Opinión
Jueves 07 de Julio de 2016

La UCR quedó atada al destino político de Macri

Claves. Si la gestión del presidente resulta exitosa, al radicalismo le corresponderá seguir compartiendo cuotas de poder; pero una debacle generará otra crisis profunda. Santa Fe pondrá a prueba en 2017 el vigor político de Cambiemos.

El 2017 ya empezó. Y mucho más para el radicalismo, que por la configuración de Cambiemos y por su lugar en el oficialismo tiene su suerte atada al resultado de la gestión de Mauricio Macri.

   La reunión prevista para hoy en Tucumán de todos los popes radicales tiene como excusa protocolar el Bicentenario, pero en realidad se pondrá en acción el posicionamiento partidario en la relación con el gobierno central, y el primer approach para lograr más presencia en las listas legislativas de 2017. "Será una foto de familia con contenido político", le dijo a La Capital el presidente de la UCR, José Corral.

   Las cartas de pertenencia oficialista están echadas. El futuro de Macri es el futuro del partido, aunque con pocas chances de liderar el espacio Cambiemos. Si le va bien a Macri, el actual presidente se podrá quedar con la reelección y el radicalismo acompañar con cargos, legisladores, gobernadores e intendentes. Si a Macri le va mal, y la caída se traduce en la salida del poder, la UCR volverá a pagar un costo enorme.


Adelante, radicales. Por eso, para los dirigentes de boina blanca el desafío es aquí y ahora: peticionar por listas de consenso en lugares expectantes para la Cámara baja y encabezar con nombres propios en los comicios a senador de Formosa, La Rioja, Jujuy y Santa Cruz.

   "En esas provincias estamos muy bien, ahí existe la UCR, no el PRO, y podemos quedarnos con los dos senadores por la mayoría. Tenemos que liderar el espacio, como el macrismo lo lidera en otros distritos", se escuchó en uno de los pasillos del comité nacional.

   Esa mirada interna del radicalismo no se compadece con algunos movimientos que el gobierno nacional comenzó a ensayar, aún tímidamente, y que tienen que ver con la imperiosa necesidad de mantener la gobernabilidad en el distrito que más está sufriendo las consecuencias del ajuste: provincia de Buenos Aires.

   "Macri privilegia la relación territorial con los Ejecutivos y eso genera malestar en la UCR. Lo otro que les molesta es que no tengan más espacios en la mesa chica o en el gabinete, pero tienen que entender la dinámica política que se viene a partir de las necesidades del gobierno, no de los dirigentes", reveló un diputado nacional macrista.

   La madeja teórica tiene una explicación: el aquelarre interno del peronismo en la provincia de Buenos Aires abrió los ojos del gobierno de Macri y de María Eugenia Vidal para intentar incorporar intendentes y dirigentes territoriales. Admite la fuente del macrismo que esos acuerdos harán crujir la relación con la UCR, pero que ni a la Casa Rosada ni a Vidal les queda otra salida. "Tenemos que saber condimentar una ensalada que no tiene receta previa. Cambiemos nació en el 2015", amplió con honestidad brutal la fuente.

   En el PRO, incluso, no rechazan ningún principismo ideológico y apelan a la figura de la "ambulancia que recoge los heridos del Frente para la Victoria". ¿No será mucho?

   "Cuidado, no desvirtuemos la realidad de Cambiemos, hay que debatir y mucho hasta dónde se amplía el espacio", replicó una altísima referencia del comité nacional del radicalismo, mientras cerraba la valija y se aprestaba a viajar a Tucumán. Para él, una cosa es ampliar y fortalecer la alianza y otra es "entrar en la rosca con los señores feudales y los barones del conurbano. Esos personajes fueron a los que derrotamos".

   Desde este diario se adelantó hace más de un mes que Joaquín De la Torre, una de las principales referencias que tenía Sergio Massa en el Frente Renovador, había decidido su pase a Cambiemos, algo que está a punto de concretarse con la designación, incluso, en la grilla ministerial del gobierno bonaerense. No será el único.

   "Una cosa es De la Torre, que es un tipo muy bien conceptuado, y otra sería la incorporación de nombres inaceptables para lo que vino a hacer Cambiemos a la política argentina", resumió Corral.


Matrimonio y algo más. Adentro del radicalismo que juega sus fichas en Cambiemos tampoco hay una mirada unívoca sobre la marcha de la gestión. Sin ir más lejos, el vicepresidente del Senado, Juan Carlos Marino, puso reparos sobre el mantenimiento del acuerdo: "Esto es como un matrimonio: si no generamos confianza, seguramente nos vamos a divorciar. El gobierno tiene que escuchar mucho más y ver a la UCR como un partido que tiene mucho para ofrecer".

   Al radicalismo en su totalidad no le gusta la marcha de la política energética del Ejecutivo y pide otra clase de medidas. "Haberles bajado las retenciones a las mineras es algo que no terminamos de entender, y se contradice a la hora de pedirle a la gente que se ajuste el cinturón", blanqueó un importante dirigente del centenario partido.

   Sin embargo, empieza a aparecer una mirada optimista sobre la marcha de la economía. "Las medidas van a dar resultado. En Santa Fe están cambiando las condiciones. Aumentó bastante la venta de cosechadoras, hay optimismo con la siembra y el precio de la soja está bien", valoriza el presidente del partido, quien medita si será o no candidato a diputado nacional.

   Santa Fe será en 2017 un test clave y de lectura nacional para el futuro de Cambiemos, ya que el radicalismo estará obligado nacionalmente a jugar con el PRO. ¿Cuántos resistirán el convite y mantendrán la alianza con el socialismo? Hoy es imposible saberlo. Por lo pronto, la derrota electoral de Cambiemos en Río Cuarto, que se llevó puesta la gestión radical, morigeró la ansiedad de algunos dirigentes santafesinos.

   Aun con algunos resistiendo el acuerdo con "la derecha", el futuro político de la UCR depende de la gestión Macri. Los radicales esperan que el artefacto Cambiemos les permita incorporar más afettio societatis, sobre todo en las listas de candidatos.

   El tiempo preelectoral llegó mucho antes de lo pensado.

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