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Viernes 11 de Mayo de 2012

La rutina vuelve invisible la desintegración de un barrio

Una nota en el diario el domingo pasado mencionaba tres episodios muy violentos en el lapso de diez días entre dos grupos al sur de La Tablada: "Los del tanque" y "Los del puente".

Una nota en el diario el domingo pasado mencionaba tres episodios muy violentos en el lapso de diez días entre dos grupos al sur de La Tablada: "Los del tanque" y "Los del puente". En uno de ellos había sido asesinado un joven de 32 años, en Grandoli al 3800. El texto indicaba que en el ciclo sin fin de esa violencia una nueve muerte era inminente. El momento fue ayer a las 11 de la mañana.

Un momento terrible como comunidad es cuando lo que es horrible se vuelve natural, esperable y rutinario. En este territorio acotado de cinco cuadras por veinte hace años que todos saben lo que ocurrirá en breve. No es que los vecinos sean especialistas en presagios. Solo saben que lo aterrador se ha hecho parte de sus vidas. Saber lo que ocurre los hace vivir tristes y asustados.

El año pasado hubo más de 20 asesinatos en la zona. En un distrito que ya era el más conflictivo de Rosario la marca superó todo lo conocido. Hay luchas por espacios delictivos y por liderazgos simbólicos. Pero a veces las disputas, como la de los Benavente y los Alcaraz, se independizan de una meta material. Cada muerte sirve para desear la próxima.

En esta lógica circular y encarnizada los rasgos se afianzan en la repetición. Ataques a plena luz del día, en la calle y delante de cualquiera. Utilización de armas de calibre poderoso. Chicos muy jóvenes muriendo y matando. Ráfagas cerradas de balazos. Vecinos aterrorizados y cautivos de esta agobiante normalidad.

Una nota atrás de otra sobre lo mismo corre el riesgo de volverse una rutina invisible y no a dejar claro el modo en que una zona se está despedazando. La violencia no sólo es un vehículo de muerte: para muchos chicos es un factor de configuración de identidad, el único espacio de refugio para construir lazos con otros. Es dramática e imprescindible la tarea que para romper esa lógica tiene allí el Estado. La contracara es lo que pasa: una constante desintegración barrial en cuentagotas.

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