Edición Impresa
Domingo 15 de Noviembre de 2015

La soberbia de los filósofos

El exabrupto de un pensador. En estos días tan particulares, hasta un inteligente probado puede ubicarse en el plano del resentido que no soporte que haya otro modo de ver las cosas que no sea el propio.

Este año 2015 será recordado por varios hechos positivos en la política argentina. El 10 de diciembre se transferirá el poder a un nuevo presidente de manera normal y de acuerdo a las normas de la Constitución. Esta situación, que implica la sucesión de un presidente que no sea él mismo, o el traspaso del poder a un familiar directo suyo, no ocurre desde 1922, cuando Hipólito Yirigoyen le entregó el bastón de mando a Marcelo T. de Alvear. También será el año del cumplimiento irrestricto de las leyes. El amañado balotaje sancionado en 1994 se cumplirá a rajatabla. Mejor o peor, pero con mandato de ser cumplido. Nunca antes hubo doble vuelta electoral para presidente. Hoy mismo se cumplirá una no menor obligación de dar cuentas de los actos de los que aspiran a ser servidores públicos, cual es la concreción del debate presidencial.

Hay tanto más que podría ser mencionado. Pero poder rescatar el ya consolidado clima de naturalidad de la sucesión presidencial por las urnas, el cumplir las leyes preexistentes y el saber públicamente qué piensan los candidatos son buenos cimientos para mejorar la institucionalidad.

También deberá decirse que en este período de 365 días que ya termina, se han visto involucrados en las campañas electorales a muchos artistas, pensadores (sic) y científicos como no sucedía antes. Actores, cantantes, filósofos, investigadores y protagonistas del mundo cultural que no aspiran a ser candidatos pero sí a ser escuchados, se han incorporado a un proceso comicial largo y extenso que supuso 14 turnos en las urnas entre elecciones locales y nacionales, primarias y abiertas, de primer y de segundo turno. Bienvenida la normalidad de las urnas. Quizá sea hora de pensar si es razonable que desde marzo a hoy las campañas hayan anestesiado el imprescindible ejercicio de la administración del Estado.

Argentina padeció como pocas naciones de las “listas negras”. Artistas que se atrevían a pensar eran tachados a la hora de poder trabajar con su arte, de mínima, o expulsados al exilio en los casos más graves. Los años 70 supusieron un involucramiento de estos mismos sectores a la política, pero con derivaciones muchas veces violentas. El año 1983 vio a próceres de la cultura como Mercedes Sosa u Osvaldo Pugliese, pero el temor a las represalias amilanó a muchos. Es saludable leer y escuchar hoy, por ejemplo a actores populares como Pablo Echarri o Florencia Peña opinar cerca de Daniel Scioli, o a Federico Andahazi o Guillermo Francella más próximos a Mauricio Macri.

Los filósofos, por suerte, también hicieron su aparición. “Carta abierta”, con Ricardo Forster o el notable Horacio González, dijeron lo suyo. No importa ahora qué o cómo lo dijeron. Alejandro Rozitchner, Beatríz Sarlo o Tomás Abraham también. No hay por qué caer en el prejuicio antiguo y platónico de creer que el gobierno de los “filósofos”, los expertos del saber, es el ideal y el mejor. Sin embargo, escuchar a los que piensan la realidad como tarea cotidiana es siempre un buen contrapeso a la disparatada rutina que se nos quiere imponer basada en la rapidez, superficialidad que “deben” tener las cosas en un marco siempre de entretenimiento.

¿De dónde surge que toda la vida política debe ser entretenida? ¿Quién dijo que la división e independencia de poderes, el respeto por la periodicidad de los mandatos debe ser comprendida de forma entretenida? El concepto líquido de suponer que todo, incluso lo que importa, debe ser “simpaticón” y entrador es negador de la capacidad inteligente de los seres humanos. Habría que ser especial hincapié en este deformación de sonrisa boba en el plano de la educación. Resulta que la educación tiene que ser, también, entretenida. Notable. No se le ve mucha gracia a que 7x7 sean 49. Pero, a pesar de la falta de remate humorístico, es eso lo que da.

Se supone que los filósofos deberían ser el antídoto natural a esa perversa manera de ver todo con este cristal. Se supone. Porque no puede entenderse que esta semana uno de ellos haya dicho los disparates que dijo mirando la realidad política argentina y el triunfo de María Eugenia Vidal como gobernadora de la provincia de Buenos Aires. “Soy un tipo de mucho humor porque si no, no podés tolerar que esta chica tan rica, tan linda, haya ganado la provincia de Buenos Aires. No sabe lo que le va a pasar ahí. La belleza es pecaminosa. Puede gobernar brillantemente la provincia de Buenos Aires o bien terminar en una trata de blancas”. Eso dijo José Pablo Feinmann de la gobernadora electa. Y agregó, respecto de la presidenta de la Nación, que “hay personas que son tan inteligentes que eso les dificulta el diálogo con las otras personas. Las lleva a un personalismo y a una conducción personalista, porque es tan inteligente esa persona que cuando el otro dice dos palabras ya sabe todo lo que va a decir y se aburre. El diálogo la aburre. Eso le pasa a Cristina”. Resumamos: una es tan linda que es inútil; la otra, tan inteligente que no debe rebajarse a la popularidad de las masas.

Tuve la suerte, y perdón la autorreferencia, de haber cursado con Feinmann un año de un seminario de un año inolvidable que recorrió el pensamiento desde René Descartes a nuestros días. Sus trabajos se compilaron en un libro imposible de no recomendar que es “La filosofía y el barro de la historia” (Ed). Ha de haber pocas personas en nuestro país con el conocimiento y carisma para explicar a Jean Paul Sartre (“Estamos arrojados gratuitamente a la existencia y por eso hay que honrar esa existencia siendo libres”, explicaba el maestro) o inducir a repasar la dialéctica del amo y del esclavo hegeliana que marcaba de manera incipiente a la Alemania de la intolerancia. Y así, con tanto.

¿Entonces qué puede pasar para que Feinmann recurra a la idea de hacer humor para aparecer entretenido al criticar a una política consagrada por las urnas aunque piensa distinto a él? ¿Qué cosa puede haber sucedido con este maestro de ideas modernas para arrojarse deliberadamente a la paleozoica, machista y degradante idea de la trata de “blancas”? ¿Feinmann, que dice destestar a Macri, cree que ayuda a Scioli con estas cosas?

Es difícil saberlo. Quizás (quizás) haya que bucear en este fenómeno que se mencionaba al comienzo de haber consolidado la naturalidad en los procesos de institucionalidad y en las formas de participación de todos en ellos. Algunos parecería que no notan que esa fluida forma plasmada en este año tiene que ver con el derecho a opinar con pasión pero con respeto, de marcar diferencias pero tolerar al que disiente. En estos días tan particulares, en donde la intolerancia dogmática muestra su cara ineludible de autoritarismo, despreciar a una mujer por su belleza, pensarla secuestrada en su libertad física y sexual, desmerecerla con falso sentido del humor que es sólo intolerancia, creer que quien acuerda con él no tiene por qué ser entendido por el resto, puede ubicar hasta a un inteligente probado en el plano del resentido que no soporta que haya otro modo de ver las cosas que no sea el propio.

Comentarios