Clásico Copa Santa Fe
Lunes 25 de Julio de 2016

La pasión por dentro, la violencia por fuera

Newell's y Central igualaron con las reservas el clásico de ida de cuartos de final de la Copa Santa Fe, pero el protagonismo lo tomó la barra leprosa que provocó incidentes en el entretiempo y en el complemento.

De la pasión de los pibes a la sinrazón de los hinchas, de los pocos de siempre. Del deseo de sortear un partido livianito en cuanto a expectativa por parte del mundillo futbolístico rosarino, al anhelo de que pueda llegar al final sin que se vea empañado por aquellos personajes de la tribuna que, al fin, casi logran su cometido. De la advertencia que hizo el mismo presidente leproso Eduardo Bermúdez a los organismos de seguridad sobre que querían suspenderlo, a la escasa resistencia visible, pese a los 750 uniformados cuando hicieron el intento. Sin conseguirlo, por suerte. Como corolario, en la pasión bien entendida, un 0 a 0 rocoso, con más nervios que lucidez. De ambos lados. Entendible por cierto. En la violencia disfrazada de ella, un dolor de cabeza enorme para uno de los dos, Newell's, que no tiene la paz que viene pregonando junto a su eterno rival porque tiene la amenaza adentro (ver páginas 8 y 9).

Este clásico se jugó siempre forzado. Con pibes asumiendo un rol que en condiciones normales no les hubiese correspondido. Pero la dirigencia y cuerpo técnico de Newell's y la dirigencia y cuerpo técnico de Central decidieron que las cosas fueran así. Cada uno puede hacer la lectura y análisis que le parezca. Hasta a algunos, en vista de los incidentes que retrasaron el complemento y después lo interrumpieron, protagonizados por una barra que disputa el poder, les pareció lo mejor haber jugado con las reservas para no sumar más adrenalina a la de los violentos.

En ese marco, la historia de los cuartos de final de la Copa Santa Fe tiene un final más abierto que nunca. Porque dentro de seis días habrá revancha en Arroyito. Tal vez con cierta ventaja para el equipo de Leo Fernández porque empató de visitante y lo hizo jugando 45 minutos con un hombre menos. Pero en fútbol los "tal vez" muchas veces disparan para cualquier lado.

Los pibes hicieron lo que pudieron. Le metieron garra y corazón. Quizá poco fútbol. Pero lo hicieron en un marco particular. Con la obligación que Coudet, Osella y ambas dirigencias les tiraron, amén de que para ellos (a los que les tocó jugar) se trate de una experiencia única. Al menos por ahora. Y detenerse en lo que los juveniles de uno y otro equipo hicieron no es menor. Porque son ellos los que durante el campeonato parecieran formar parte de un ataque terrorista en la previa de cada clásico. Son ellos a quienes los dirigentes, la Municipalidad y la Provincia les prohíben jugar el partido de reserva como preliminar por el peligro y el riesgo que ello conlleva. Ayer quedó demostrado que hay más sanata que sensatez. Y que a los violentos los tiene sin cuidado qué equipo juegue. Sus intereses pasan por otro lado.

En ese contexto tan particular de ayer, adentro y afuera de la cancha, sonaron entendibles ciertos yerros, pifias o malas elecciones. No están acostumbrados a jugar con público y bajo presión. En esta ocasión lo tuvieron que hacer.

Muchísimo menos acostumbrados están a lidiar con algunos agentes externos. De esos que atentan contra la salud de cualquier partido de fútbol. Más en un clásico. Para los pibes de Newell's no debe haber sido fácil mantenerse en movimiento durante casi 20 minutos, que fue el tiempo que sus colegas canallas pasaron dentro del vestuario por disposición policial antes de salir a jugar el segundo tiempo, porque en la popular que da espaldas al hipódromo los hinchas comunes que son mayoría corrían de un lado hacia el otro, tratando de guarecerse porque varias facciones de la barra intentaban marcar territorio, algo que de hecho hicieron.

Desde ese momento fue otra historia. Otro partido. O dos en paralelo. Porque mientras Newell's se debatía con su intrascendencia, casi un centenar de policías corría para formarse sobre el lateral de la doble visera, adonde no estaban los violentos. Porque mientras Central se defendía como podía y exigía el ingenio para complicar de contra, otro grupo de uniformados se trasladaba para hacer lo propio detrás de los bancos. Ah, también pasó en la popular de los disturbios.

Del partido que al fin pudo seguir y terminar dentro del rectángulo, poco. Limitaciones lógicas si se quiere, más del lado de un Newell's que solito se fue metiendo en el embudo que le propuso Central, al que también le sobró entusiasmo pero al que le faltó juego. El otro sí tuvo algunas otras emociones, cuando después de una evidente orden en la tribuna varios hinchas se treparon al tejido en forma de amenaza hacia Trucco, hasta que el juez advirtió primero y paró (por cuatro minutos) el juego después. Otra vez los pibes volvían a codearse con una situación que hasta aquí jamás habían vivido. Ni en la soledad de Bella Vista, ni en la lejanía de Arroyo Seco suceden este tipo de cosas cuando les toca jugar partidos de reserva o de inferiores.

Una salida juntos desde el vestuario, formación para las fotos todos mezclados detrás de una bandera que rezaba "Unidos por la pazión" (sí, con "z" para resaltar la palabra "paz"), fue el prólogo de un partido que no sirvió para que alguien pudiera determinar si se cortaba alguna racha y mucho menos para determinar si alguien quedó mejor parado para la revancha en Arroyito. Igual vale la pasión que le pusieron a esos 90 y pico de minutos chatos pero no peores que los varios minutos en el que la violencia se acercó bastante a la línea de sentencia.

A este "clásico oficial" le faltaron detalles

Tanto se habló, y seguramente se seguirá hablando, sobre si estos partidos son oficiales o no. De ambos clubes le quitaron cualquier atisbo de formalidad. Pero la discusión por la discusión misma no es el caso. Sí advertir que hubo detalles, menores si se quiere pero que hacen a la cuestión, que atentaron contra el formalismo propiamente dicho. Antes que nada, si a la barra se le hubiese ocurrido hacer detener una vez más el partido, el mismo se hubiese terminado a oscuras, ya que en ningún momento las luces fueron encendidas. Por un partido del torneo suelen prenderse con el sol arriba. Se estuvo al filo del papelón.

¿Y el carrito sanitario? Tampoco estuvo. Con cada lesionado entraron los auxiliares, pero nada más.

¿Y el aerosol para marcar la distancia d la barrera? Brilló por su ausencia. Trucco hasta tuvo que discutir con Banega porque movía la pelota de un lado al otro.

¿Y el intercomunicador de la cuaterna arbitral? Ni pintó por el Parque.

Detalles, mínimos por cierto. Casi anecdóticos, En ese sentido, poco de oficial.

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