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Domingo 14 de Septiembre de 2014

La renuncia a un cargo y al debate

Debates. Si es cierto que la TV muestra qué país tenemos, el resultado es desalentador. Entre tanto, un actor poco conocido se instala en el centro de la escena mientras dos episodios llevan a preguntarnos si no hay funcionarios que deberían renunciar.

El debate público de los temas centrales en la política argentina sucumbe ante el discurso de Ivo Cutzarida. A un año de las elecciones que definirán a los candidatos a presidente de la Nación, resulta simbólico que un actor no demasiado popular interpretando el papel de un justiciero “mano dura” pase a ser argumento central de discusión por uno de los temas que más preocupan a la sociedad. Quizá habría que agregar que se habla del debate producido por el recorte de los medios masivos de comunicación. Es cierto. Pero esto tampoco es cosa menor si se acepta pacíficamente por todos que las nuevas campañas políticas se dirimen en la televisión, en la radio y en la gráfica antes que en el cara a cara entre candidato y elector.

Los órganos de deliberación de las posiciones políticas del país parecen entumecidos por su lejanía con el pulso de la realidad. El Congreso nacional pendula entre la obediencia sin una coma distinta hacia el Poder Ejecutivo nacional y la abulia y desidia de buena parte de la oposición. Legisladores que se postulan para conducir el país y que no asisten a las sesiones aduciendo que allí poco hay para hacer (¿no lo sabían a la hora de pedir el voto?) y discursos híbridos o de abstenciones para pronunciarse ante cuestiones cruciales como proponer el apoyo o la alternativa ante la crisis con los fondos buitre.

Si es cierto el lema catódico que dice “dejame ver la televisión que producen y les diré el país que tienen”, el resultado no puede ser menos que desalentador.

Según el observatorio de medios de una consultora privada de imágenes políticas, en esta semana que terminó, los rubros más mentados en los noticiero y señales de noticias de los canales nacionales son: Cutzarida y la inseguridad, la inflación de los alimentos y, en tercer lugar, los divorcios y romances de Diego Maradona.

El desaliento nace porque hay muchas más posibilidades de escuchar hipótesis de solución brindadas por nuestros dirigentes a las penosas desavenencias del mejor jugador de fútbol de la historia que respecto de la inflación e inseguridad que golpean con dureza este 2014.

Es cierto que el gobierno se ha encargado de mejorar las estadísticas. Al menos en lo que hace a un monitoreo prusiano de lo que se dice en las radios matutinas para determinar cuántos comunicadores propalan mensajes desalentadores y cuántos contribuyen con el modelo. No hay metáfora. Para el ministerio de Economía a cargo de Axel Kicillof hay más del 70 por ciento de emisiones “mala onda” que conspiran con el modelo. Seguro que en los próximos días se conocerán sus impresiones con semejante precisión de relojería (pero secundarias, es cierto) sobre el costo de vida, el nivel de pobreza y la problemática del empleo.

Ironías aparte, el panorama que se cuenta luce como una metáfora y deja un vacío de ideas y un vuelo superficial del pensamiento y de propuestas muy alejado de la necesidad y la coyuntura demasiado problematizada.

Renuncia, licencia o silencio. Dos hechos sin ninguna vinculación se enlazan a la hora de preguntarse si, en política, un funcionario debe hacerse cargo de los actos de un familiar.

La impactante denuncia contra el hijo del coordinador del Gabinete de la Intendencia, Néstor Trigueros, es el primero. Su hijo David está acusado de facilitar la prostitución y de estar vinculado a una poderosa red que parece favorecer la trata de personas. ¿Debería renunciar este dirigente radical? Cuesta creer que Trigueros no dimensione la gravedad de los hechos que se le imputan a su hijo. No aparece sencillo que pueda demostrar que ni siquiera lo sospechaba. Jurídicamente no habría motivos para pedirle el apartamiento porque los delitos no se heredan. Esa fue la primera reacción de la intendenta. Sin embargo, para una maltrecha gestión en materia de resultados concretos como la de la honesta Mónica Fein, un achaque por el sostenimiento de su coordinador de Gabinete debe hacerse desde el costado ético. ¿No sería hora de pensar en un apartamiento provisorio y mientras dure la investigación? ¿Es necesario privilegiar un acuerdo político que inventó un cargo sin decisión de fondo ahora empañado por el proceso penal?

El otro hecho se relaciona con los dichos del sindicalista gastronómico Luis Barrionuevo respecto de conflictos para el cercano mes de diciembre. En esta columna ya se sentó posición sobre el pasado nada respetuoso de las instituciones de uno de los protagonistas de estos hechos. Lo mismo se hará si es cierto que este cronista será denunciado por calumnias e injurias, como prometió el representante de los trabajadores. Lo novedoso es la teoría del jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, que vio en esto una apología del conflicto social que puede achacársele al partido en el que milita la esposa del dirigente sindical. Si los delitos no se heredan, la estupidez, la mala leche y la ausencia de inteligencia tampoco son bienes gananciales. La massista Graciela Camaño es una diputada de enorme experiencia y conocimiento de sus funciones legislativas a la que no se le puede reclamar por los dichos de su marido. Quizá también aquí cupiese una licencia. El silencio por un par de años de Barrionuevo nos haría descansar nuestros oídos de ciertas invocaciones petulantes que suelen navegar al borde de los códigos Penal y el del buen gusto.

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