La ciudad
Domingo 23 de Octubre de 2016

La tarde en que Villa Hortensia fue un castillo; y su jardín, una comarca medieval

Hubo danza, música, lecturas y relatos, una muestra de objetos, una feria con 60 stands y exhibiciones de batallas de caballeros.

Villa Hortensia fue por un día castillo y fortaleza medieval. Sus jardines, "La Comarca" donde Don Francisco Roullion era rey y señor. Con una historia que incluyó tesoros escondidos, dragones, valientes caballeros, una malvada bruja y todos los condimentos fantásticos de los relatos medievales, chicos —y también grandes— admiraron atentos cómo los personajes cobraban vida en la cuarta edición del Encuentro Medieval que se llevó adelante en el Distrito Norte.

   Hubo espadas, escudos y armaduras, además de largas capas, brujas y sacerdotes, pociones mágicas y grandes batallas en la propuesta que comenzó al mediodía, además de espectáculos, exhibiciones, una feria y la posibilidad de que los propios chicos probaran hacer con sus manos desde las varitas mágicas hasta la alquimia de las pociones.

   "La Comarca" ya es un clásico que se repite en la zona norte. Sólo atravesar la puerta de la vieja mansión de fines de siglo XIX, que había pertenecido a la familia Roullión, la representación de la aldea del medioevo reúne a damas, caballeros, familias y artesanos. Se trata de recreacionistas —amantes y estudiosos del período de la historia— que mostraron las diferentes facetas de la vida cotidiana de las comarcas.

De batallas. Claro que las espadas y las lanzas, las armaduras, los escudos y los guantes fueron lo que más llamó la atención de los más chicos, que escucharon atentos las explicaciones, se sacaron fotos y algo aprendieron de las batallas medievales. Y los que les contaron algo de esa historia, sabían de lo que hablaban.

   "Lo que hacemos es recrear los combates medievales y los combates de caballeros en base a los documentos y escritos de época, que son maravillosos porque muchos de ellos están escritos en verso", explica Cecilia Verino, integrante del grupo Oso Blanco, y enamorada del esgrima medieval.

   Lo deportivo en sí mismo, el valor histórico y la búsqueda de lo fantástico, un poco de todo eso, fue lo que acercó hace dos años a la joven de 28 años al esgrima, y asegura que "es un poco de todo eso lo que nos acerca a esta actividad".

   Quizá la "Trebuchet" —lo que se conoce como catapulta de contrapeso y se utilizaba en las batallas como arma de asedio para lanzar proyectiles a la distancia— estuvo entre lo que más llamó la atención de los chicos. Construida en madera y a escala, hurgó en la curiosidad de casi todos.

   Lo cierto es que los especialistas en combates medievales y eslavos, con varias decenas de kilos de armaduras encima, hicieron demostraciones en plena plaza, enfrente de la casona; y los arcos y las flechas fueron de la partida con un espacio de tiro al blanco.

Arte y talleres. Sin embargo, no todo fue de valientes caballeros en la jornada. Un escenario principal reunió a cuatro grupos de danza y otros cuatro de música, y en el interior de la mansión hubo espacio para la narración de relatos medievales acompañados por música y una muestra de miniaturas.

   Además de la propuesta de la feria con más de 60 stands distribuidos en la plaza, todos pudieron construir sus varitas mágicas y llenarlas de estrellas, hacer sus escudos con dragones voladores estampados, y entre la más convocante estuvo la invitación a elaborar pócimas.

   "Para volar", "para ser más inteligente", "para ser alto", "para ser invisible", "para convertirse en dragón", y hasta "para tener paciencia" fueron las alquimias que los chicos hicieron con esencias de jazmín, chocolate, limón y sándalo como ingredientes.

   Hubo fotos con los enormes caballeros y las brujas, y hasta una pitonisa podía encontrarse en el jardín de la comarca para ser consultada por el incierto futuro.

   Así, hasta la caída de la tarde, Villa Hortensia fue castillo y fortaleza, su entorno una aldea medieval. La magia de la transformación promete repetirse el año próximo.


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