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Domingo 27 de Julio de 2014

La renuncia como fraude o sinceridad

La renuncia a la banca de diputado nacional de Miguel Del Sel se inscribe en el capítulo de la defraudación política. Largo y extenso apartado en la realidad nacional, es cierto.

La renuncia a la banca de diputado nacional de Miguel Del Sel se inscribe en el capítulo de la defraudación política. Largo y extenso apartado en la realidad nacional, es cierto. Pero ya se sabe que el mal de muchos apenas consuela a los tontos y a los desmemoriados. Abandonar un cargo por el mero deseo de una vocación individual, despreciando el gesto de apoyo de miles y miles de votantes que lo ungieron para un cargo voluntariamente asumido por él, se parece mucho a la maniobra de engaño que el código penal tipifica para condenar la apropiación de un bien tangible. Hay diferencias no menores: Del Sel, una persona agradabilísima en el trato personal y generoso en la solidaridad privada, no se ha quedado con ninguna cosa que no le perteneciera al dimitirse. Sin dudas, ha arrojado con desprecio a la ajenidad del olvido la confianza intangible que le brindaron muchos santafesinos. Nada menos.

Algunos podrían decir que la sinceridad de retirarse de un cargo para el que no se estaba preparado (porque su cuasi mutismo en la Cámara y su yerma producción de proyectos de fondo lo demuestran) es un acto de sinceridad, o que peor hubiese sido soportar un nuevo caso de transfuguismo político como se han dado (y se están dando) entre los que pueden tan fácilmente migrar de partido como de ropa interior. Sigue siendo un triste consuelo.

El “Midachi” asumió su banca hace menos de un año. Fue elegido por medio millón de santafesinos y hoy manifiesta que se retira porque “yo voy por algo superior. Uno tiene que arriesgar algo, sino todos siguen en sus cargos buscando otro lugar, y el que no es concejal pasa a diputado y después a senador”. ¿Ser diputado para del Sel es algo inferior? ¿Hizo campaña para un cargo pidiendo la confianza del electorado sabiendo que ese escaño era algo menor perfectamente “arriesgable” o fungible? ¿Supo siempre que pedía un voto para algo que no iba a querer? Parece que sí porque a renglón seguido afirmó que “yo me siento en mi banca y veo que muchos diputados están desde la época de Menem. Y antes lo aplaudían a él, después a De la Rúa, a Rodríguez Saá, a Néstor y ahora aplauden a Cristina”. ¿Se enteró de esto ahora? Antes de militar en la política y proponerse como representante de los santafesinos, ¿no le había echado un vistazo a sus eventuales 256 compañeros de cuerpo y al accionar de ellos al menos en el relato de los diarios? Si la respuesta a estos interrogantes es no, fue a la elección sabiendo del pasado de sus colegas. Si la respuesta es sí, la ceguera de lo que vino pasando en la Argentina reciente lo arrima al límite de la ignorancia política.

Este hombre fue “cuasi” gobernador en 2011 y pretende serlo nuevamente. ¿Firmará alguna garantía para asegurarles a sus votantes que en el 2016, si resulta electo, no irá por “algo superior” como la presidencia de la Nación, plantando a la Casa Gris”?

Es muy probable que los defensores de su decisión pretendan ubicar este gesto en lo opuesto a situaciones mucho más graves como que un vicepresidente de la Nación no renuncie ni a sus viandas y cafés oficiales a pesar de su procesamiento que, pronto, contará en plural. Claro que lo de Amado Boudou es mucho más lesivo para la calidad institucional de nuestro país. También es cierto que el ex ministro de economía fue siempre como hoy se lo ve y que Del Sel se propuso como el cambio, lo distinto, la renovación. De uno no se espera nada. Del que hace ostentación de los talentos, se aguarda lo mismo que en la parábola bíblica. A lo mejor, Miguel la ha leído.

Otra renuncia. Todo indica que el candidato del PRO se enfrentará en las urnas que dirimirán el gobernador en 2015 con otra renunciante. Parece altamente probable que la ex diputada María Eugenia Bielsa pueda ser su oponente, además del candidato del socialismo, Miguel Lifschitz. La ex vicegobernadora sólo se le asemeja a del Sel por haber estampado la firma de la dimisión. Porque en su caso, ella gestionó con éxito su cargo de número dos de Jorge Obeid, se le plantó a la propia presidenta Cristina Fernández de Kirchner cuando fogoneaba su candidatura a diputada nacional y tuvo voz propia respetada en el Concejo rosarino. Cuando se fue de la banca de legisladora provincial, lo hizo denunciando con nombre y apellido una maquinaria de corrupción en la cámara que abandonaba y no por creer que su escaño era algo menor. De paso: ¿qué fue de la investigación que iba a promoverse en el congreso local sobre subsidios, nombramientos, gastos sin rendición con acuerdo del oficialismo y de la oposición y demás tópicos mencionados en el momento del apartamiento de Bielsa? ¿Ningún dirigente de todos los partidos que quedaron en gestión tiene nada para decir hoy?

En la Capital Federal dan por descontado que esta mujer será la candidata con chances de disputar el sillón del gobernador. El único problema es el de siempre: su negativa a encolumnarse bajo la conducción peronista y su personalismo en los criterios de gobierno y políticos.

También allí se descuenta que el socialismo imponga a Lifschitz como su candidato. No parece nada mala la decisión de ofrecer a un hombre de gestión concreta luego de ocho años de gobierno del Frente Progresista caracterizados por muchas declamaciones no traducidas en los hechos. Así luce el primer período del PS matizado por un rosario de buenas intenciones, tímidamente efectivizadas por el actual gobernador. Y eso si no se tiene en cuenta la cuestión de seguridad, negada por Hermes Binner en su diagnóstico y abordaje y sostenida a flote a duras penas por Antonio Bonfatti con el invalorable aporte de las fuerzas nacionales que llegaron justo a tiempo para evitar un desborde de proporciones.

Los habitantes de la provincia parece que ya tenemos bastante armado el tablero electoral del año que viene. Es que también por estos lados el fin del Mundial de fútbol precipitó la carrera política.

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