La Región
Domingo 10 de Septiembre de 2017

Una vez más, miles de peregrinos marcharon a San Nicolás con la Virgen

Bajo un lema y muchas consignas, comenzó la 24ª procesión. Agradecimientos, pedidos y demostraciones guían a los feligreses

Evelyn Oliva tiene 23 años y vive en Villa María, Córdoba. Cuando tenía apenas cinco años sufrió una parálisis facial. Su madre le prometió a la Virgen que si su hija se curaba, iría todos los años al Santuario de San Nicolás a agradecerle. Evelyn no muestra hoy ni rastros del mal que la aquejó, y desde los seis años se traslada a la ciudad bonaerense. Pero ayer, por primera vez en su vida, decidió hacerlo de a pié, y desde Rosario, en lo que es la 24ª edición de la peregrinación que une a ambas ciudades. Esta vez, bajo el lema "María, guía nuestro caminar y llévanos a Jesús".

El agradecimiento de Evelyn, que continuó con promesa de su madre, se repite entre los miles de caminantes que ayer partieron hacia San Nicolás acompañando la imagen de María en su altar. "Por el Papa Francisco, por su salud, sus intenciones particulares y por su misión como pastor de la Iglesia. Para que siga siendo ejemplo de humildad y alegría para todos sus fieles", figuran entre las consignas de esta nueva convocatoria, que ayer atravesó el puente de Ayacucho y Circunvalación al grito de "Viva María" y se perdió en Villa Gobernador Gálvez en una compacta masa humana.

La salida

Aunque ya desde la mañana la imagen había comenzado a recorrer distintos puntos de Rosario, fue pasadas las 15 cuando la peregrinación partió oficialmente de Ayacucho y Arijón, para atravesar a las 15.20 el puente de Circunvalación. Igualmente, y mucho antes de que los fieles salieran con la Virgen, miles de personas ya habían comenzado el periplo, y se adelantaban para ganar tiempo.

Allí estaba María Eugenia Cardillo, de 37 años, subjefa del cuartel de Bomberos de Villa Mugueta, localidad donde reside, que marchó en muestras de gratitud. Su prima, Celeste Cardillo, de 30 años, tuvo a su hijo en Neonatología cuando nació, el año pasado, y por eso no pudo participar de la procesión. Pero prometió hacerlo y ayer cumplía, por ella y por su hijo Goran.

Iban pasando pertrechados, con zapatillas cómodas, tal como se lo recomendaron desde la organización, con gorras, antojos de sol, botellas de agua y bastones, improvisados a veces con cañas o palos de escoba.

Promesas

Entre ellos, Víctor Sensini, de 60 años, marchaba al santuario para dar testimonio de fe, agradecer y pedir, sobre todo trabajo y seguridad. "Vine más de diez veces, por fe, porque esto es como subir una escalera. Dios nos ilumine para poder seguir adelante", manifestó antes de seguir la marcha.

Un aceitado operativo de organización y un servicio sanitario con varias ambulancias se pusieron a disposición de la marcha. El tránsito se fue cortando en cada tramo por donde pasaban los caminantes, y por varias horas.

Facundo, de 31 años, y Carla, de 29 (no dieron sus apellidos) caminaban de la mano. El lo hacía por primera vez en este periplo; ella lo hace desde hace cuatro años. Quieren agradecer, aunque no por algo en especial. Facundo iba con un bastón para ayudarse. Damián Luna, de 21 años, trabaja en una cortinería de Rosario. Era otro de los caminantes, que marchaba acompañado por Víctor Morán, de 24 y un grupo de amigos. Los dos iniciaron la caminata para cumplir con sendas promesas, aunque ninguno reveló de qué se trataba.

Hacia destino

Los testimonios se repiten. Agradecimiento, pedidos, acompañamiento y demostración de fe dan sentido a esta caminata que prevé llegar a destino a las 7 de hoy, cuando los peregrinos lleguen al santuario, en el predio conocido como el "Campito". Allí, el arzobispo de Rosario, Eduardo Martín, oficiará una misa. Al cierre de esta edición, se esperaba que la caravana humana llegara, a las 23, a Pavón.

Los riegos por el Papa no son las únicas intenciones de esta procesión. Los fieles también marchan por "el aumento, perseverancia y santificación de las vocaciones sacerdotales y religiosas; para que se acreciente el espíritu misionero de todos los miembros de la arquidiócesis, sacerdotes, religiosos, consagradas y laicos. Y también por "los enfermos, para que mediante la fe encuentren en Dios la esperanza, el alivio y la paz". Y "por la unidad de nuestra patria, para que comprometidos en el diálogo, la solidaridad, el servicio y la justicia, podemos construir un futuro digno para todos los argentinos".

Sobre el puente de Circunvalación, una mujer no dejaba de rezar mientras veía alejarse a la columna humana. "Señor, protege a nuestros peregrinos, cuídalos en su travesía", repetía una y otra vez.

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