Frente Progresista
Domingo 07 de Agosto de 2016

"La provincia de Santa Fe es un cementerio de reformas inconclusas"

Gastón Mutti es profesor de grado y posgrado e investigador de la UNR y la Universidad Nacional de Entre Ríos (Uner). Profesor titular de Problemática Política (Uner) y de Teoría de la Administración Pública II (UNR). Profesor de Teoría Política I (UNR). Director de Investigación de Políticas Subnacionales (UNR).

Miguel Lifschitz está dispuesto a torcer la historia con la propuesta de reformar la Constitución de Santa Fe, una iniciativa que han encarado casi todos los gobernadores desde la recuperación democrática. Lo intentaron desde la administración de Carlos Reutemann hasta la de Antonio Bonfatti, pero todos fracasaron. "Santa Fe es un cementerio de reformas inconclusas", grafica el politólogo rosarino Gastón Mutti, y advierte que esta vez, más que en otras oportunidades, el mandatario socialista deberá sortear las propias disidencias internas que afloran en la coalición gobernante: el Frente Progresista.

Mutti, profesor de la UNR, afirma en ese sentido que Lifschitz primero deberá mostrar un frente homogéneo hacia el interior de su propio espacio político para luego tratar de convencer a los partidos de la oposición de la necesidad de la reforma. Al mismo tiempo, sugiere una agenda amplia que no se ciña sólo a una de las cláusulas que, por su impacto, se lleva la atención excluyente, que es la reelección del gobernador.

—Lifschitz ya puso fecha para consultar a los partidos políticos a fin de encarar una reforma constitucional. ¿Cree que puede ser factible esta vez?

—La provincia de Santa Fe es un cementerio de reformas nunca producidas. Recuerdo a Carlos Reutemann proponiendo una reforma constitucional, lo mismo que Jorge Obeid y Hermes Binner. Antonio Bonfatti también hizo de la reforma uno de los objetivos de su gestión y ahora Miguel Lifschitz lo propone. Uno no se tendría que preocupar sobre el hecho de que los juristas santafesinos no sean personas hábiles, idóneas en cuanto a lo que tienen que proponer y aportar. Lo que uno tendría que empezar a preguntarse es por qué somos un cementerio de reformas inconclusas.

—¿Por qué?

—Porque una mayoría especial, que es lo que exige una reforma, nunca ha podido ser alcanzada porque las oposiciones se colocan como un veto, y uno de los fundamentales es la reelección del gobernador. Santa Fe, junto con Mendoza, son las únicas provincias que no tienen reelección del gobernador. Los mendocinos y su clase política están muy conformes con que eso siga así; pareciera que los santafesinos no tanto, y siempre fue un escollo el tema de la reelección a la hora de poder insertar en nuestra Constitución otros institutos que son fundamentales y que se vienen posponiendo desde la reforma de 1994.

—La diferencia entre Bonfatti y Lifschitz es que el primero, cuando inició la discusión por la reforma, se autoexcluyó de la posibilidad de ser reelecto...

—Sí, Lifschitz no fue enfático en este punto. Hace unos días escuché a la intendenta Mónica Fein que ese era un tema a charlar. Y cuando uno dice eso deja abierta la posibilidad. Será la correlación de fuerza la que va a determinar si la reelección del gobernador va a estar presente o no. Si se coloca este punto, también debe discutirse la extensión de los mandatos de intendentes, jefes comunales y los legisladores.

—¿Deberían ponerse límites a los mandatos de diputados y senadores?

—Hay argumentos favorables para ambos tipos de discusiones. Tenemos el argumento de que la alternancia es buena porque genera una oxigenación de la clase política. Esto tiene su contraargumento, y es que muchas veces quienes dejan el lugar se lo ceden a su hijo, su esposa, su nuera, su amigo. Pero, por otro lado, está el argumento de que no necesariamente seguir siendo miembro de un cuerpo colegiado sea algo negativo. Hay ejemplos de sobra en el país y en el extranjero. En la familia Kennedy hubo senadores por más de 30 años. Alberto Natale, del PDP, fue diputado por la provincia por casi veinte años.

—¿Por qué, cuando se inicia una discusión por una reforma constitucional, el único atractivo pasa por el de la reelección?

—Porque ahí se discute cómo se divide el poder. Y esto va acompañado por el sistema de elección para los diputados o si se va a un sistema unicameral. También si vamos a seguir respetando a los actuales departamentos como unidades territoriales para elegir parte de ese cuerpo. Se discute, sobre todo, la distribución del poder.

—¿Qué debería hacer Lifschitz para lograr consenso para luego llamar a una constituyente?

—El consenso pasa por saber cómo construir una agenda de la reforma constitucional. Y en esa agenda hay temas ineludibles, como por ejemplo la autonomía municipal, tema que ha sido pospuesto en nuestra provincia desde el 94 hasta la fecha. Otro de los temas fundamentales es la inclusión de derechos que la constitución del 62, aunque era muy progresista, no incluye. Se pueden incluir algunos elementos que se han resuelto vía legislación, como la forma en que se seleccionan los jueces.

—¿Debería Lifschitz fijar un "núcleo de coincidencias básicas", como hicieron el PJ y la UCR en la reforma constitucional de 1994?

—Es que probablemente si dijéramos esa expresión los partidos políticos terminaran no haciéndolo, porque ha estado cargado de connotaciones negativas. Lo podríamos llamar agenda de la reforma: algo más simple y menos elegante, pero más digerible.

—¿Cuenta el gobierno con un contexto ideal para impulsar la reforma?

—Hay diferencias dentro del Frente Progresista, y ese dato representa una debilidad que tiene el gobierno para poder plasmar la reforma. Si el propio oficialismo no tiene la capacidad de poder generar una agenda homogénea y sólida para proponer a los otros partidos políticos va a resultar complicado convencer a los demás, salvo que encuentren beneficios muy importantes en dicha iniciativa.

—No imagino a los senadores peronistas votando una cláusula de reducción de mandato. Algunos de ellos llevan entre tres o cuatro períodos consecutivos...

—Pero vamos a un tema previo. El socialismo, históricamente, ha planteado la unicameralidad y el radicalismo no la considera oportuna. Entonces allí, al interior del Frente Progresista, podemos tener ese tipo de necesidad de coordinar quién es el que cede o concede respecto de este tipo de cláusulas. Antes de discutir la limitación de los mandatos, van a tener que debatir si sigue el sistema bicameral o se va a la unicameralidad.

—En esas diferencias que exhiben la UCR y el socialismo, ¿cuánto pesa las divergencias que tienen en el plano nacional?

—En las últimas elecciones fueron separados y el resultado fue malo: perdió el senador nacional y también diputados. La resolución de este conflicto va a ser uno de los elementos fundamentales del año entrante. Si bien es cierto que en Santa Fe el radicalismo y el socialismo pueden tomar caminos diferentes en las elecciones nacionales, es posible que vuelvan a encontrarse para la próxima elección provincial.

—¿Pero si van separados, como todo indica, no afecta la gobernabilidad del propio Frente Progresista hasta el final de su mandato?

—Claro que la afectará, y va a colocar un cono de sombra sobre la capacidad que tengan los partidos que la integran de dialogar entre sí. También va a poner en jaque los consensos hacia el interior de la coalición gobernante. Es posible que siga existiendo esa convivencia, pero se va a dificultar mucho la relación entre ambas fuerzas.


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