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Sábado 18 de Julio de 2015

La tragedia griega y el acoso alemán

En foco. El nuevo programa de salvataje financiero y consecuente ajuste que se le impone a Grecia tiene más un carácter disciplinador y humillante que una fórmula solidaria de Europa para ayudar a un país de escasa relevancia en la economía del Viejo Continente.

Muy lejos de respetarlo como cuna de la democracia, del pensamiento y la filosofía occidental, al pueblo griego quieren disciplinarlo, imponerle condiciones draconianas para que afronte una deuda impagable sin que aparezca ningún Dios mitológico que lo salve.

El Parlamento heleno aprobó el jueves pasado un severo programa de ajuste pergeñado por sus “socios” europeos que es de dudosa efectividad futura, pero que en lo inmediato le trae algo de alivio a las finanzas del país.

Como en las relaciones personales, los conflictos no se originan mayormente en forma unilateral sino que se desatan por la acción de dos o más participantes. La deuda griega que hace largo tiempo pone en peligro la estabilidad económica de Europa es de 324 mil millones de euros, una fortuna que se fue acumulando por irresponsabilidades compartidas.

En primer lugar, sucesivos gobiernos helenos tomaron préstamos para financiar una economía que no generaba suficientes recursos y para comprar submarinos y otros armamentos de guerra, en medio de una corrupción doméstica generalizada a base de sobornos para digitar negocios desde el exterior. No hay más elocuencia para graficar esa situación de descontrol ético interno que la confesión de Antonis Kantas, ex funcionario del Ministerio de Defensa griego entre 1996 y 2002: “Acepté tantos sobornos que no puedo recordarlos a todos”, les dijo a los jueces que lo investigaban. Solo Kantas admitió haber recibido 16 millones de dólares en coimas de empresas extranjeras que eran movidos a través de bancos alemanes y suizos.

En segundo lugar, las empresas que pagaron sobornos, como el consorcio alemán Ferrostaal, entre otros, para ganar licitaciones de venta de naves de guerra y hacer grandes negocios son tan responsables como los funcionarios corruptos griegos. También lo son los bancos europeos –casualmente mayoritariamente alemanes– que le prestaron a Grecia grandes sumas de dinero para una insólita carrera armamentista, entre otros despropósitos para un país de sólo once millones de personas y una economía que no llega al dos por ciento de la Unión Europea.

La conjunción de funcionarios corruptos, empresas que pagaron coimas y bancos que prestaron millones sin demasiada preocupación en averiguar qué se haría con ese dinero, es parte de la tragedia griega de los últimos tiempos. Si Grecia no paga su deuda a Alemania, su principal acreedor, sus bancos no recuperarán el dinero y sus empresas tampoco, por lo que el efecto interno en Alemania sería importante, aún para el gigante germano que es el motor económico de Europa. Y es una burbuja que puede complicar a toda la Unión Europea.

Los dos rescates financieros a Grecia dispuestos hasta ahora por la denominada “troika” (el Banco Central Europeo, la Comisión Europea y el FMI) no hicieron más que agravar la situación porque a la economía griega se le imponen ajustes que no le permiten salir de la crisis. El próximo salvataje a negociar sería de unos 80 mil millones de euros para los próximos tres años y probablemente tampoco sea de utilidad, igual que los anteriores. En forma urgente, Grecia recibirá 7 mil millones de euros con los que pagará 4.200 millones al Banco Central Europeo y otros 2.000 millones al FMI. Es decir, más préstamos para pagar deudas, en un ciclo interminable.

El propio FMI ha advertido que sin una quita en el monto de la deuda la recuperación de Grecia será inviable.

Economía y filosofía. Pero más allá de la situación estrictamente financiera, subyace una gran intencionalidad, casi manifiesta, de no permitir que Grecia –económicamente irrelevante en el contexto europeo y

mundial– lidere un movimiento que enfrente a los grandes países poderosos para ponerles límites a su voracidad a expensas de la miseria de los pueblos endeudados. Grecia podría contagiar a España y a naciones extraeuropeas en dificultades, con lo que el panorama podría globalizarse en poco tiempo. No hay otra forma de entender por qué las exigencias contra un país empobrecido son tan severas.

Paul Krugman, premio Nobel de Economía, viene diciendo que la única solución para Grecia es salir de la zona euro y, tras anunciarse un nuevo y tercer paquete de rescate con un severo ajuste interno, sostuvo que se trata de “una locura y un golpe de Estado”. En su blog que publica en el diario “The New York Times”, Krugman aseguró que lo impuesto por la “troika” “va más allá de la dureza, es pura ansia de venganza en la completa destrucción de la soberanía nacional de Grecia, sin esperanza ni alivio para la población”.

Otro economista laureado con el premio Nobel, Joseph Stiglitz, piensa en la misma dirección que Krugman y acusó a Alemania de mostar una “falta de humanidad” que está socavando la visión europea”. Stiglitz había dicho que lo que está ocurriendo es “la antítesis de la democracia: varios líderes europeos quieren ver caer al gobierno izquierdista de Alexis Tsipras”.

Ya no desde la economía, sino desde la filosofía, el gran pensador alemán Jürgen Habermas escribió hace unos días para el diario inglés “The Guardian” que la actitud de Angela Merkel en la crisis griega ha hecho perder todos los esfuerzos de previas generaciones de alemanes por reconstruir la reputación de posguerra. Y fue más allá al decir que Alemania, descaradamente, se ha comportado como un jefe disciplinador y por primera vez abiertamente ha declarado su hegemonía en Europa.

Doble moral. Aunque parezca sacado de los libros de historia lo ocurrido entre Grecia y Alemania durante la Segunda Guerra Mundial acaba de saldarse sólo hace pocos años. El 3 de octubre de 2010, Alemania efectuó el último pago de la deuda en reparación por las atrocidades y destrucciones cometidas por el gobierno nacionalsocialista alemán durante la ocupación de Grecia entre 1941 y 1944. Según los griegos, que ahora recalcularon el valor del desastre cometido por los nazis, Alemania le debe al pueblo griego unos 278 mil millones de euros. Esa cifra incluye unos 10.300 millones de euros para el Banco Central de Grecia, que durante la ocupación se vio forzado a financiar los gastos de las tropas alemanas en suelo heleno.

Más allá de si se trata de una jugada política griega para aliviar su deuda con los alemanes, terminada la guerra los principales acreedores de Alemania, entre ellos Grecia, acordaron en Londres en 1953 reducir en un 62,6 por ciento la deuda de la devastada Alemania, que había sido reducida a escombros. Para permitirle recuperarse, además del Plan Marshall, a Alemania se le redujeron los intereses de su deuda a menos del 5 por ciento anual, no pagaba más del 3 por ciento de sus exportaciones y se le permitía hacerlo en su moneda, el marco alemán. Esas concesiones fueron hechas a un país que había sembrado el terror en toda Europa, cometido las peores barbaridades conocidas por la civilización hasta esa época y saqueado todos los países que ocupó.

En cambio, ahora, Alemania y sus socios pretenden que Grecia pague su deuda a costa de un severo ajuste que incluye, entre tantas cosas, rebajarles el salario a los jubilados, subir los impuestos, reformas laborales y prácticamente ceder su soberanía económica al control europeo. También privatizaciones de empresas públicas, para completar un panorama conocido por los argentinos.

El ex ministro de Economía griego, Yanis Varufakis, (que votó en contra del nuevo plan de ajuste) dijo que con las concesiones impuestas “se confirma que Grecia acepta convertirse en un vasallo del Eurogrupo” y calificó al programa como “un nuevo Tratado Versalles, pero esta vez dictado por Alemania”. Y fue aún más allá, al entender que nada de esto tiene que ver con la economía “sino más bien corresponde a una simple y pura manifestación política de humillación”.

A los griegos les queda poco de filosofía y a los alemanes de solidaridad europea. Una vez más, la gran corporación financiera internacional que digita gobiernos y elabora planes económicos de ajuste parece haberse impuesto.

 

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