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Sábado 02 de Abril de 2016

La peligrosa decisión de hacer lo que quieran

Si impunidad es una excepción de castigo o el escape de una sanción, éste es el caso.

Si impunidad es una excepción de castigo o el escape de una sanción, éste es el caso. Porque alguien que acostumbraba a probar en la vía pública autos que preparaba para correr picadas, claramente se sentía impune. Igual que quienes, cada fin de semana, participan de carreras en el Paseo Ribereño, debajo del puente a Victoria, en Oroño y Lamadrid, el parque Yrigoyen o en Ovidio Lagos al 7600, sólo por nombrar algunas zonas de la ciudad. Claro que para hacer de las calles una pista de velocidad se requiere de otra pata: la falta de control. Una carencia evidente para que esto se haya convertido en una constante. "Siempre, en cualquier horario, los autos andan a las picadas en la diagonal Río Negro", dijo una compañera de trabajo del cadete que falleció el jueves atropellado por un Audi TT que corría por esa arteria de barrio Belgrano. Según numerosos testimonios de vecinos, las picadas clandestinas en Rosario no sólo son riesgosas, sino también masivas y frecuentes. Las carreras ilegales se organizan y convocan a través de las redes sociales. Sólo un sitio en Facebook reúne a más de 2.700 personas y decenas de fotos de multitudinarias picadas ilegales ante la ausencia de la policía y de los agentes de Control del municipio. En este marco, una vez más, el caso que conmocionó a la ciudad en las últimas horas, no fue un hecho aislado. Las acusaciones al chofer del auto apuntan a una temeraria conducción de su parte y otra vez al peligroso desparpajo de que, en las calles de Rosario, algunos hacen lo que quieren.

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