Ovación
Viernes 19 de Agosto de 2016

La seguridad tiene mal promedio

Comienza un nuevo campeonato de primera división y la violencia sigue dejando afuera a los hinchas visitantes, y a veces también a los locales. Un proyecto de ley les apunta a las barras

Los rosarinos ubicaron a la inseguridad como la primera preocupación con un 64,5 por ciento, según un trabajo de consulta realizado por Nueva Comunicación. Y el fútbol de la ciudad no es una abstracción de lo que sucede en el resto de la sociedad. Es por ello que ante el inicio de un nuevo torneo la seguridad sigue con promedio de descenso.

La violencia se instaló en los estadios por ser un escenario propicio para desarrollarse. Claro que en este ámbito los referentes de la inseguridad organizada son más visibles. Pero presenta idénticas dificultades que el resto de la problemática para los organismos oficiales que deben prevenir y controlar. Y por esa misma razón quedan más expuestas las debilidades de las gestiones públicas, que ante la imposibilidad de poder garantizar normalidad optaron por medidas que formalizaron la derrota progresiva de las políticas. Como así también la impotencia de los funcionarios, quienes se convirtieron en cronistas privilegiados de los episodios que se suceden sin solución.

Es que para poder, además de querer, también se necesita saber. Pensar a la seguridad en el fútbol sin contemplar que este deporte mutó en un negocio caracterizado por la informalidad es partir de un error letal. El antagonismo seguridad-violencia se nutre de esos dividendos no registrados, y que tiene en la corrupción estructural a su sostén. Y allí radica la respuesta al fracaso sistemático de la mayoría de las decisiones aplicadas.

Jugar los clásicos sólo con la parcialidad local fue una salida de emergencia para disponer de un mayor tiempo de desarrollo de un plan integral para lograr desactivar a los grupos violentos en pos de que vuelvan los visitantes. No sólo nunca llegó ese programa ambicioso presentado desde lo retórico sino que los visitantes nunca regresaron.

Con esa modalidad se buscó la tranquilidad y además no distraer tantos recursos en los mega operativos, que a su vez beneficiaría a los clubes porque reducirían sus costos en materia de seguridad. Pero no. La sociedad de los violentos vivos fabricó el fuego amigo, y con ello se sucedieron los enfrentamientos entre barras locales. La seguridad recuperó volumen, casi como si estuvieran los visitantes. Pero tampoco lograron garantizar el desarrollo del partido. Y ahí parieron otra determinación: jugar a puertas cerradas. Sí, sin público. Equivalente a decretar el estado de sitio en el fútbol.

Pero el país presenta matices al respecto. Contrasentidos. Porque mientras en Rosario la posibilidad de disputar un clásico entre Central y Newell's con ambas hinchadas comienza a corporizarse como una utopía, en Córdoba los encuentros entre Belgrano y Talleres se desarrollan con la presencia de las dos parcialidades.

Joaquín Balbis, periodista del diario La Voz del Interior, fue contundente al ser consultado por Ovación: "Acá hay varios puntos a tener en cuenta que son clave, entre ellos el estadio Mario Kempes, que está alejado de todo y tiene bien diferenciados los accesos: Belgrano por el sur, Talleres por el norte. Es cierto que resultan escasos los accesos, pero los operativos policiales son diseñados en función de esto. Además hay una decisión política férrea de garantizar que los clásicos se jueguen con ambas hinchadas, y esa determinación permitió, entre otros cosas, tener una unidad judicial dentro del mismo estadio el día de los partidos, lo que resuelve rápidamente cualquier procedimiento. Y además hay un control de los clubes sobre sus propias barras".

   En Tucumán la situación es más parecida a la que padece Rosario, pero ya institucionalizada por la justicia. Los clásicos entre San Martín y Atlético Tucumán se juegan sólo con hinchas locales. Si bien actualmente se encuentran en divisionales distintas, hace unos días por el Bicentenario se enfrentaron dos veces, uno en cada cancha. Juan Montero, periodista de La Gaceta, también fue claro: "Aquí es sin hinchas visitantes desde hace más de diez años porque así lo dictaminó la justicia después de que mataran a un pibe durante un clásico. Y así seguirá".

   Esta disparidad también queda en evidencia con la disputa de la Copa Argentina, donde depende de los equipos que confronten y donde lo hagan. Muchos partidos se han jugado con ambas hinchadas pero algunos también sin público. Como recientemente ocurrió con Newell's y Deportivo Morón.

   Consultado sobre la factibilidad de una solución integral, Guillermo Madero, director nacional de seguridad en los espectáculos deportivos, le aseguró a Ovación que "para resolver este problema se necesita producir un cambio cultural a lo largo y ancho del país, y para ello además del compromiso de todos los sectores hay que crear las herramientas indispensables para erradicar a las barras bravas. En esa tarea estamos. Una que es esencial es lo inherente a lo judicial, por eso el Gobierno envió la semana pasada al Senado de la Nación un proyecto de ley (ver aparte) que prevé un endurecimiento de las penas por delitos cometidos en espectáculos futbolísticos, sean partidos oficiales, amistosos o hasta en los entrenamientos. Se trata de una ley penal que elimina las trabas de jurisdicciones porque es de alcance nacional".

   El proyecto presentado, que requiere de un compromiso legislativo para su rápida corrección si es necesario y pronta aprobación, "busca la persecución penal y tratar de desfinanciar a las barras bravas, las que además de sus vinculaciones con el delito organizado obtienen recaudaciones de los nichos ilegales que montaron en el fútbol, como reventa de entradas, cobro por el estacionamiento en los sectores aledaños a los estadios e incluso la explotación de comercios dentro de los propios clubes. Por esto también la ley castigará a los directivos que tengan connivencia con estos sectores", agregó Madero.

   Y sin dudas que lo medular de este proyecto es que se establece la figura del grupo como asociación de tres o más personas para evitar que se eluda la figura de asociación ilícita que siempre se buscó sin éxito como eje jurídico para que los barras tengan condenas de prisión efectiva, ya que tiene una pena superior a los tres años para que no sea excarcelable (ver detalles adjuntos).

   Pero las herramientas también dependen de quienes las utilizan. Donde la interpretación de las leyes deja resquicios a la impunidad. Ejemplos sobran. Por eso es indispensable un pacto social de todos los sectores (dirigentes futbolísticos, funcionarios políticos, jueces, fiscales y autoridades policiales) para terminar con la corrupción estructural que atraviesa a los diferentes ámbitos para así erradicar a los violentos y sus cómplices.

   Sólo así el fútbol volverá a ser para todos. Caso contrario seguirá dependiendo de los violentos. Comienza un nuevo torneo y se abre una nueva chance para cambiar. Si no se logra, la seguridad terminará yéndose al descenso. Y con ella todos aquellos que sólo quieren vivir y disfrutar de este deporte.

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