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Domingo 06 de Septiembre de 2009

La pareja perfecta

Ella se ha quedado a vivir en mi cabeza. Cada vez que miro está allí. Parece feliz. Ya se ha habituado a mis horarios de noctámbulo. Apenas me despierto (mediodía) veo sus ojos a mi lado. A veces, hasta sonríe.

Mi amigo está un poco loco.
Hace un tiempo le pasó algo que a todos nos ha pasado: quiso, y no lo quisieron.
Pero él se lo tomó mal. Demasiado mal.
Cada vez que nos reunimos me habla de eso. Aunque no me hable de ella. Tiene la mirada siempre en otra parte. Como si estuviera mirando para adentro. Y está mirando para adentro. El mundo se le ha vuelto una excrecencia. Cada vez que lo encuentro, me recuerda a un muerto: uno sabe que allí hubo vida, pero sólo por datos previos.
Noches pasadas lo sorprendí leyendo, abstraído. A su alrededor el bar hervía de mujeres solas. Pero él no miraba a nadie. Ni a nada.
Me senté, pedí un café y que compartiera lo que leía. Era un texto suyo. Este texto:

Hogar, dulce hogar

Ella se ha quedado a vivir en mi cabeza.
Cada vez que miro está allí. Parece feliz. Ya se ha habituado a mis horarios de noctámbulo. Apenas me despierto (mediodía) veo sus ojos a mi lado. A veces, hasta sonríe.
Yo no la invité a vivir en mí: ella se quedó por cuenta propia. Fue, como se dice, una decisión unilateral. E inconsulta.
Ahora estoy resignado a su dulzura evanescente, a su engañosa transparencia, a sus aires de princesa
kitsch. Le perdono sin dudar su lacio orgullo, su altivez de adolescente acostumbrada a las miradas. Después de todo, a su manera me ilumina y me acompaña de manera celeste. Y tal vez algún día aprenda a existir.
Ella se ha quedado a vivir en mi pecho. Ojalá una de estas noches quisiera ver qué hay afuera. Ojalá saliera de allí y mi cuerpo, entonces, despertara de su sueño para dormir con su sueño.
Pero pido mucho. Debería bastarme que viva aquí, dentro mío, que yo sea su casa y también su cárcel.
Aunque cualquier contacto con el aire, cualquier roce de la verdad la destruyan definitivamente, ella es tan cierta como los latidos de mi corazón. Yo la escucho.
La veo.

Ya se habrán dado cuenta: mi amigo está un poco loco. Y tengo miedo de que alguna de estas noches él también se quede a vivir allí. En su propia cabeza.
Y así convierta en realidad un sueño irrealizable: la pareja perfecta.
Los veo.

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