Encuentro Nacional de Mujeres
Domingo 09 de Octubre de 2016

"La pelea de las mujeres kurdas aquí también tiene su significado"

Dilan Bozgan nació en la región de Kurdistán lindera a Turquía; es antropóloga y como parte de su doctorado en Antropología Social en Buenos Aires estudia el movimiento de las mujeres kurdas en organizaciones políticas, sociales y armadas. En el 31er. Encuentro Nacional de Mujeres dio la charla "Kurdistán: La revolución de las Mujeres".

La resistencia que hace 40 años sostienen las mujeres kurdas en ese territorio en apariencia tan lejano, flanqueado por Turquía, Siria, Irán e Iraq; la batalla que dan desde organizaciones políticas, sociales, de derechos humanos e incluso en unidades de autodefensa armadas conformadas sólo por mujeres, es una experiencia que fue parte del encuentro. "La de las mujeres kurdas es la revolución en camino", afirma Dilan Bozgan, nacida en el norte de Kurdistán (territorio de Turquía), donde creció y donde las mujeres fueron y siguen siendo refugio de tradiciones y una lengua perseguida y prohibida por años.

Antropóloga, estuvo en Rosario para hablar del movimiento de mujeres de su pueblo. Una resistencia que sostienen en una "doble batalla", primero ante las persecuciones externas, pero también hacia adentro del propio movimiento por la igualdad. Admite que hay diferencias y similitudes con los movimientos de mujeres occidentales, pero más allá de lo lejana y diversa que parezca la batalla de las kurdas, afirma sin dudar que "esa pelea también tiene aquí, en esta sociedad, su significado".

—El movimiento de mujeres kurdas tiene más de 40 años, ¿Cómo se fue gestando?

—Desde los años 70 hubo mujeres que participaron y estuvieron a la vanguardia, sin embargo, fue en los 90 cuando esa participación explotó. Fue un activismo casi accidental, porque eran madres, esposas, hermanas y familiares de los hombres del movimiento popular kurdo —integrado por partidos políticos, organizaciones sociales, de derechos humanos y también armadas— que estaban siendo perseguidos por el Estado turco. Fue una guerra sucia que se dio al norte de Kurdistán, en la frontera con Turquía, donde hubo una violación sistemática de los derechos humanos y una reacción de las mujeres kurdas a esa persecución que llegó hasta sus casas. Y allí empiezan también a organizarse como movimiento autónomo.

—¿Hubo dos luchas en paralelo, una ante las persecuciones y otra hacia adentro del propio movimiento?

—Claramente hubo una pelea contra los represores en cada sector del Kurdistán y otra con sus propios compañeros del movimiento que las resistían. Por eso primero se sumaron a las guerrillas de defensa armada de los territorios, pero después surgió la necesidad de organizarse en forma autónoma para poder lograr la igualdad. Eso tomó fuerza y así ganaron lugar en los espacios sociales y políticos.

—¿Cuáles son las similitudes y diferencias que el movimiento de mujeres kurdas tiene con los movimientos en occidente?

—Hay cosas en común porque el eje es la liberación, aunque también diferencias, porque la represión tiene diferentes caras en cada lugar. Con Argentina, en lo que fue acá el terrorismo de Estado, hay similitudes, estas mujeres que salen a resistir, y que no pasó en Europa. La tradición de la sociedad kurda fue feudal, con el hombre en un lugar preponderante y con una religiosidad que dejó a las mujeres relegadas a la vida privada. Y fue la represión lo que las sacó a buscar los cuerpos de familiares o acompañar a los prisioneros.

—¿Cómo llegan a organizarse en forma autónoma y a lograr una representación igualitaria en la conducción de organizaciones sociales, políticas y en las milicias?

—Fue un proceso de muchos años. Fue en los 90 cuando empezaron a exigir una representación igualitaria y ahora podemos decir que en la conducción de todos los espacios del movimiento tenemos la paridad respecto de los hombres. Incluso hay mujeres en el Parlamento turco y al frente de municipios, y en Rojava —el territorio kurdo del norte del Siria—, que está organizado en cantones y asambleas, las mujeres también están en igualdad.

—Además, las milicias de defensa son exclusivas de mujeres...

—Es la única guerrilla en el mundo (se denominan unidades de autodefensa de mujeres) conformada en forma autónoma sólo por mujeres. Esto muestra que son capaces de organizarse también en ámbitos militares y estratégicos que siempre fueron masculinos. Y que sea autónoma reivindica la liberación de las mujeres hacia el interior del movimiento, remarcando que la liberación de la sociedad, hacia un modelo democrático, no sexista y ecológico, también depende de la liberación de las mujeres.

—¿Cómo se da esa batalla en un territorio donde el extremismo islámico busca imponerse?

—En Rojava, al norte del Siria, esa es una de las luchas centrales. Allí el Estado Islámico ataca y quiere exterminar al pueblo kurdo, que mantiene una estrategia de resistencia y defensa del territorio. Allí viven además de kurdos, armenios, asirios y árabes, y proponemos vivir respetando las diferencias, en un territorio multicultural y multirreligioso.

Comentarios