Ovación
Miércoles 03 de Agosto de 2016

La rosarina Irene Presenqui dirigirá en unos Juegos Olímpicos por segunda vez

Lejos de aspirar a ser jueza en la final desea que la selección argentina se cuelgue la única medalla que le falta. "Porque así crece todo el hockey", dijo.

Alos 31 años, Irene Presenqui está ante otro desafío sublime en su carrera, el de los segundos Juegos Olímpicos. Debutó en Londres 2012 y como si fuera poco ya dirigió los mundiales de Rosario 2010 y La Haya 2014, además de las competencias más importantes del hockey internacional. Sin embargo, cada desafío se presenta único, irrepetible. Y en este sentido, la rosarina le contó a Ovación cómo llega a la máxima cita del deporte mundial. A diferencia de lo que el común de la gente podría pensar, para Irene, como árbitro, lo más importante no es dirigir la final sino dar todo en el partido que sea. Y avisó: "Prefiero que Las Leonas ganen el oro".

Se refiere al único lauro que le falta a la selección argentina, lo cual de suceder la eximiría a ella de arbitrar esa hipotética definición. Advierte que "si Argentina gana el oro crece el hockey y si crece el hockey crece el arbitraje". Y se enfoca en eso: en dar lo mejor de sí en el partido que sea, en mantenerse en el más alto nivel del arbitraje y en el deseo de que por fin a Las Leonas se les dé la medalla esquiva. "Soy una privilegiada", dice cuando habla de la posibilidad de estar en sus segundos Juegos. Pero sabe que el camino no fue sencillo. De eso va esta nota. De cómo se prepara y cómo llega Irene Presenqui, la única representante del hockey de la ciudad en la rama femenina. La otra Leona.

—¿En qué condiciones llegás, cómo fue tu preparación?

—Hoy hay dos pilares fundamentales en la preparación. Uno es el tema mental, el control de las emociones, y el otro es la parte física. El hockey hoy en día es muy físico, por lo cual los árbitros debemos estar entrenados como las jugadoras, estar a la altura de ellas. Porque eso lleva a que uno pueda estar bien posicionado en la cancha. En octubre empezamos un plan de trabajo con un PF, que fue el preparador mío de toda la vida, Mariano Lescano, el cual se adaptó a mis horarios y a la vida de un deportista superamateur como somos los árbitros, que además de entrenar también trabajamos. Hacíamos entre 5 y 6 estímulos semanales. Fue mucho pero estuvo bueno, fue una preparación intensa que hicimos teniendo en cuenta algunos datos. En 2015 nos pusieron los GPS en la Liga Mundial, medían todo y con eso se armó el plan de trabajo. Lo curioso es que por ejemplo en el partido de Australia-Nueva Zelanda (en Rosario, en la ronda final) mi GPS marcó 7 kilómetros y 800 metros recorridos. Eso da cuenta de que hoy cambió el paradigma del árbitro quieto y móvil a un árbitro superactivo, por lo cual hay que entrenarse mucho.

—¿El sueño es dirigir la final, el partido por el oro? Aunque si Las Leonas llegan esa posibilidad queda trunca.

—No creo que para un árbitro lo más importante sea una final. Primero porque a Argentina (a Las Leonas) lo único que le resta ganar es la medalla de oro en los Juegos, por lo cual si Argentina gana esa presea todo el hockey crece y si crece el hockey de Argentina crece el arbitraje, que también es algo que uno anhela. Y en mi caso también que crezca el de Rosario. Por otro lado creo que los árbitros somos parte del juego y nuestro papel es justamente ese. No hay que preguntarse qué es lo que el juego puede hacer por nosotros, como ponernos en una final, sino al revés, qué podemos darle nosotros al juego.

—¿Por qué?

—Para que sea más dinámico, atractivo, para que se proteja al jugador, para que se evite el peligro. Esas son nuestras funciones. Y si uno lo puede pensar así no necesita dirigir una final. Entonces, uno va a dirigir igual un partido de serie como un partido de cruces o una definición por el oro. Acá siempre los protagonistas son los jugadores. Dadas estas dos situaciones que mencioné, lo mejor que puede pasar es que Argentina gane el oro. Y obviamente poder desempeñarme al máximo en los partidos que me toquen. Esta es la concepción mía del arbitraje, lo que hace que uno se divierta.

—¿Cuál es entonces el objetivo personal?

—Seguir manteniéndome dentro de los mejores árbitros del mundo, seguir creciendo, trabajando, sumándole al grupo de árbitros. No somos islas nosotros. Hay un grupo y uno trata de sumar para que todo el arbitraje vaya mejorando y creciendo. Crece el grupo y crecés vos. La Federación Internacional está apuntando a eso, al trabajo en equipo.

—¿Qué sentís a tan pocas horas de empezar a disputar otro Juego Olímpico?

—Representar a Argentina, ser una de los 16 árbitros que vamos a los Juegos Olímpicos es felicidad. También por Rosario. Es un orgullo muy grande ya que nunca antes se dio que un árbitro del interior participe de dos Juegos Olímpicos o mundiales. Generalmente el arbitraje estaba más centrado en Buenos Aires, la mayoría de los jueces que iban a estos torneos eran de ahí. Entonces, haber abierto la posibilidad y haber seguido la idea de que cuando un árbitro se lo propone aún siendo del interior puede llegar para mí es un gran orgullo y a la vez un privilegio. Soy una privilegiada de tener ese lugar. Hay mucha felicidad y un sentido muy grande de responsabilidad por hacer las cosas de la mejor manera posible.

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