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Domingo 30 de Diciembre de 2007

La protesta y sus víctimas

El tema de la ciudad en este caluroso fin de año ha sido la dura medida de fuerza de los municipales para reclamar un aumento de sueldo.

El tema de la ciudad en este caluroso fin de año ha sido la dura medida de fuerza de los municipales para reclamar un aumento de sueldo. El extenso paro no sólo derivó en un paisaje urbano equiparable al caos –peatonales semejantes a un mercado persa por la gran cantidad de vendedores, tránsito sin control por la ausencia de inspectores– sino en un perjuicio que se percibirá a posteriori: la gran cantidad de trámites frenados en áreas cruciales provocará un literal aluvión de gente cuando reabran las dependencias el miércoles próximo.

Se trata de un signo de la Argentina de estos tiempos: los reclamos sociales se concretan por intermedio de modalidades que muchas veces perjudican severamente a la ciudadanía. Lo curioso del caso es que esta misma ciudadanía no está en desacuerdo con las protestas, pero sólo en tanto y en cuanto no afecten sus propios intereses.

Una nota que se publica en la página 4 de esta misma edición da cuenta con nitidez de esta paradójica tendencia: cuando en la página web de La Capital se preguntó a los lectores si acordaban con los cortes de ruta en rechazo a las pasteras, el 65 % dijo que sí. Pero cuando la pregunta fue si la provincia de Santa Fe debía impedir los piquetes locales, el 93% opinó de manera afirmativa.

La evidente contradicción merece convertirse en motivo de reflexión, sinceramiento y autocrítica. Una sociedad más democrática no sólo se construirá a partir de la libertad que garantice la posibilidad de reclamar, sino desde el respeto por los demás a la hora de hacerlo.

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