El Mundo
Domingo 19 de Junio de 2016

La realidad de las escuelas públicas venezolanas: violencia y muy poca enseñanza

Los altos índices de delincuencia y la crisis están haciendo añicos el otrora respetado sistema educativo del país. La deserción es la reina.

María Arias metió sus cuadernos en su mochila, tomó una banana para compartir con su hermano y su hermana y se encaminó hacia su escuela secundaria a través de calles estrechas y tan violentas que los taxistas no se aventuran por este barrio, no importa lo que les paguen. Esperaba que al menos uno de sus profesores fuese a clase. Pero la clase de arte de las 7 de la mañana fue suspendida luego de que el profesor se reportara enfermo. La de historia había sido cancelada. No hubo clase de gimnasia porque el docente fue asesinado a tiros pocos días antes. Por la tarde, el profesor de castellano recogió las tareas que asignó y envió a los chicos a sus casas para acatar un toque de queda impuesto por pandillas. "Te sientes atrapada", dijo la niña de 14 años, con labios pintados de rosa.

La creciente crisis económica y los altos índices de delincuencia que sufre Venezuela están haciendo añicos el otrora respetado sistema educativo del país, privando a estudiantes como María de su única posibilidad de aspirar a una vida mejor. Oficialmente, Venezuela canceló 16 días escolares desde diciembre, incluidas las clases de los viernes, por la crisis energética. En realidad, sin embargo, los niños venezolanos se pierden un 40 por ciento de las clases, y aproximadamente una tercera parte de los maestros no van a trabajar un día a la semana para hacer fila en los supermercados en busca de comida. En la escuela de María tantos alumnos se desmayaron de hambre que los directores les piden a los padres que los dejen en sus casas si no han comido. Y si bien las escuelas cierran con llave sus puertas, ladrones armados, a menudo niños y adolescentes, se las ingenian para ingresar y robar a los alumnos en los recreos.

Venezuela es un país joven. Más de una tercera parte de la población es menor de 15 años y hasta hace poco las escuelas eran de las mejores de América del Sur. El fallecido presidente Hugo Chávez hizo de la educación una de las piedras fundamentales de su revolución socialista y usó la riqueza derivada a un boom petrolero para capacitar maestros y distribuir computadoras portátiles gratis. Incluso renovó la escuela de María, que da clases a 1.700 estudiantes, e instaló una nueva cafetería. En pocos años, todo ese progreso quedó en la nada. Una caída de los precios del crudo combinada con un mal manejo de la economía causó estragos, y eso incluye a muchos de los siete millones de alumnos en escuelas públicas. La tasa de deserción escolar se duplicó, más de una cuarta parte de los adolescentes no está matriculada y no hay suficientes maestros, pues muchos se fueron del país.

La escuela de María se encuentra entre un barrio marginal y lo que fue un barrio de clase media de Caracas. Afuera de la capital, donde las escuelas cierran a veces por semanas, hay todavía menos alimentos, agua y electricidad. Conversadora y tan estudiosa que sus compañeras le dicen Wikipedia, María sueña con recibirse de contadora y vivir en París. Sus padres ahorraron para comprarle 12 cuadernos nuevos, uno para cada materia. Nueve meses después, muchas páginas siguen en blanco.

María tiene dos horas libres pues se canceló la clase de inglés. Su hermana no recibe clases de matemáticas. Su profesora de contabilidad se ausentó hace poco una semana y media. Al regresar una tarde, Betty Cubillán se limitó a corregir tareas. Cubillán dice que va a clases lo más que puede al tiempo que trata de salir adelante con el equivalente a 30 dólares al mes. "Si no hago la cola, no tengo para comer", afirmó la profesora. Hasta un 40 por ciento de los docentes se ausentan periódicamente para hacer colas para comprar alimentos. Directivos del colegio pidieron a los súper que les permitan a los docentes no hacer la cola. Y han castigado a profesores que dan buenas notas a cambio de artículos como leche y harina. En un país que figura entre los más violentos y caóticos del mundo, apelar al orgullo de los profesores no sirve de mucho. María dice que camino a la escuela vio robos, saqueos y linchamientos. Un día contuvo la respiración en un colectivo cuando un ladrón le puso un revólver en el cuello a una mujer a su lado y le robó el anillo de bodas. Otra vez, salió corriendo cuando policías hostigaban a un ladrón que yacía ensangrentado en el suelo.

El portón de metal de la única entrada de la escuela hace que parezca que está en una prisión. Pero los estudiantes parecen satisfechos de la medida de protección. Los ladrones, no obstante, consiguen entrar de algún modo y los estudiantes se delatan entre ellos mismos, señalando hacia quienes tienen cosas valiosas para que los dejen a ellos tranquilos. María fue asaltada una vez por un niño armado que le sacó un celular. Las aulas con charcos son usadas como baños de emergencia porque no hay agua en los sanitarios. Los alumnos juegan a los dados en el patio e intercambian insultos y fajos de billetes. El patio funcionaba como gimnasio hasta que el profesor murió al quedar en un fuego cruzado mientras trabajaba como peluquero para redondear ingresos. Varios maestros han sido asesinados en la capital este año.

A los padres de María les preocupan los muchachos, pues Venezuela tiene la tasa de adolescentes embarazadas más alta de América del Sur. El sitio preferido para los encuentros amorosos es detrás de una pila de 30.000 libros que no han sido usados en el auditorio. El gobierno entregó los libros al principio del año, pero los profesores decidieron que contenían demasiada propaganda socialista y los descartaron.

Al cierre de la jornada escolar, María se quedó con algunas amigas. Un compañero le mostró un gorrioncito que había encontrado en un árbol del patio. "Deberíamos comérnoslo", dijo el muchacho. Las niñas se acercaron y examinaron el pajarito. María se alegró mucho cuando abrió las alas. Fue la primera vez que rió en todo el día.

Comentarios