La Región
Domingo 30 de Julio de 2017

De hijo a padre, una donación de médula ósea muy poco usual

Es el caso de Alejo Ferrero, de 8 años, a quien esta semana extrajeron células madre para transferir a su papá que tiene una enfermedad severa.

Cuando Rodolfo Ferrero se enfermó gravemente no imaginó que la posibilidad de abrazarse a la vida estaría ligada a su familia. El joven, a quien le diagnosticaron leucemia aguda en 2015 con apenas 25 años, fue noticia esta semana por protagonizar junto a Alejo, su hijo, uno de los pocos trasplantes del país en los que un niño se convierte en donante de médula ósea para su papá. Así lo indican los registros del Incucai, la entidad que coordina los trasplantes de órganos y tejidos en la Argentina y autoriza a funcionar a los equipos médicos que realizan este tipo de intervenciones. "Es un caso excepcional. Cuando se trata de donante emparentado con el receptor lo usual es que sea una madre o padre quien se convierte en donante para su hijo, o una donación entre hermanos...pero de hijo a padre o madre es realmente muy pero muy infrecuente", afirmaron desde el área de Comunicación Social del instituto.

Otro punto importante que mencionaron es que cuando hay un menor involucrado en un trasplante de médula ósea —como en este caso— no se necesita autorización de un juez, como sí sucede con las donaciones de órganos que se hacen entre personas no relacionadas familiarmente. "La ley 24.193 (de trasplantes de órganos y tejidos) lo indica en su artículo 15º. Con la autorización de los padres y del propio menor se puede realizar el procedimiento que, obviamente, ya fue detenidamente evaluado por el equipo profesional que lo llevará adelante", explicaron desde Incucai.

Así sucedió en esta historia que hace algunos días llegó a uno de sus capítulos más intensos y más conmovedores. Le tocó escribir algunos de los párrafos más importantes al médico Miguel Sorrentino, jefe de la unidad de trasplantes de médula del sanatorio Sagrado Corazón, de Buenos Aires, una institución médica que pertenece a Osecac, la obra social de los empleados de comercio. El profesional, que lleva realizados más de mil trasplantes de progenitores hematopoyéticos (así se llaman las células que se extraen de una persona para colocar en otra, en un trasplante de médula), dirige un grupo enorme de médicos y asistentes que fueron quienes tuvieron la delicada tarea de decidir si Alejo podía ser el dador de células para su papá.

"Claro que lo discutimos, como se debe en estos casos, y por supuesto que se evaluó todo en forma minuciosa y con el aval que nos da la experiencia —aclaró el profesional—. Lo cierto es que Rodolfo está en una situación difícil y su cuadro no nos daba demasiadas chances. No teníamos la posibilidad de buscar un donante en un banco internacional, ya que eso demora un tiempo que este paciente no estaba en condiciones de soportar. Sus familiares adultos no podían, por diversos motivos, ser donantes; de allí que se pensó en su hijo. Aunque Alejo es pequeño, dentro de todo tiene un peso aceptable para este tipo de procedimientos y los riesgos de complicaciones eran mínimos. Por eso avanzamos con esta opción, aunque no está exenta de problemas ya que, por ejemplo, el peso corporal del chico en relación al peso de su papá es muy bajo y no conseguimos extraer la cantidad de semillas — como les llamamos nosotros— que necesitamos".

Por eso es que se está pensando en que en algunas semanas más, el nene, que vive en Puerto General San Martín junto a su familia, vuelva a donar.

"Consideramos que lo mejor es que descanse algunos días mientras vamos observando la evolución de su papá, que por el momento está dentro de los parámetros esperados. De todos modos, hay que decirlo, es muy delicada su situación", expresó el médico en diálogo con este diario.

Por ser afiliado a Osecac, Rodolfo comenzó a tratarse en el sanatorio Sagrado Corazón (que queda en la zona de Congreso) cuando empeoró su salud. Según contó en los últimos días Silvana, su esposa, tuvo una recaída que obligó a los médicos a pensar en opciones urgentes para intentar salvarle la vida.

En este punto, Sorrentino recordó que el paciente "estuvo gravísimo y en terapia intensiva. Frente a la imposibilidad de contar con donantes adultos familiares y porque, como mencioné, no teníamos el tiempo de iniciar una búsqueda en bancos de donantes optamos por considerar al niño. Lo que hicimos es un trasplante haploidéntico, que así se llama cuando la compatibilidad no es del ciento por ciento. Este tipo de procedimientos es bastante nuevo, incluso en el mundo. Aunque los trasplantes de médula ósea llevan décadas, los que son mitad compatibles (como es el haploidéntico) tienen una historia reciente", comentó. De todos modos, con estas características, ya se han hecho más de cien en todo el país y unos 15 en el centro Sagrado Corazón.

El jefe del equipo médico que coordinó y está supervisando la evolución del paciente reconoció que uno de los frentes complicados en este caso es el tema del peso del chico. "Como se sabe, a quienes van a donar voluntariamente médula ósea se les pide un peso mínimo de 50 kilos, y que sean mayores de 18 años. Eso no es caprichoso, sino que tiene que ver con la cantidad del líquido que necesitamos extraer, y eso está relacionado con la contextura física del donante. Pero en situaciones extremas, complejas, se pueden hacer excepciones, lo que está científicamente avalado, y por eso pudimos contar con esta posibilidad", aseguró Sorrentino.

Esperando buenas noticias

Alejo ya está en su casa y en los últimos días ha sido una estrella en notas periodísticas en radio, televisión y diarios. La potencia de la historia de amor que lo tuvo como eje llamó la atención.

Sin vueltas, con la espontaneidad de sus 8 años, el niño dijo una y otra vez que no dudó en exponerse al procedimiento médico, que si bien no fue complejo ni implicó operación alguna, lo obligó a prepararse y a bancarse pinchazos y muchos controles médicos.

Confiado en que la suerte estará del lado de su padre y contento por las muestras de afecto y reconocimiento que recibió de sus compañeros de escuela, vecinos y de tantos desconocidos, este chico que cursa el 3º grado en la escuela 1.398 de Puerto, su hermanito Nahuel, su mamá Silvana y todos sus seres queridos esperan ahora que los médicos les den las mejores noticias.

"Rodolfo es un pibe muy joven. Tiene sólo 27 años y está dando pelea a una enfermedad severa. Hemos puesto todo nuestro esfuerzo para que tenga una chance. Aunque uno está acostumbrado a ejercer su profesión, no hay forma de no conmoverse. En este equipo médico (y sumo al sanatorio y a la obra social) estamos esperando que el procedimiento funcione, y trabajando para ello desde lo profesional y desde lo afectivo, estando cerca de la familia", dijo Sorrentino, y agregó: "Nosotros, y Alejo, tenemos que saber que se está haciendo lo posible en lo humano y lo profesional. Y aunque soy médico, creo en Dios. No todo está en nuestras manos". La esperanza los sigue alumbrando.


Comentarios