Cristina
Domingo 21 de Agosto de 2016

La puja del gobierno por los tarifazos se convirtió en la vieja pelea por la 125

La derrota que sufrió la administración de Mauricio Macri al intentar imponer el aumento de las tarifas de gas y electricidad desnudó vicios comunes con aquella batalla.

La pelea por los tarifazos se convirtió para el gobierno en una pequeña 125. Salvando mucha distancia ideológica, de actores, magnitud y extensión en el espacio y el tiempo, la derrota que sufrió la administración de Mauricio Macri al intentar imponer el aumento de las tarifas de gas y electricidad desnudó vicios comunes con aquella batalla: errores de diagnóstico, desconocimiento del terreno y del adversario, encumbramiento de dudosos estrategas y extraña obcecación. Otra coincidencia es que el golpe final vino de aliados tácticos. El no positivo de Julio Cobos cedió su lugar al pleno de jerarcas judiciales que supo jugar como armador de la oposición a la anterior administración.

Ninguno de esos acontecimientos nació de un repollo. Fueron el final de un proceso que incluyo movilizaciones, realineamientos de fuerzas políticas y sociales, creación de ententes opositoras, emergencia de nuevos referentes y tensiones dentro del oficialismo. La parálisis táctica, una cuota de autoritarismo y la trampa del propio relato contribuyeron a enredar a ambos oficialismos contra las cuerdas. Aun así, la derrota les dejó sus lecciones positivas. En el caso de Cristina, aquella debacle fue el inicio de una reinvención que terminó en la resonante victoria de 2011. Revalorizó la agenda progresista y recuperó prácticas transversales para desarrollar políticas que contribuyeron a la reelección. Lo que vino después fue una historia más compleja.

En este punto, la encrucijada de Macri es diferente, toda vez que una pretensión de salir del atolladero reforzando el perfil ideológico y profundizando el programa original de su espacio agudizaría los efectos de la crisis que fabricó en los últimos ocho meses. No sería buena noticia para los trabajadores asalariados, los nuevos pobres, los desempleados, precarizados o suspendidos, los pequeños y medianos industriales y comerciantes que hoy no ven la luz al final del túnel de la recesión y las economías regionales que no conectan con la autopista de rentabilidad que el gobierno nacional les abrió a los agronegocios y los bancos de inversión.

Quizás por ese lado, la segunda oportunidad demande una reinvención más profunda, orientada en primera medida en aflojarle a "la guerra cultural" que asegura estar librando contra "el despilfarro y el dispendio" de amplios sectores sociales a los que capciosamente confunde con el universo de ricos subsidiados para impugnar lo que realmente le molesta: la leve mejora en el nivel de ingresos de los trabajadores que representó la protección del empleo, la producción y el mercado interno durante el período de la posconvertibilidad. Exhibir facturas de un country para subirle 400% el precio de los servicios a un inquilino asalariado que tiene en peligro su trabajo suma locas coartadas al alucinado retrato macrista que devalúa, despide y baja el salario prometiendo pobreza cero. Sirve para la chicana política en los programas de TV, pero no para describir honestamente lo que está haciendo.

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