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Miércoles 15 de Octubre de 2014

La tecnología, más allá de las fórmulas

(Por Florencia Sambito / La Capital). _ Durante el encuentro que tuvo cabecera en Rosario, productores y científicos analizaron las tensiones entre el salto productivo y el ambiente.

“Los miembros Crea y los productores de distintas zonas están unidos por un espíritu en común: cultivar el suelo y producir alimentos y nuestra propuesta es lograrlo, preservando los recursos naturales, ante cualquier adversidad”. Así, el presidente del Congreso Tecnológico 2014 de los Consorcios Regionales de Experimentación Agrícola 2014, Francisco Lugano, se refirió a la coyuntura que se avecina para el sector agropecuario y afirmó que “el miedo ante la crisis paraliza pero proponemos marcar distancia, medir el riesgo, tomar el envión y dar el salto e inventarlo, si fuera necesario”.
  Con el lema “Tecnologías para un nuevo salto productivo”, Crea realizó en forma simultánea su congreso en Rosario, Mar del Plata y Santiago del Estero, donde se trabajó bajo el mismo hilo conductor centrado en la “eficiencia y el uso de los tiempos y los recursos”, ante una convocatoria multitudinaria que concentró a más de 2.000 asistentes en cada sede y otras tantas en forma on line.
  El congreso propuso un espacio para analizar tecnologías “realistas”, que sirvan para aumentar la productividad agropecuaria de manera sostenible en los próximos 3 a 5 años.
  En tal sentido se expresó el Ministro de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva de la Nación, Lino Barañao. “En el país tenemos que seguir siendo pioneros e innovadores en el uso de tecnologías para el agro”. Propuso incorporar tecnología que agregue valor y que permita desarrollar cadenas productivas de calidad, haciendo un uso responsable de los recursos.
  “La agricultura no es una actividad productiva automáticamente renovable”, recordó.
  Al mismo tiempo, señaló que la tecnología aplicada al agro es un tema central, sobre todo en el punto en que son capaces de “mejorar la calidad del alimento”. Consideró que el tema del rechazo infundado sobre la biotecnología es una tendencia a revertir: “Una agricultura más eficiente nos beneficia a todos”.
  “No podemos quedarnos con la inercia de nuestros sistemas productivos”, advirtió Barañao.
  ¿La solución o el origen de los problemas? Víctor Sadras, líder del grupo de ecofisiología de cultivos del South Australian R&D Institute, definió a la tecnología como “el resultado inevitable de la curiosidad humana, de la ambición legítima de por vivir mejor y de la necesidad de modificar el ambiente para lograrlo”.
  Sin embargo, tecnologías imperfectas solucionan un problema y ocasionalmente generan otros. A veces los problemas son intrínsecos a una tecnología o resultan de su implementación deficiente: “El nitrógeno que termina en la napa freática en lugar de terminar en el grano de trigo”, ejemplificó el investigador.
  Por su parte, Esteban Jobbágy, investigador principal del Conicet en San Luis fue al extremo de la crítica: “Hasta aquí, lo único sustentable ha sido el progreso. Nuestras soluciones a los problemas generan enseguida nuevos problemas. Vivimos en una realidad insustentable y huimos hacia adelante. El primer paso para cambiarlo es reconocerlo”, dijo.

   A su juicio, el compromiso ambiental requiere captar y comprender con mayor inteligencia las demandas ambientales de la sociedad y, por otro lado, “aprender y negociar mientras producimos”. La idea de sustentabilidad se ha acuñado en una visión estática del mundo. “Primero comprendo, luego actúo”. Así, por ejemplo, la idea de las buenas prácticas agrícolas recurre a “dejar las cosas como estaban antes”. Pero en la dinámica de la naturaleza, aún no se han evaluado a gran escala. En esta escalada, Jobbágy apuntó al agro: “Tiene que participar con su capacidad para gestionar las fuerzas de la naturaleza con una creatividad que nadie más tiene”, indicó.

INVENTAR PROBLEMAS. Emilio Satorre, coordinador académico en I&D de Aacrea afirmó que “estamos mucho más preparados para escuchar los beneficios de las tecnologías que sus problemas. Pero las tecnologías como inventos también inventan problemas”. En la agricultura han existido un conjunto de tecnologías vinculadas a las maquinarias, a la agroquímica y a la genética. Más recientemente aparecen las tecnologías del conocimiento. Pero al poco tiempo, “se avizoran señales de alarma asociadas al ambiente”.
  En ese sentido se refirió a la erosión del suelo, la contaminación, la degradación física y química, “todo ello nos obliga a pensar en la lógica detrás del desarrollo, que en el sector es netamente tecnológica”. Las curvas de nivel, las terrazas, la maquinaria de la siembra directa. Por cada problema que surge a raíz de una tecnología, se busca una innovación que trabaje sobre el efecto de dicha tecnología. “Lo que no evaluamos es que los riesgos pueden ser iguales o peores. Por eso la segunda etapa es sentarnos a pensar: reconocer los procesos y la naturaleza de los problemas”, advirtió Satorre.
  “La ciencia ayudó a balancear con la tecnología, formaron un matrimonio muy importante pero todavía incipiente como para mitigar los problemas. Un elemento de la pareja podría ayudarnos enormemente. Y, sin embargo, seguimos buscando la solución en la simplicidad”, agregó.
  Por eso, el disertante propuso un tercer paso: actuar. “Las tecnologías son herramientas. Hay evidencia de que algunas tecnologías nos ponen en el mismo camino que no queríamos transitar. Es una espiral”. ¿Cuánto se estira ese resorte? Cada vez que aparece una tecnología, al tiempo aumentan los costos y se reduce la efectividad. Las malezas resistentes son un buen ejemplo y así lo trajo Satorre. “La soja RR propuso una solución muy simple a los problemas de nuestros cultivos. Pero de pronto comenzaron a aparecer especies espontáneas, a convertirse en malezas problema y más recientemente, resistentes. De un proceso simple nos hemos encontrado en los últimos años tratando de solucionar otro más complejo. Y ahora nos encontramos aumentando la cantidad de herbicidas en los momentos en que no tenemos cultivo, afectando la residualidad”, explicó.

Herramientas. ¿Qué es lo que estamos haciendo?, se preguntó el disertante. “Es no apelar a la memoria y recordar que el yuyo colorado apareció en los 90, merced al uso intensivo de un herbicida de la familia de las imidazolinonas. No nos importa. Seguimos pidiendo: Díganme el nombre del herbicida que tengo que usar. No buscamos entender ni cambiar nuestra forma de actuar”.
  La forma de evitar los problemas es transitar cuidadosamente una pregunta: “¿Queremos una caja de herramientas o una pinza multifuncional?”.

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