AFA
Sábado 16 de Julio de 2016

La Superliga nació con los viejos vicios que arrastra el fútbol argentino

El nuevo formato del fútbol se aprobó pero subsisten los problemas y no está claro que la Fifa lo apruebe si antes no se resuelven las deudas de los clubes.

La Superliga ya fue aprobada pero los problemas en el fútbol argentino siguen estando a la orden del día y el laberinto en el que está metida la dirigencia parece no tener fin. La aprobación a mano alzada se hizo el miércoles, pero quedan muchas cuestiones por resolver y el punto fundamental es el reparto de dinero, y cómo hacerse de él. Los dirigentes que se han puesto al frente de todas las negociaciones en una Asociación del Fútbol Argentino acéfala (más allá de que no se sabe bien si al cabo Luis Segura se fue o no), ahora buscan por todos los medios romper el contrato de TV del gobierno nacional, además de pretender que la Fifa sostenga económicamente la transición, cuando ni siquiera formó la comisión normalizadora. Un verdadero caos organizativo del que todos son parte y de hecho son los mismos que ahora crearon un nuevo formato por iniciativa de los poderosos, que pretenden crear el nuevo orden que claramente los beneficia en desmedro del resto. Sin especificar además cómo saldar antes las enormes deudas que tienen la mayoría de las instituciones.

En ese sentido, la Superliga parece ser un engendro a medida de los intereses de los clubes de más poder y donde los demás deben adaptarse para subsistir. Una Superliga que, por otra parte, es formada por los mismos dirigentes que llevaron al fútbol argentino a esta situación, sumando enormes deudas pese a que la asociación con el antiguo gobierno nacional les proporcionó mejores ingresos. Ahora se pide más dinero, ahora quienes llevan adelante el barco dijeron (ver aparte) luego de la reunión mantenida en Casa Rosada en el mediodía de ayer con los actuales funcionarios, que el aporte prometido es insuficiente. Y buscan directamente romper el vínculo para asociarse a un privado, en este caso la cadena estadounidense Turner, que pondría más plata. Prometen que, si eso ocurriera, mantendrían la gratuidad de los envíos televisivos hasta el 2019. Es lo que menos les importa.

En el medio, la mentada comisión normalizadora no termina de ver la luz. Nadie tiene en claro cuándo la conformarán Primo Corvaro, el enviado de la Fifa, y la abogada de la Conmebol, Monserrat Giménez. Y una vez conformada, la gran pregunta es si avalarán la Superliga. Si permitirán que el dinero de los derechos por TV sean derivados hacia ella vía AFA, como se acordó el miércoles. ¿Qué impediría que esta comisión, que sería en la práctica la Fifa misma, no use esos fondos primero para saldar las enormes deudas que la mayoría de los clubes, excepto Boca, tienen con la propia AFA? ¿Qué impediría que, por ejemplo, esa plata vaya a achicar los 102 millones de pesos que adeuda Independiente, o los 95 del club de Segura, Argentinos Juniors? (ver aparte las otras deudas) O que intente saldar los casi mil millones, que es la acreencia total de todas las instituciones, monto que aparece contablemente en la parte de "cuenta corriente", así no suman intereses.

Pero además, la AFA tiene deudas con terceros y la Fifa también podría derivar los ingresos de la TV para afrontarlas, como el descubierto de casi 100 millones de pesos con el Banco Credicoop (a una tasa alta, además), los casi 15 millones que se les debe a los árbitros, los 7 millones con los empleados o los 40 con la Afip. Por si esto fuera poco, en la nota de la edición de ayer de Ovación, el presidente de la Asociación Rosarina de Fútbol, Mario Giammaría, agregó (en calidad de representante del Consejo Federal, fue el único que votó en contra la aprobación de la Superliga) otro dato preocupante: que ese contrato con Fútbol para Todos fue ofrecido en garantía para varios préstamos que habría obtenido la AFA y que debe pagar.

Como si esto fuera poco, y más allá de que lo aprobaron a mano alzada, hay dirigentes disconformes con el reparto de dinero aprobado y los principales son los de Newell's y Central, que en este esquema van a recibir lo mismo que Arsenal, por ejemplo, y menos que Vélez, como hasta ahora por otra parte. Y prometieron pelear "espalda con espalda" para hacer valer sus derechos, como de hecho se unieron Boca y River para impulsar la Superliga. Nada es tan claro entonces, como el altruista objetivo de llevar hasta el descenso a aquellas instituciones que se aparten o se excedan del 15% del presupuesto fijado de ahora en más. Como tampoco que, dentro de la Superliga, las decisiones ya no se tomarían con la aprobación de las 2/3 partes sino por mayoría simple, es decir, la mitad más uno.

Los que estuvieron en la asamblea, como Giammaría, sostienen además que el borrador aprobado de la Superliga, que consta de 50 páginas y 78 artículos, no fue leído puntillosamente por la mayoría. O sea, ya nació mal, con un esquema que amplía la brecha entre clubes grandes y chicos, como si todos no se necesitaran unos a otros, y que tiende a pensarlos como futuras sociedades anónimas. Para dejarlo bien claro, ya hay alquilada una oficina en un lujoso edificio de Palermo para hacerla funcionar, lejos de la calle Viamonte.

¿Qué cambia la Superliga respecto al fútbol argentino actual, si la encarnan los mismos, pero con un sesgo donde claramente las diferencias se pretenden dejar más explícitas que nunca en el reparto de dinero? Sin prever además cómo afrontar las deudas dejadas y hasta, en el caso del presidente de Boca, Daniel Angelici, exigiendo además a la futura comisión normalizadora con sello Fifa que traiga consigo unos 50 millones de euros para empezar a actuar. Así empezó a nacer la Superliga.

Deben pasar por caja casi todos

Todos los clubes, excepto Boca, tienen deuda con la Asociación del Fútbol Argentino, y las más abultadas son de los clubes vinculados al grondonismo y a la dirigencia residual que le siguió. Así, Independiente (de Hugo Moyano) está en el orden de los 102 millones de pesos, Argentinos Juniors (de Luis Segura) en 95, Quilmes (del ex jefe de gabinete de la Nación, Aníbal Fernández) en 90 y Banfield (del tesorero de la última gestión, Eduardo Spinoza) en 80. A su vez, si bien la nueva dirigencia de Newell's ordenó una auditoría para saber exactamente los números del club, su deuda con la AFA estaría cerca de los 18 millones de pesos, mientras que la de Central se circunscribiría a un convenio de pagos ya que se le fue descontando la suya, ambos muy por debajo de casi todos los clubes "grandes" que recibieron más dinero de la TV, menos los xeneizes y Racing.

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