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Sábado 03 de Octubre de 2015

La tarea que nos dejó el maestro Rubén Naranjo

Un recuerdo del artista, refrente social y de los derechos humanos. Multiplicar su ejemplo, la mejor manera de homenajearlo.

A mediados de los años 90 comencé a trabajar junto a Rubén Naranjo y a compartir con él conversaciones, a escuchar sus concepciones sobre problemáticas de aquel presente, y también del pasado.
  Nos habíamos conocido cuando lo contacté para hacerle una entrevista con mis alumnos sobre el Rosariazo. Luego de ese encuentro y por medio de su hija menor, Ada, fue él quien me invitó a colaborar en la tarea de investigación para elaborar los informes sobre las víctimas de gatillo fácil. Esto me convirtió en una persona privilegiada porque compartir tiempo con Rubén y ser partícipe de sus experiencias de trabajo fue uno de los procesos de aprendizaje más enriquecedores que viví.
  Rubén tenía la capacidad de detectar un problema y exponerlo con tanta claridad que ya no podías mirar para otro lado, o no involucrarte. Siempre nos acompañaba, colaboraba y nos sugería con quiénes intercambiar opiniones para enriquecer el tema y abordarlo desde diferentes puntos de vista. La esencia de su trabajo era construir desde lo verdaderamente humano, social y colectivo.
  El resultado era una tarea de conjunto, un proceso grupal, porque Rubén tenía, además, la capacidad de hacernos protagonistas de una comunidad política como sujetos históricos de derechos.
  Por esta concepción que tenía Rubén de lo colectivo, quienes lo conocimos sabemos que no era amigo de los homenajes o reconocimientos personales. Creo que la única vez que aceptó de buen agrado una mención de estas características fue cuando recibió la Cruz de Caballero de la Orden al Mérito, otorgado por el Gobierno de Polonia, en reconocimiento por su labor en la difusión de la obra del pedagogo Janusz Korczak. Prueba de esa labor es la publicación del libro “Janusz Korczak. Maestro de la humanidad”, en el que Rubén describe el desempeño del docente polaco como director del asilo de niños huérfanos del Gueto de Varsovia.
  Rubén se empeñó en hacernos notar que los niños que amó Korczak todavía están en las calles de innumerables rincones del mundo. Con la misma constancia denunció la barbarie humana que sintetiza el nazismo y todas las mutaciones que éste provocó, y provoca aún, en variantes locales e internacionales como son las atrocidades cometidas por las dictaduras en nuestro continente y la violencia aplicada sobre los seres humanos en distintos puntos del mundo. Estas problemáticas se repiten en nuestros días, como es el ejemplo de los migrantes que se ahogan en el Mediterráneo o los que mueren diariamente bajo las ruedas de los trenes en el intento de ingresar a EEUU desde México.
  En los últimos meses entrevistamos junto a Juan Bereciartúa (en el marco de una convocatoria que nos hiciera Río Ancho Ediciones para escribir una biografía de Rubén Naranjo, que formará parte de un libro que compila sus conferencias y publicaciones) a diversas personas que lo conocieron. Algunos recordaban la antipatía que sentía Rubén por los reconocimientos, en especial por aquellos que pudieran hacerse a su persona. Aún así, los que tuvimos la alegría de ser parte de su vida, de acompañar sus andares, proyectos, riesgos, logros y sus innumerables enseñanzas de vida, queremos homenajearlo en este aniversario.
  El se reconocía e identificaba como un maestro. ¿Y cuál es la principal tarea de los maestros? Enseñar, acompañar, escuchar y dar tareas. No sólo a sus alumnos sino a todas aquellas personas que los rodean, para contribuir a que puedan apreciar y mejorar la vida del colectivo humano que les toca construir. Las tareas que proporcionan los docentes son aquellas que ayudan a sus alumnos a comprender la realidad, a denunciar causas injustas y a exigir reparaciones; a luchar, defender y apropiarse de lo necesario para concretar esa labor.
  Por todo lo dicho sentimos que tenemos la tarea necesaria de trasmitir y difundir lo que nos ha legado esa intensa y maravillosa persona que fue Rubén Naranjo.
  La mejor manera de homenajearlo es, entonces, multiplicar el ejemplo que nos dejó. Y esta será una tarea constante para quienes lo conocimos.
  El 3 de octubre de 2005 Rubén nos dejó físicamente, y aún lo extrañamos y necesitamos. ¿Cuántas veces nos sorprendimos pensando qué diría Rubén de tal cosa?; o ¿qué haría Rubén si estuviese en esta circunstancia? No lo sabemos. Lo que sí sabemos, y con certeza, es que hemos aprendido de Rubén que no podemos mirar para el costado.

Mirta Sellarés / Profesora de Historia (Integró el Foro Memoria y Sociedad, creado y dirigido por Rubén Naranjo, sellaresmr@yahoo.com.ar)

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