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Viernes 01 de Abril de 2016

La receta que nunca sirvió

En sus primeros 100 días de gobierno, Cambiemos no parece terminar de dimensionar su nueva responsabilidad política: ya no gobierna sólo para la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

En sus primeros 100 días de gobierno, Cambiemos no parece terminar de dimensionar su nueva responsabilidad política: ya no gobierna sólo para la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
  Quizás por eso es que muchas de sus decisiones no interpretan la realidad de las provincias argentinas ni la de sus ciudadanos. Sólo así se podría explicar la profundización de las severas distorsiones que perjudican al interior en detrimento de la Capital, aunque está claro que este verdadero despropósito no se instaló en la Casa Rosada el 10 de diciembre pasado sino que viene desde mucho antes.
  El kirchnerismo llenó sus discursos de federalismo e integración al mismo tiempo que incentivó una pavorosa desigualdad de subsidios, tarifas y beneficios.
  Un vecino de Recoleta o barrio Parque pagó durante más de diez años la energía eléctrica entre un 60 y un 70 por ciento más barato que uno de Rosario o de Granadero Baigorria. Y en estos casi cuatro meses, Cambiemos no sólo mantuvo sino que agigantó esa matriz atrofiada. Los “tarifazos” de la luz en la Ciudad de Buenos Aires serían recibidos como una bendición por cualquier santafesino o cordobés; valores irrisorios al lado de lo que se paga acá por idéntico consumo. Un bimestre de luz en un barrio porteño alcanza para la compra de un buen fluorescente de luz de emergencia en Rosario.
  Un caso similar se da con el transporte público de pasajeros. El ministro Dietrich anunció ayer las subas que llevarán el boleto mínimo para los porteños de los $ 3,20 que pagaban actualmente a 6 pesos a partir del 8 de abril. El sacudón se sentirá dentro de muy poco en Rosario, con una notable diferencia: desde diciembre pasado el boleto cuesta $ 6,30 y ahora trepará hasta los 8 o 9 pesos.
  La energía eléctrica es la misma para todos y la función de los colectivos también. Lo que cambia es la realidad económica y social en cada región del país. Pretender aplicar las mismas recetas para todos sin tener en cuenta las particularidades de cada lugar es una salida que sólo servirá para profundizar las arbitrariedades que existen.

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