La Región
Miércoles 24 de Mayo de 2017

Dramático pedido de la mujer del vigilador que murió atropellado en un piquete en San Lorenzo

"Solamente pido dos cosas: justicia y la dignidad de un trabajo", dijo Adriana, la esposa de la víctima fatal, quien además dijo que "es humillante tener que mendigar para alimentar a los hijos"

Esteban tiene 15 años, sufrió horrores cuando mataron a su padre, hasta que una noche soñó con él y le escuchó decir que no los abandonaría nunca. Miqueas, de 13, se "enojó con la vida". Le cambió el carácter. Y Eliam, de siete, se convirtió en celoso custodio del retrato de su papá: le pasa Blem, lo limpia, lo acomoda, y en silencio, llora. Esteban, Miqueas y Eliam son los tres hijos menores de Jonatan Gardini, el manifestante asesinado por un camionero que arremetió contra un piquete en la ruta 11, el 30 de marzo.

Su esposa, Adriana Iturriaga, trata hoy de reponerse del dolor y sólo pide dos cosas. La primera, que el matador de su esposo quede preso. La segunda, tan simple como digna: que le den un trabajo. "Es humillante tener que mendigar para alimentar a tus hijos", resume.

Ebrio y encolerizado

Habían pasado las 4 de la madrugada del 30 de marzo cuando un camionero ebrio y encolerizado por el piquete que se había montado en el cruce de las rutas 10 y 11, en San Lorenzo, arremetió contra los manifestantes. Adrián Socias, de 24 años, se avalanzó sobre los trabajadores apostados en el cruce en el marco de una jornada de protesta. Hubo premeditación. El chofer primero tomó la ruta 11 hacia el sur, dobló en U y se lanzó en carrera contra la gente.

Metros más adelante estaba Jonatan Gardini, que por salvar su moto terminó arrollado por el conductor y murió.

Minutos antes, Jonatan le había mandado un mensaje de texto a su esposa. "Nos decía que nos amaba", recuerda Adriana.

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Al conductor se le dictó la prisión preventiva, que vence —en principio— el miércoles que viene. Anteanoche, familiares y amigos del vigilador de 38 años protagonizaron una movida pidiendo justicia y reclamando que el matador no salga de su encierro. "Yo quiero que este tipo quede preso. Aunque me vengan con una bolsa de plata, nadie me devuelve a mi marido", dice Adriana Iturriaga de Gardini. Eso, y una vida digna.

La mujer recibió a La Capital en la pequeña casita de Granadero Baigorria. Está en la parte posterior del terreno donde se levantaba la casilla en la que vivía la familia Gardini, que ahora, los hermanos de Any (como le dicen) la están levantando con material.

La casa de atrás es del hijo mayor del matrimonio, Brandon, de 21 años. Tiene sólo un comedor pequeño, una habitación y un baño. Y ahí viven temporariamente los Gardini.

Justo esta semana, los abogados que representaban a la familia desistieron de seguir el caso. El motivo: "imposibilidad de continuar con acciones legales en virtud de no contar con colaboración en el suministro de requisitos solicitados".

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Dolor. Adriana, junto al retrato de su esposo, se quebró cuando habló de sus hijos y contó que ellos están mal y enojados con la vida por lo que pasó.
Dolor. Adriana, junto al retrato de su esposo, se quebró cuando habló de sus hijos y contó que ellos están mal y enojados con la vida por lo que pasó.

Adriana no entiende bien de qué se trata. "Les di todo lo que me pidieron, salvo la fianza para inhibir a la dueña del camión. Lo que pasa es que la compañía de seguros se abrió porque el tipo estaba borracho, la ART no se hace cargo porque no fue un accidente laboral. Y resulta que la dueña tiene un terreno embargado y está en el Veraz", cuenta la mujer, y se pregunta: "Si estaba en esa situación, ¿quién cobraba los traslados que hacía el camión? ¿Quién firmaba? ¿A nombre de quién iba la plata?". Y apunta al padre de la dueña, propietario de la firma para la que trabajaba.

De todos modos, y más allá del reclamo económico, Any tiene en claro su reclamo de justicia para con el chofer que mató a Jonatan. "Lo económico va y viene, pero a mí a Jonatan no me lo devuelve nadie. Quiero que ese tipo quede preso", reclama.

Pero lo económico también la urge. Cuenta que la empresa para la que trabajaba el esposo le ofreció primero un trabajo, pero después se lo rehusó. "Le ofrecieron el puesto a mi hijo mayor, pero él ya tiene trabajo y está haciendo su vida", dice. "Lo único que pido es eso, un trabajo para mí. El sindicato (de vigiladores) estuvo buscándome algo, pero por el momento no hay nada. Tengo tres hijos menores a mi cargo. Necesito mantenerlos. Ya tuve que cambiarlos de escuela y dejaron de hacer otras actividades porque no tengo dinero para solventarlas".

Y cuando habla de los hijos, se quiebra. "Están mal. El de 15 se fortaleció un poco después que soñó con el papá, que le habló y le dijo que nos amaba y no nos iba a dejar. El de 13 está enojado con la vida, y el de siete llora solito desde hace días. A veces no sé cómo contenerlo, porque ni yo me puedo controlar ", cuenta. Y asegura que con su esposo eran "muy unidos. A mí me sacaron la mitad de mi vida".

Los Gardini recibieron la solidaridad de muchos trabajadores del cordón industrial y del sindicato. Ayuda económica y en alimentos. "Pero eso no es lo que alcanza. El dinero que me dieron lo usé para pagar impuestos y servicios, y para comprarles a los chicos la ropa de la escuela, y estoy comiendo lo que dieron, pero no puedo ir a pagar el agua con 10 paquetes de fideos. No es justo, los chicos sufrieron la pérdida del padre, tuvieron que cambiar de escuela y ahora tienen que depender de la ayuda de los demás para tener un plato de comida en la mesa. Es humillante. Lo que estoy reclamando no es insólito ni delirante: un trabajo", insiste.

Tres criaturas

A Adriana le dicen que tenga paciencia. "¿Cómo se puede tener paciencia cuando tenés tres criaturas que te piden algo especial para comer, o algo para la escuela, y no se los podés dar, cuando tenés que depender de la solidaridad de los maestros porque los nenes no tienen para apuntes o fotocopias? ", se pregunta sin esperar respuesta.

Ella tiene ocho hermanos; Jonatan, siete. Adriana asegura que toda la familia está destruida. Afuera, los hermanos levantan paredes de ladrillos para armar una nueva casa, más digna, donde la familia pueda vivir. Pero para vivir es necesario trabajar. Any no quiere sentir más humillaciones. Quiere dos cosas: "Justicia y la dignidad de un trabajo".

"La compañía de seguros se abrió porque el tipo estaba borracho y la ART no se hace cargo pues no fue un accidente laboral"

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