Política
Lunes 29 de Agosto de 2016

"La seguridad también puede mejorar si las instituciones mejoran en Santa Fe"

Para el constitucionalista Domingo Rondina, las posibles enmiendas a la Carta Magna implicarían respuestas a la creciente demanda ciudadana.

La multitudinaria protesta contra la inseguridad protagonizada por los rosarinos el jueves pasado obligó a reconfigurar la agenda política de la Casa Gris y, si bien la dudas sobrevuelan la recientemente lanzada reforma de la Carta Magna provincial, para el constitucionalista Domingo Rondina ese proceso puede redundar en respuestas a la demanda ciudadana.

   "La seguridad también puede mejorar si las instituciones mejoran", enfatizó a La Capital el abogado santafesino, que también propuso declarar la necesidad y el temario de una reforma constitucional a principios de 2017, elegir convencionales a fines de ese año y encarar la discusión legislativa recién a mediados de 2018.

   —Frente a una demanda de seguridad que está movilizando masivamente a la sociedad santafesina, ¿la discusión de la reforma constitucional no queda fuera de contexto?

   —Debemos saber que la seguridad también puede mejorar si las instituciones mejoran. Si el Ejecutivo tiene más controles, si los ciudadanos pueden ejercer con mayor facilidad sus derechos, si potenciamos los organismos intermedios entre quienes deciden y la gente, si crece la posibilidad de sancionar al que gobierna mal o al que defrauda las esperanzas, todo puede andar mejor.

   —Un nuevo proceso reformista está en marcha. ¿Hay chances de que sea factible con el actual gobierno?

   —Todos los gobernadores, desde Víctor Reviglio, plantearon la reforma constitucional como meta. Incluso, Reviglio y Carlos Reutemann lograron formar comisiones de expertos multipartidarios que realizaron propuestas muy interesantes a tener en cuenta. Esta vez parece haber una mayor madurez en los dirigentes, además de que todos los partidos coinciden en que sería útil encarar al menos las modificaciones clave. También fue decisivo que Miguel Lifschitz hablara de "modernizar" la Carta Magna, un objetivo mesurado y posible.

   —¿Está despejado el camino del consenso para el llamado a una constituyente?

   —El consenso se construirá cuando estén claros los puntos a reformar, porque alrededor de ellos surgirá el acuerdo. Por eso, la etapa principal de un proceso constituyente es acordar esos ítems y en qué sentido ir con las modificaciones. La Constitución vigente establece que la Legislatura fija los temas y el alcance, así que no habrá reforma sin un claro y firme consenso, que deberá mantenerse luego durante la convención.

   —Hay partidos, incluso oficialistas, que proponen debatir más adelante en el tiempo.

   —No es importante cuándo realizar la convención ni cuándo elegir los convencionales. Está bien que todo eso no coincida con la elección de término medio, pero considero que hay que declarar la necesidad y los tópicos cuanto antes para aprovechar la campaña e instalarlos. También para tener tiempo de analizarlos bien y prepararnos para hacer el mejor texto posible. El esquema ideal sería: declaración de necesidad y temario a principios de 2017, elección de convencionales a fines de ese año y sesión de la convención a mediados de 2018.

   —En su momento parecieron aflorar más disidencias en el Frente Progresista que en la oposición...

   —Siempre hay diferencias dentro de los partidos y los frentes, y eso los enriquece. A veces es más difícil unificar criterios desde el ejercicio del poder que desde la oposición. Pero se vienen planteado con respeto y actitud constructiva. Lo que debemos entender es que ningún partido ni sector renunciará a su decisión para cedérsela a una futura convención. No es posible hacer una reforma partidaria o impuesta a los demás. Debemos aspirar al consenso unánime para que sea sostenido. La Constitución de 1962 quiso que Legislatura rija las futuras reformas, así que a ella hay que escucharla principalmente.

   —¿La senda que encaró la Casa Gris es la ideal?

   —Al principio, en los borradores que difundió la prensa, estaba la errónea idea de armar un temario amplísimo y proponerle a la gente que lo engrosara. Ese esquema nos llevaba a una reforma discursiva, pero de imposible realización. Ahora optaron por el camino ideal: a los temas los decidirá la Legislatura con el Ejecutivo, los santafesinos serán informados al respecto y harán sus aportes sobre esos puntos y los especialistas sugeriremos textos posibles para abordarlos. La opinión de la sociedad es muy importante y hay que dedicarle tiempo a explicarle la reforma antes, durante y después, para que la gente le dé uso diario a la Constitución.

   —¿Qué parámetros no debe soslayar este proceso?

   —La santafesina es una excelente Carta Magna, algo así como un viejo tocadiscos que sigue funcionando a la perfección. Es que 54 años no son muchos en términos constitucionales. El problema es que hubo algunos cambios en el mundo que no pudo prever la convención de 1962. No me preocuparía tanto por el catálogo de derechos, todo lo que está en la Constitución Nacional ya rige también en Santa Fe y eso consta en nuestra Carta Magna. Hay que hacer un listado breve y claro de reformas institucionales y garantías. Todos los sectores políticos coinciden en igualar los mandatos de las comunas a los de los municipios, en que la asignación de bancas en Diputados pase de 28 al ganador a una proporción directa a los votos obtenidos y en que el Consejo de la Magistratura (con el jurado de enjuiciamiento) sea un órgano constitucional regulado por ley y no que dependa de la voluntad del gobernador o de la Corte Suprema.

   —Siempre genera controversia la reelección del gobernador. ¿Hay que incluir ese ítem en el proyecto?

   —Me inclino por permitir una sola reelección inmediata y que esa persona no pueda volver a ser candidato a gobernador nunca más en Santa Fe. Incluso, me gustaría que los ex mandatarios pasen a ser miembros plenos y vitalicios del Senado y que no puedan aspirar a ningún cargo provincial ni municipal.


Comentarios