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Domingo 23 de Agosto de 2015

La presencia que alivia el dolor

Aunque mejoraron algunas condiciones de trabajo los sueldos siguen siendo bajos. La mayoría tiene un doble empleo para poder llegar a fin de mes. Relatos de hombres y mujeres que dan todo por los otros.

Están ahí, en silencio, sosteniendo en la enfermedad y el dolor. Atentas a lo que necesita el paciente, solícitas. Las enfermeras y los enfermeros cumplen un rol central entre los trabajadores de la salud. En un dispensario, un sanatorio o en el domicilio responden sin perder tiempo a los pedidos del médico y actúan con firmeza y precisión a la hora de aliviar una herida, poner una inyección, colocar un catéter o pasar medicación por suero. Pero también tienden una mano amiga cuando el sufrimiento o la tristeza nos abrazan entre las paredes de un hospital.
  Estas mujeres y estos hombres dedicados a la enfermería pelean por la vida en las trincheras de la enfermedad, casi siempre con un perfil bajo y una dedicación sin tregua. En Rosario, la oferta para estudiar esta carrera fue creciendo y con ello la cantidad de chicos y chicas que deciden seguir esta profesión cuando terminan la secundaria. Un trabajo altamente requerido que reclama un perfil humano muy especial y una fuerte vocación de servicio que no tiene relación con los magros salarios.
  Hoy, la academia ya se plantea la necesidad de brindar posgrados de especialización y lograr que todos los enfermeros hagan la licenciatura. Sostienen que esto podría posicionar mejor a la profesión en el mercado laboral y con ello lograr la nivelación del salario, la gran deuda pendiente.
  Un enfermero que recién comienza cobra un sueldo básico de 7.500 pesos, lo que los obliga a tener dos trabajos con el desgaste físico y psíquico que eso significa. Además de tener que mover a un paciente para cambiarlo o hacerle las curaciones pertinentes —lo que requiere gran esfuerzo corporal— está el costo anímico que es muy alto, ya que no es fácil acompañar a las personas en momentos tan difíciles como los que impone la enfermedad, o muchas veces, la cercanía con la muerte.
  Tanto desde la academia como desde los sanatorios opinan que, justamente, estas son las causas por las cuales todavía no hay un número suficiente de personas que elijan esta profesión. La necesidad de contar con más enfermeros y enfermeras es lo que hizo crecer la oferta de carreras.

Mejoró la relación

  En Rosario, según un relevamiento de 2012 había cinco médicos por cada enfermero, muy lejos de la relación ideal, definida por parámetros internacionales, que es de un médico cada tres enfermeros. Actualmente los números mejoraron y hay un enfermero por cada médico, según lo confirmó la vicedecana de la facultad de Medicina y ex directora de la carrera de Enfermería de la Universidad Nacional de Rosario (UNR), María Alejandra Chervo.
  La vicedecana, quien forma parte de varios equipos de investigación, señaló que un estudio permitió detectar que hay mayor interés por la carrera, pero pocos la terminan. “Tenemos 1.200 inscriptos cada año, pero los que llegan a rendir el primer parcial son entre 600 y 650, y ese número se mantiene hace tiempo”, destacó. “No podemos decir que sea bajo o alto porque por ejemplo ese número es el mismo que maneja la facultad de Ciencias Bioquímicas y Farmacéuticas”, agregó.

¿Quiénes estudian?

Una investigación realizada por un equipo de la escuela de Enfermería de la UNR comparó a los alumnos de esta carrera con el estudiante promedio de es universidad, y demostró que:

• El 80 por ciento de los alumnos de enfermería trabaja, cuando el promedio de alumnos de la UNR sólo se dedica a estudiar.

• En cuanto a la procedencia, el grupo familiar de los alumnos de enfermería tiene primaria completa y los padres trabajan en labores de servicio. En tanto, los padres de los estudiantes de la UNR tienen al menos el secundario completo.

• Los alumnos de enfermería, en general, durante la carrera se desempeñan en trabajos que no tienen que ver con la profesión, como tareas de cuidado de niños, ancianos, mozos u otros trabajos. En cambio en carreras como abogacía y ciencias económicas la inserción laboral se da en un estudio jurídico o contable como cadete (con la expectativa de que allí podrán hacer su carrera).

  A diferencia de las otras carreras, en enfermería se obtiene un título intermedio y después de tercer año el 95 por ciento entra a trabajar en su profesión. Es más, hasta pueden elegir a dónde les gustaría trabajar por la alta demanda que hay en los centros sanitarios.
  Chervo comentó que en los últimos años se notó un rejuvenecimiento del estudiantado y destacó que en la UNR hay un alto porcentaje de alumnos que tienen hijos. “El 40% de los alumnos ya son padres mientras que, por ejemplo, en la Universidad Nacional de Misiones, sólo lo es 9,4%. A esto se le suma que hay un 30% que trabaja más de 36 horas en el segundo ciclo (cuando cursan la licenciatura) y por es muchos la abandonan”, puntualizó.
  En cuanto al lugar donde todos prefieren trabajar, Chervo comentó que “prefieren el sector público porque trabajan seis horas y tienen mejores salarios que en el privado donde los turnos son de 8 horas y el sueldo puede ser menor”.
  En este punto, Chervo hizo un fuerte reclamo para que se mejoren los suelos y las condiciones de contratación de los enfermeros en todos los sectores.
  “Existe una fuerte precarización laboral porque en muchos sanatorios privados toman a chicos que aún no se recibieron como enfermeros bajo la figura de becario o de auxiliar en enfermería (que no existe como título académico pero sí lo avala la ley) y los hacen trabajar como enfermeros”, denunció la vicedecana.
  Por eso son pocos los que piensan que si obtienen un título mejorará su situación ya que, aunque no se hayan recibido, trabajan como enfermeros igual. Este es un hecho clave que hace que pocos terminen la licenciatura.
  En tanto, la UNR se propone generar posgrados de especialización para que se valore más el trabajo de los profesionales. “Lucho porque se los tenga en cuenta como profesionales, porque hoy se lo considera como mucama. Creo que es el paso que sigue y que tenemos que hacer todo lo posible para que esto cumpla”, apuntó. La vicedecana enfatizó la precaria situación laboral de los enfermeros que se ven obligados a un doble empleo. En general alternan entre el sector público y el privado. Sólo quienes acceden a puestos de gestión o de dirección pueden llegar a cobrar un sueldo que va entre los 20 y 25 mil pesos.
  Según el Colegio, donde se registran los profesionales que están que están trabajando, hay un 38% que lo hacen contratados como auxiliares de enfermería y un 63% de enfermeros.
  En total, la Municipalidad tiene contratados 1.166 enfermeros de los cuales 60 son auxiliares, 765 enfermeros, 335 licenciados y 6 magíster. Y en los efectores  provinciales de Rosario hay 1.336 enfermeros
  “Con esta cantidad de enfermeros se podría decir que hay casi más de 180 mil enfermeros, lo que da una relación de 1 a 1 con el médico (contando a los auxiliares), sino la relación es de 0,56”, destacó Chervo. “Mejoramos mucho aunque todavía estamos lejos del ideal que son tres enfermeros por cada médico”, concluyó.

La profesión en números

En Rosario hay 170 efectores públicos de salud y 350 privados, entre los cuales se encuentran los grandes sanatorios y los de salud mental y cuidados de adultos, además de las clínicas de fertilización asistida que tienen formato de no internación. En Argentina hay 52 escuelas universitarias en todo el país. Las terciarias son 200. En total, en la provincia de Santa Fe trabajan 78% de enfermeros, 11% de auxiliares y 11% de licenciados.

Con los pacientes

“En la profesión es fundamental el vínculo que el profesional establece con el paciente”, explicó María Alejandra Chervo, y aclaró que se trata de una relación terapéutica para transitar ese momento y apunta a solucionar el problema que presenta el paciente en ese momento”, puntualizó. En esa relación, los profesionales saben que están frente a una persona que está atravesando una situación difícil, ya sea internado o en la sala de guardia, o en una emergencia. La enfermera en pocos minutos tiene que poder valorar la situación del paciente y brindarle seguridad. Ella es la que también informará al médico de cualquier cambio que note en el enfermo. “Lo más importante es que sepan sus límites y puedan pedir ayuda cuando lo necesiten. Lo demás se aprende”, concluyó la vicedecana de Medicina.

Por pura vocación

Ana Julia Candia tiene 26 años y empezó a trabajar como enfermera apenas se recibió. Integra el equipo de profesionales del Hospital de Niños Zona Norte y está en el área de terapia intensiva donde cuida a niños desde los 31 días hasta los 15 años.
  Nunca había pensado estudiar enfermería. Sí se le había cruzado medicina pero le parecía una carrera demasiado larga. “Cuando tuve a un familiar internado me fijé atentamente en lo que hacían las enfermeras y allí comencé a pensar que podía ser mi profesión”, reflexionó.
  “A mí me gusta estar con la persona que sufre, saber qué le pasa. Así llegué a anotarme en la carrera que terminé en el 2012”, dijo la joven.
  Estudió en la escuela del Hospital Provincial “María Elena Araya de Colombres”, durante los tres años de la carrera también trabajó en un comercio. A sólo un mes de recibirse empezó a trabajar, sin siquiera haber buscado empleo. “Acompañé a una amiga que estudió conmigo a llevar un currículum, pero cuando supieron que yo también era enfermera me hicieron una entrevista. Así empecé a trabajar en la UOM en pediatría, maternidad y terapia infantil, hasta que me salió el puesto en el Hospital Provincial”.
    
Los vínculos

Trabajar con los enfermos generar empatía y no encariñarse demasiado es un desafío que enfrentan los profesionales de este área. Para Ana Julia no es nada fácil pero tuvo que aprenderlo. “Los chicos enseguida te tiran los brazos, quieren que juegues con ellos. Es difícil mantener distancia, pero se puede aprender”, reconoce quien asegura que sufrió este aprendizaje.
  “En un momento pensé en abandonar la carrera. Los primeros 15 días que trabajé en terapia tuve una urgencia y un chiquito falleció. Pensé que jamás iba a poder sobrellevar esta situación pero mis compañeros me ayudaron mucho”, recuerda.
  Con emoción Ana Julia habla sobre las particularidades de su tarea: “Tenemos chicos que se mueren, y en medio de la tristeza es increíble la reacción de muchos padres que te agradecen que se lo hayas cuidado. Muchos también vienen en el aniversario, o una vez por mes con algún regalito para las enfermeras. También nos pasa que si una persona perdió un hijo y al tiempo tienen otro, lo traen para que los conozcamos”, contó.
  Las enfermeras pasan a ser parte fundamental en la vida de la familia cuando un niño permanece mucho tiempo internado. Si el trato es cordial, si se establece un vínculo respetuoso y de afecto, es común que se genere una relación entre las dos partes. “Por eso evitamos atender al mismo paciente mucho tiempo aunque los papás te buscan para que vos sigas con su hijo...”, reconoció.
  Ana Julia llega cada día al hospital antes de las 6 de la mañana. Ese es el horario del relevo. Al ingresar se entera de cómo está cada paciente y qué tratamiento se le están haciendo y si hay alguna nueva orden médica.
  A primera hora empiezan a trabajar los kinesiólogos con los niños y ellas los ayudan, sobre todo con los bebés. Luego viene el turno de los análisis de laboratorio donde se juega la destreza y la delicadeza para que a los chicos no les duela el pinchazo.
  Controlan los monitores, el respirador, las vías periféricas y los accesos para la medicación es parte de la rutina. También bañan a los chicos y les cambian las sábanas. A las 7.30 llegan los médicos y las enfermeras recorren la sala con ellos. Les informan si observan algo distinto en un paciente. Son ellas las que detectan cualquier cambio y las que llevan “el pulso” de esos niños.
  En el caso de Ana Julia también está en relación con familiares ya que el Hospital de Niños Zona Norte es el único que tiene una terapia compartida donde puede estar un familiar con el chico internado. Por eso muchas veces son las que también contienen a las mamás.
  A las 12 termina el turno. Ana Julia se saca su ambo y vuelve a ponerse su ropa. Pero con ella se lleva las caras de los niños que cuidó en el hospital.
  Posiblemente tenga que trabajar de noche porque en ese lugar dos veces por mes reemplazan a los nocheros.
  Esta joven enfermera sueña con poder cursar la licenciatura y seguir trabajando con los niños. Ana Julia reconoce que para esta labor hay que tener coraje y una fuerte vocación de servicio, que en su caso se nota de una manera patente.

La historia de Lorena

Lorena Guarda tiene 34 años y es la directora del centro de salud Débora Ferrandini ubicado en el Centro de Distrito Noroeste Olga y Leticia Cossettini. Allí se brinda atención médica a gran parte de la población del barrio Ludueña.
  La tarea de los enfermeros en ese lugar es muy distinta a la que hace un colega en un hospital. Ellos se ocupan de recibir a la gente, de hacer una entrevista con cada uno. Escuchar a la gente es la mejor manera para ver en qué se los puede ayudar. Lorena subraya que se trata de un trabajo de inclusión, sobre todo.
  Las labores arrancan a las 7 de la mañana en el centro de salud, tareas que Lorena combina con las clases que da en la facultad por lo que regresa recién a las 19 a su casa. “El doble empleo es bastante común entre los enfermeros porque si sos cabeza de familia con uno solo sueldo no te alcanza”, reconoció la joven.
  En un centro de salud de atención primaria se hacen trabajos propios de la enfermería como vacunación o curaciones pero ante todo se genera un espacio de consulta con el paciente. “Muchas veces las personas vienen sin turno y hacemos una valoración de la situación y la compartimos con el médico o el psicólogo”, señaló.
  El trabajo en equipo es fundamental para dar cauce a las situaciones complejas de muchos de los vecinos. De allí que resulte fundamental esa primera entrevista cara a cara con la enfermera. Pero no sólo se trata de esperar a los pacientes. Muchas veces los enfermeros y enfermeras recorren casa por casa para buscar personalmente a aquellos que deben hacerse controles.
  Lorena admitió que no fue fácil posicionarse como jefa del centro de salud porque este rol siempre estuvo relacionado más con los médicos, sin embargo, esa es una realidad que está cambiado en Rosario.

Por elección

  Lorena decidió estudiar enfermería aunque nadie en su grupo familiar ni entre sus amigos apoyó esa decisión. “De chica vivía en Casilda, muy cerca del hospital, y ahí había una enfermera que me llamaba la atención y desde que me acuerdo yo decía que quería ser enfermera”, relata.
  Esos deseos se combinaron perfectamente con otro anhelo que latía en el corazón de Lorena: ayudar a la gente y en especial a quienes estuvieran enfermos. Cuando comenzó la carrera, con los temores propios de quien inicia algo nuevo, descubrió que realmente esto era lo suyo. Hoy, no lo duda ni por un instante: volvería a elegirlo.

“Acompañar llena el alma”

Analía Pedalino es enfermera desde hace 28 años. Hoy se desempeña como jefa de enfermería del Sanatorio Británico. En este camino recorrido subraya la deuda histórica que existe con su profesión. “Un enfermero cobra menos que un cajero de supermercado, sin desmerecer a nadie”, aseguró, y contó que en esta profesión la única recompensa que se recibe es la relación con el paciente. “Acompañar, aunque no puedas aliviar el dolor, te llena el alma”, confesó. “Si tuviera que volver a elegir, volvería a hacer enfermería”, afirmó categórica.
  Hoy Analía ocupa un cargo de gestión en el sector privado. Esto la lleva a tener una visión más global del trabajo y de la tarea concreta de cada profesional. “La relación con la enfermera es casi un 30% de la recuperación del paciente”, afirmó quien sabe que su trabajo es estar cerca y cuidar a la persona cuando está pasando un momento de enfermedad. Para ello se ponen en marcha todas las competencias, tanto técnicas como humanas. Por eso Analía no duda en asegurar que “en cada enfermero existe una gran vocación de servicio”.
  “El trabajo de gestión es muy distinto. Se trata de planificar y valorar la situación de cada paciente y qué personal va a abastecer esa demanda”, contó, en relación a su rol actual.
  Ella está en contacto tanto con los pacientes como con los enfermeros y obviamente con los médicos. Es el nexo entre las áreas.

La falta de personal

La falta de profesionales dedicados a la enfermería es un problema a nivel nacional. Y en los efectores de salud, una constante.
  Según la jefa del Británico esto se debe, en parte, a las condiciones laborales y a que los salarios son malos. Reconoce que en el sector público un enfermero puede recibir un mejor sueldo pero para sostener un hogar la mayoría tiene dos trabajos: uno en el sector público y otro en el privado.
  En este sanatorio, como sucede en otros, existen una serie de incentivos o premios para fidelizar al personal y evitar que cambien de trabajo. “Les damos un premio económico, aparte del sueldo, que pueden ser becas para la formación y la capacitación profesional, algo que necesita todo enfermero”, comentó.
  Analía dijo que “el salario promedio de un enfermera que recién ingresa llega a 7.600 u 8 mil pesos. Esto hace que estén obligadas a tener otro trabajo”. El doble empleo hace que el  rendimiento laboral sea menor.
  El salario debería valorarse por la tarea que desempeña el profesional. Un enfermero es clave en la atención del paciente, se convierte en la persona de referencia en el cuidado permanente para quienes están internados. “Se necesita cierto temple para alentar al paciente, a la familia y en muchos casos a ayudar al buen morir, y eso no es fácil”, reconoció la experimentada enfermera.
  “Nosotros vemos a muchos pacientes jóvenes fallecer, y eso te entristece el alma, te llevás a tu casa ese dolor porque se establece una instancia afectiva entre ambas partes. El paciente que está grave toma a la enfermera como la mirada del que está ciego, y uno no se puede deshumanizar. Si perdés ese trato humano yo aconsejo que te dediques a otra cosa”, expresó.
  Por esta razón el sanatorio cuenta con una psicóloga laboral para apoyar a la enfermera que lo necesite. “Tratamos de protegerlas, por ejemplo, cambiándolas de sector. A veces es bueno que pasen una temporada en maternidad porque allí toman contacto directo con la vida”, explicó.
  En cuanto al personal, la licenciada contó que la mayoría sigue siendo mujeres y que se necesitan más hombres por la fuerza que hay que hacer para levantar a los pacientes. “Hay muchas enfermeras con problemas en la columna aunque utilicen una buena mecánica corporal”.
  Un dato curioso es que se están insertado en el mercado de la enfermería de Rosario varones haitianos y brasileros.
     La profesional destacó que quien desee dedicarse a la enfermería debe ser una persona que “ama lo que hace”. Y agregó: “Les digo que la técnica se aprende pero que lo más importante es que quieran al paciente, que piensen en él”, concluyó.

 

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