Edición Impresa
Domingo 20 de Abril de 2014

La pelea contra los narcos: se perfila un ganador

“El kirchnerismo ha cambiado. Y lo que se está haciendo en tu ciudad es una muestra cabal de ese cabio”. El que habla en reserva es un secretario de Estado del Poder Ejecutivo nacional que ingresa con frecuencia al despacho presidencial. No importa tanto de quién se trata, sino el tenor de su afirmación.

“El kirchnerismo ha cambiado. Y lo que se está haciendo en tu ciudad es una muestra cabal de ese cambio”. El que habla en reserva es un secretario de Estado del Poder Ejecutivo nacional que ingresa con frecuencia al despacho presidencial. No importa tanto de quién se trata, sino el tenor de su afirmación. ¿Está cambiando Cristina en el ejercicio del poder cuando aún le faltan 20 meses de gobierno? La Gendarmería en Rosario, la ley antipiquetes, Axel Kicillof en el FMI, devaluación y aumento de tarifas, ¿son cambios estructurales de gobierno o necesidad de ser realistas?

Por lo que atañe a nuestra ciudad, la presencia de las fuerzas nacionales es un hecho expreso de asumir el problema del narcotráfico y sus consecuencias delictuales. La decisión debe ser saludada a menos que haya pretensiones de “gataflorismo”, de si fue tarde o si fue todo lo requerido. Claro que el gobierno nacional jugó muchas veces a la política mezquina negando recursos y acciones (coparticipación, fondos previsionales, etcétera) a una Santa Fe que no se alineó con los K. Pero ahora lo ha hecho y con contundencia en materia de seguridad ciudadana. Por eso resultan inapropiadas (por no decir inauditas) las declaraciones de Hermes Binner, que busca el pelo en la leche del procedimiento encabezado por el viceministro de seguridad. ¿Es el mismo Binner que gobernó cuatro años Santa Fe y ungió a su sucesor sin beneficio de inventario con los nombres y los desmanejos en la política de seguridad santafesina? ¿Es el mismo gobernador que negó sistemáticamente el problema y sólo se escudó en la acusación a los medios nacionales de urdir una campaña en su contra? Es el mismo. Ameritaría, frente a este intento de hacer algo, un respetuoso silencio de su parte.

Sergio Berni es el padre del proyecto de este desembarco en Rosario, que no tiene demasiados antecedentes en la historia nacional. Antonio Bonfatti, que aprueba la idea, supo del plan pero nunca del modo ni los tiempos para cumplirlo. La ruidosa llegada a la ciudad del viceministro desnudó aún más el silencio y la inoperancia del socialismo en materia de seguridad. Este médico y abogado con formación militar sabe del tema, trabaja todo el tiempo en el terreno y no en los escritorios, y no esconde su mirada ideológica sobre el tema. Se puede compartir o no. Pero está siempre. En este punto, es cierto que es un giro del kirchnerismo, antes proclive a aborrecer cualquier uniforme. Fue la propia presidenta la que monitoreó el plan de Berni y dio su aprobación. Es que la realidad y no las declamaciones de laboratorio de muchos de los que la rodean, se impone más tarde o más temprano. Como con la inflación, los piquetes y las tarifas de 10 pesos de luz que se pagan en Buenos Aires.

La idea inicial sobre los gendarmes es quedarse unos 90 días más en los barrios ahora custodiados por ellos. “Ya hemos tomado posesión de estos territorios y la gente ha reaccionado muy bien al vernos”, confiesa en estricto off uno de los comandantes del operativo. La semana que viene será el turno de instruir a unos 500 policías locales del modo de actuar en estas operaciones. El ministro de Seguridad de la provincia, Raúl Lamberto, un hombre de buena fe y consciente de que no puede oponer remilgos políticos, digerirá el sapo de ver que su fuerza policial es adiestrada por los responsables del gobierno nacional. El diagnóstico es que de las tres bandas que se reparten los espacios de la zona sur y oeste de la ciudad, sólo una queda operativa.

En los próximos 15 ó 20 días no se esperan procedimientos salientes ni notorios. La tarea, ahora, es de pura inteligencia. Secuestrar teléfonos, armar mapas de complicidades y ubicar a los integrantes de las redes vinculadas con la droga. “En tres semanas va a haber novedades”, dice enigmático este mismo oficial, “si es que la Justicia no nos las frustra”. El ministerio cree que el Poder Judicial federal que dispone los allanamientos está contaminado. Sospecha que desde que ingresan los pedidos, alguien los filtra y los malogra. Muy grave.

De la extensa charla mantenida con otro de los responsables del operativo de Gendarmería surgen datos para tener en cuenta. Allí no se cree que Rosario sea una ciudad “tomada” por los narcos. “Rosario tiene un problema de haber renunciado al manejo de la policía y dejar tierra libre para cualquier cosa. Los socialistas hicieron filosofía negando a la policía como parte del Estado y desguarecieron el territorio. No se trata de un paraíso narco. Se trata de un paraíso de la ausencia de prevención y la impunidad por falta de políticas criminales”, grafica el mismo comandante. Y, en medio de la seriedad del tema, suelta un dato auspicioso: “Si hay decisión política y se sigue con esta saturación de efectivos, acá el tema se resuelve. En la provincia de Buenos Aires, olvidate”, dice. Rosario, en suma, puede ganar la batalla.

Es llamativo escuchar las impresiones que tienen con la ciudad los que recorren las villas de emergencia y los barrios “No hay ni punto de comparación con lo que pasa en el Gran Buenos Aires. Esto es un juego de chicos”, dice un gendarme mientras alimenta a su perro entrenado para la faena. “Las villas de acá son Hollywood al lado de la Zabaleta o la 1.11.14. Son planas, se puede caminar por las calles y cuando detenés a alguien no te ametrallan como pasa en Capital o provincia”, grafica el uniformado.

La estrategia planteada con los 2.000 efectivos apostados en Rosario es “secar” la plaza de droga. “Los kioscos se abastecen cada dos horas. Si logramos evitar que les llegue la mercadería van a salir a buscarla como de un hormiguero”, explica este experto. Es que el fenómeno de estas casas que se van derrumbado o de los búnkers tampoco se compadece con lo esperado. “Que haya un lugar fijo, amurallado, con túneles, destinado a durar, va en contra del capítulo uno del manual de los narcos”, ironiza otro de los responsables del operativo. “Los traficantes jamás se asientan porque sería muy fácil ubicarlos. Salvo que sepan que no hay control policial o que se los arregla fácil”, explica el mismo hombre.

Cristina Kirchner cambió con la experiencia Rosario en su posición respecto del uso de las fuerzas públicas ante el delito. También lo hizo proponiendo una ley para evitar piquetes que siguen floreciendo hasta para protestar por la llegada del otoño. De alentar tomas de comisarías o de dirigentes que se sintieron dueños de calles y rutas, pasó a una lógica de tratar de garantizar la libre circulación de todos. La inflación, antes negada, empieza parcialmente a ser reconocida por el devastado Indec y, por fin, las tarifas de los porteños dejarán de ser un privilegio casi aristocrático. ¿Es un cambio total? Claro que no. La discrecionalidad en el manejo del poder, la tirria hacia la Justicia independiente y la mezquindad en la mirada política persisten en muchos ámbitos. Pero el dique de la verdad de las cosas, con más o menos presteza, siempre aparece. Es que no se puede negar la verdad por mucho tiempo. Cuanto más se tarda, más se paga.

Comentarios