Educación
Sábado 26 de Noviembre de 2016

La secundaria de Melincué se viste de fiesta

Mañana la Escuela Nº 425 Pablo Pizzurno cumple 80 años de vida y lo celebra junto a alumnos y docentes de ayer y hoy

Juliana Cagrandi tenía 15 años recién cumplidos cuando en septiembre de 1976 Melincué se conmocionó con la noticia de que dos jóvenes cuerpos habían aparecido en la ruta y enterrados como NN en el cementerio local. Era alumna de la Secundaria Nº 425 Pablo Pizzurno y en ese momento no se imaginaba que tres décadas después, y ya como profesora de la escuela, sería junto a sus estudiantes protagonista de poder cerrar esta historia. En 2003 les propuso a sus alumnos hacer un trabajo práctico sobre esas tumbas que el pueblo cobijó, le llevó flores y cuidó en su cementerio, y años más tarde esa investigación derivó en la intervención del Equipo Argentino de Antropología Forense para identificar en mayo de 2010 esos restos como pertenecientes a Yves Domergue y Cristina Cialceta, dos jóvenes militantes secuestrados en Rosario, asesinados y cuyos cuerpos fueron abandonados en un campo cerca de Carreras. Ejemplo de testimonio y compromiso con los derechos humanos, la escuela de Melincué festeja mañana ocho décadas de una intensa labor de cara a la comunidad.

Los festejos por el 80º aniversario arrancarán mañana domingo a las 11.15 con un acto en la institución de Laprida 75 de la comuna del sur santafesino. Posteriormente habrá un almuerzo para docentes y alumnos de ayer y hoy, además de cooperadores y vecinos de la localidad.

La historia cuenta que hacia principios del siglo XX el poblado de San Urbano (hoy Melincué) necesitaba una escuela secundaria que permitiera dar respuesta a los chicos y chicas que finalizaban sexto grado en la primaria local. Para hacer el secundario, los nenes que terminaban en la Escuela Nº160 Florentino Ameghino debían trasladarse a Junín, Cañada de Gómez, San Nicolás o Rosario, con los costos que implicaba tal empresa.

La lucha de los vecinos se materializó el 22 de diciembre de 1935 cuando se firmó el acta que indicaba que desde 1936 se abriría un salón para albergar a los adolescentes de primer año del flamante Colegio Nacional. Durante los primeros años el personal docente y no docente realizó sus tareas ad honórem y los vecinos se hicieron cargo de costear los gastos y la provisión de bancos. Una comisión bregó durante años por la oficialización del establecimiento, pero las gestiones recién tuvieron eco en 1949 con la firma del decreto presidencial, aunque para el arribo de los fondos necesarios para el funcionamiento debieron esperar hasta marzo de 1952.

La escuela funcionó a lo largo de sus 80 años de vida en distintos lugares, hasta que en 1981 se afincó en su actual edificio de dos plantas de Laprida 75, donde además hay una biblioteca pública y un Eempa. En la comuna hay dos primarias y al secundario de la Pizzurno asisten unos 150 alumnos procedentes de Melincué y de localidades aledañas como Labordeboy.

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"Como ex alumna del colegio nacional Pablo Pizzurno de Melincué doy testimonio de que esa institución educativa siempre excedió los límites de sus aulas para relacionarse con su entorno, con la realidad social y cultural, con los intereses y los sentimientos de la sociedad, con la familia, con la calle, con el pueblo", relata Beatriz Buitrón en el libro "Melincué, del aula a la identidad". Beatriz es hija de Agustín, el agricultor que en la oscura primavera del 76 encontró a la vera de su campo los cuerpos de Yves y Cristina.

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Con 39 años de docencia y seis como director, Ramiro Barreyro dice que lo sucedido con los desaparecidos de Melincué fue una de las experiencias más emotivas que le tocó vivir como docente. En 2010, el año de la restitución de los restos de Yves y Cristina, le tocó como director estar al frente de las actividades escolares que se hicieron en la Pizzurno sobre el tema, junto a los familiares de los jóvenes asesinados, autoridades de la provincia y de la embajada de Francia, ya que Yves era de esa nacionalidad. Otro de los hitos importantes que vivió en los últimos años la escuela fue el cruce de Los Tiburones, cuando más de 200 atletas atravesaron a nado la laguna en febrero de 2013.

La gran inundación de marzo del 75 marcó un antes y un después en un pueblo que hasta entonces era polo turístico de la región. Ramiro Barreyro remarca al respecto el sentimiento de solidaridad que hay entre los vecinos, al punto que durante años las alumnas cosieron las bolsas que luego los varones rellenaban con arena y cal para contener el avance de las aguas. Además, junto a los bomberos, los chicos recolectaban ropa y abrigo para los inundados.

En una reciente charla en Rosario a propósito de la proyección de la película "Una flor para las tumbas sin nombre", Agustina Rosenthal —una de las ex alumnas— destacó a la escuela de Melincué como una gran familia donde prima la cercanía y la confianza entre alumnos y docentes. "Es así, la nuestra es una gran escuela. Por el espacio y porque apunta a la formación de ciudadanos con sentido de respeto, igualdad y solidaridad. Nos conocemos entre todos y estamos cerca de los chicos", agrega el director de la Pizzurno.

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