Escenario
Martes 22 de Noviembre de 2016

La propia vida compartida con humor

La consagrada actriz Mercedes Morán presentó el unipersonal que estrenó este año en el Maipo con dirección de Claudio Tolcachir.

Cuando el género biodrama desembarcó en Rosario hace algunos años, de la mano de Vivi Tellas, su principal mentora en Buenos Aires, unos cuantos nos preguntamos "¿y ahora qué?". La incorporación de hombres y mujeres del "mundo real" al centro de la escena aportó, en algunos casos, destellos de teatralidad visibles en la vida cotidiana de nuestro tiempo que no estaban siendo percibidos para convertirse en objeto de representación.

Al mismo tiempo, otro género como el stand up se encarga de tramitar ciertas cuestiones de la propia vida del comediante que configuran la esencia del guión. Se trata de una mirada absurda, irreverente y profundamente risible sobre los comportamientos neuróticos y situaciones cotidianas del mismo actor que generalmente encuentran una identificación directa con los espectadores.

Ninguna de estas dos formas puras de representar la vida personal del artista se hacen carne en el cuerpo de Mercedes Morán en "Ay, amor divino", el espectáculo con dirección de Claudio Tolcachir que visitó el teatro La Comedia. Este unipersonal constituye un relato autobiográfico donde la vida de Morán es la protagonista en primera persona.

Con la predisposición de una experta cuentacuentos y la empatía ganada de antemano con un público que la sigue desde hace décadas por sus notables trabajos en la TV y el cine, Mechita Morán empieza a revelar las anécdotas más pintorescas de su infancia en Concarán, su ciudad natal en San Luis. Transitando por una escenografía cálida e intimista como el living de su casa, la actriz nos confiesa que nació con los brotes de una vieja primavera, cuando los militares derrocaban a Perón en el 55. La infancia en el pueblo, los juegos con primos y hermanos, la religión como disciplinamiento familiar, el amor platónico por su hermano mayor al que espiaba en la ducha y el encantamiento del cine con "Sissi Emperatriz" se encadenan en una línea histórica que lógicamente va encontrando su mayor identificación con el universo femenino que predomina en la platea y con una determinada generación, cuyo puente se tiende a través de la evocación de buena parte de la cultura popular de la década del 60.

Los condimentos de mayor dramatismo se dejan entrever cuando profundiza en la figura de su madre, una docente que se moría de aburrimiento en Concarán, motivo por el cual la familia decide mudarse a Buenos Aires, o cuando describe su paso por un internado donde se sentía sola, triste y extranjera. Pero son siempre los extractos más pintorescos los que logran resaltar: así pasamos por el descubrimiento de la sexualidad, el amor y la maternidad, su fugaz paso por la militancia en los 70, el encuentro con el teatro como salvación y refugio y los calores de la menopausia. Sin embargo, "Ay amor divino" tiene más de stand up que de biodrama. Una actriz que decidió revelar su propia vida en el escenario con humor demostrando que, si bien muchas veces la realidad supera a la ficción, es necesario una buena actriz para contarlo.

Comentarios