Cartas de lectores
Martes 24 de Mayo de 2016

La realidad carcelaria

Entre los numerosos problemas que debe atender y solucionar a diario el gobierno, en las figuras del Poder Ejecutivo, del Legislativo y del Judicial, está el del sistema carcelario argentino, en todos los ámbitos provinciales y federales.

Entre los numerosos problemas que debe atender y solucionar a diario el gobierno, en las figuras del Poder Ejecutivo, del Legislativo y del Judicial, está el del sistema carcelario argentino, en todos los ámbitos provinciales y federales. Problema endógeno que como sociedad es también una asignatura pendiente clave. Es evidente que en una cárcel, donde el Estado tiene el control absoluto sobre una mínima cantidad de la población, no logra satisfacer condiciones mínimas de convivencia, de salubridad y de seguridad. Los funcionarios abocados al manejo de estas instituciones deberían trabajar en forma coordinada para lograr el respeto de los derechos humanos de los detenidos, el objetivo legal de su detención, su posible resocialización y su seguridad. Entiendo que se manejan con un presupuesto económico adecuado. Sin embargo, dentro de las mismas se producen todos los vicios posibles que en el resto de la sociedad libre: corrupción, narcotráfico, malas condiciones edilicias, falta de servicios mínimos de salud, inseguridad, entre otros. El Papa Francisco, en su último viaje a México, y en oportunidad de visitar una cárcel dijo textualmente: "Las cárceles son un síntoma de cómo estamos en sociedad", tan clarito como que 2 2 son cuatro. Se me ocurren algunas preguntas que quiero compartir con los lectores. Se puede luchar contra el narcotráfico cuando no se lo puede controlar y erradicar de una cárcel de máxima seguridad? ¿Se puede luchar contra la corrupción si no se puede controlar a los funcionarios que manejan las mismas? ¿Es posible pretender el respeto de los derechos humanos de los presos, si no se le pone límite a quienes tienen el deber de cumplirlos? ¿Se pueden aplicar políticas eficientes de salud en el Estado si no se puede controlar la salud de 10.000 o 12.000 personas detenidas? En fin, como en una enfermedad, la detección y el diagnóstico son fundamentales para su solución. Una sociedad madura debe entender que la población carcelaria goza de todos los derechos, por más horrible que haya sido el crimen cometido. Por otra parte, se debe trabajar en políticas de trabajo y estudios para los presos dentro del penal, para que cuando cumplan su condena puedan insertarse en el mercado laboral, en libertad. El trabajo y el estudio son la mejor herramienta para formarse como personas de bien.Y a la vez, para sobrellevar en mejores condiciones de vida su tiempo de condena. El ocio no es recomendable en prisión ni en libertad. Esto se entiende mejor cuando, según algunas estadísticas, el 80 por ciento de los condenados son analfabetos o semianalfabetos y de escasos recursos, nacidos y criados en un círculo de pobreza estructural. La cuestión carcelaria presenta muchos desafíos. Mientras no se los resuelvan, será cuestión de un Estado y una sociedad deficiente.

Jorge Omar Bustamante

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