reunió a cinco personas más de lo necesario. En lugar de ser devueltas, también se las asesinó junto al resto, con lo que "la gran tragedia íntima" de Priebke suena pueril. No fue otra cosa que la satisfacción del cumplimiento de una orden, excedida incluso en número, por la afinidad ideológica que llevaba implícita.

Entre las víctimas de ese asesinato masivo, cuyos cadáveres fueron recuperados uno a uno poco después de la liberación de Italia (hay terribles escenas filmadas disponibles) había niños de catorce o quince años y hasta un sacerdote católico italiano, Pietro Pappagallo, quien había sido arrestado pocos meses antes. El cura ayudaba a partisanos, judíos y otros perseguidos por los nazis, y por eso fue sentenciado a muerte y ejecutado en las Fosas, pese a que Priebke era "creyente", como dijo en el video. También desde las oficinas de las SS en donde Priebke cumplió funciones se organizó la deportación de unos mil judíos romanos a Auschwitz. Sólo 16 regresaron con vida.

En la Argentina. Los torturadores y asesinos de todas las latitudes y épocas de la historia, incluidos los domésticos durante la última dictadura argentina, disocian su "trabajo" de su vida familiar y social. Priebke no fue la excepción. Comenzó después de la guerra una nueva vida en la Argentina, adonde ingresó con el nombre falso de Otto Pappe. Su historia hasta que fue extraditado a Italia en 1995 es bien conocida. Sus casi cincuenta años en Bariloche, desde sus comienzos como encargado del comedor de una hostería para turistas, los desarrolló en una marco de tranquilidad, el que le dieron distintos gobiernos argentinos y hasta la embajada alemana en Buenos Aires, que sabía del pasado nazi de Priebke, según reconoció uno de sus funcionarios. Pero si los propios gobiernos alemanes de posguerra o los mismos norteamericanos cobijaron a ex nazis por distintas situaciones o conveniencias, qué importancia tenía un capitán de las SS (entre el casi millón de integrantes que llegó a tener esa fuerza en la guerra, incluso con una división militar, la Waffen SS), en un remoto confín del planeta.

Pero los italianos no pensaban lo mismo. Es que lo que ocurrió en las Fosas había sido la peor masacre de civiles en Roma durante la guerra.

En 1994 el periodista Sam Donaldson, de la cadena ABC de Estados Unidos, rastreó y encontró a Priebke en las calles de Bariloche cuando estaba a punto de subirse a su auto. Le preguntó por su pasado, y el ex SS no tuvo reparos en admitir lo que ocurrió en la masacre de Roma bajo el mismo amparo de haber cumplido órdenes superiores.

A partir de allí vino su arresto domiciliario, la deportación a Italia y la solidaridad que obtuvo de parte de la comunidad alemana de Bariloche. Es que Priebke tenía en ese entonces más de 80 años, la imagen de un abuelito bueno y gran respeto entre la comunidad, a la que dedicaba su tiempo a través de su gestión en la Asociación Cultural Germano-Argentina de Bariloche y el colegio alemán.

La trama de lo que ocurrió en Bariloche con los alemanes, algunos nazis como Priebke, llegados después de la guerra y la comunidad ya presente desde antes, se describe muy bien en el documental "Pacto de Silencio", producido en 2006 y que hace unos días la Televisión Pública volvió a emitir. El autor es Carlos Echeverría, hijo de madre alemana y padre argentino, que vivió su infancia en Bariloche, fue al colegio alemán y conoce desde adentro lo que ocurría en la sociedad germana de esa ciudad.

La filmación, de excelente producción internacional en Argentina, Chile, Italia y Alemania, desenmascara a Priebke de todas sus mentiras y lo ubica en un escenario donde se resaltaban los valores del nacionalsocialismo. "Esta gente sigue pensando igual después de más de medio siglo", concluyó Echeverría y lo demostró en su trabajo documental que contiene imágenes y fotografías de Priebke durante su larga estadía en Bariloche en las que se revela cómo desde parte de la comunidad germana se formó una cofradía secreta para continuar defendiendo valores que el mundo y la propia Alemania califican como genocidas.

En el filme se entrevista al ex docente Herbert Best, de pasado en las Juventudes Hitlerianas y en el Ejército, que había sido contratado en 1957 por el Colegio Alemán para enseñar idioma. Nunca pensaron que el profesor había hecho una lectura crítica del pasado y cuando quiso descartar de la biblioteca de la escuela los libros nazis, como el propio "Mi Lucha", fue despedido del cargo tres años después y acusado de ser un "enviado político que venía a destruir lo mejor de la literatura alemana". Muchos años después, en ese mismo colegio, su directora prohibió la proyección de la película "La lista de Schindler" en el establecimiento educativo.

Mientras algunos de los alemanes y sus descendientes que viven en Bariloche y justifican el nazismo −no son todos ni mayoría entre los integrantes de esa comunidad—, y niegan lo que ocurrió durante la guerra, en Alemania los museos y centros de documentación exhiben la verdad de la historia. No hace falta más que visitarlos y recorrerlos, en especial los de Berlín.

Identidad. Un ejemplo más de lo que representó Priebke, ya no como individuo sino como concepción ideológica, fue lo que ocurrió con el intento de entierro de su cuerpo. Nadie quería quedar "pegado" a un criminal nazi, de hecho durante la guerra y de concepto en sus años de buen vecino en Bariloche.

El alcalde de Roma, Ignazio Marino, justificó su rechazo a la sepultura de Priebke en esa ciudad. "No podíamos aceptar que el funeral del verdugo nazi se celebrara aquí", dijo, tras recordar que "las víctimas de la masacre de las Fosas eran romanas, 75 de ellas judías. Roma es una ciudad antinazi y antifascista", remarcó.

Sólo la Fraternidad Sacerdotal de San Pío X, un grupo ultraconservador creado por el ya fallecido obispo Marcel Lefebvre, excomulgado por Juan Pablo II pero perdonado por Benedicto XVI, aceptó enterrarlo con una ceremonia religiosa. El repudio de la gente lo impidió y ahora el lugar de la sepultura será secreto.

El obispo inglés Richard Williamson, ex director de un seminario de esa orden lefebvrista en la provincia de Buenos Aires, fue expulsado de la Argentina en 2009 tras negar la existencia de las cámaras de gas en los campos de concentración, algo que la propia Alemania siempre ha admitido sin reparos.

Los lefebvristas se oponen a las directivas del Concilio Vaticano II de acercamiento a otras religiones, emanan un putrefacto tufillo marcadamente antisemita y cuestionan al actual Papa Francisco porque "es un modernista que pone en peligro la fe en una Iglesia que es un verdadero desastre". Este grupo religioso ultraortodoxo, inspirado en prácticas y conceptos medievales, fue el único que quiso despedir con honores a Priebke, con lo que si había alguna duda de lo que representaba el ex capitán de las SS la realidad se encargó de confirmarlo.

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