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Viernes 08 de Noviembre de 2013

La palabra de los maestros rurales

Apenas se ingresa a Tostado, en el mismo predio de la estación de micro, está la Escuela Rodante Nº 942 Angela Peralta Pino.

Apenas se ingresa a Tostado, en el mismo predio de la estación de micro, está la Escuela Rodante Nº 942 Angela Peralta Pino. Hoy, museo provincial. El nombre lo toma de la maestra que durante más de 22 años (1940- 1962) enseñó recorriendo parajes inhóspitos del norte santafesino.

Se trata en realidad de un vagón de tren convertido en escuela. Su interior se divide en un aula, dirección, biblioteca, una cocina, baño y dos pequeñas habitaciones: una para Angelita (así la llamaban), otra para la portera. Era trasladado por un tractor hasta el monte. Pasó por Los Guasunchos, Los Quebrachales, Itapé, Los Guanacos, Cuatro Bocas, El Mate, La Avanzada, La Carreta y La Hiedra. Pobreza, peones sometidos a la explotación del trabajo más brutal y analfabetismo eran parte del panorama, desolador; el reto para esta maestra menuda, sola, que peleaba a diario con padres que promulgaban para sus hijos profecías autocumplidas de miserias.

"¿Para qué va estudiar?", era una de las preguntas con las que la desafiaban a cada rato quienes nada tenían. En uno de los registros que llevaba puntillosamente escribió: "Dolorosamente he comprobado que mis alumnos Reimundo, Claudia y Clementina duermen debajo del catre de los padres, sobre unas bolsas y tapados con un poncho raído. Les dan calor dos perros. En las ranchadas pululan las pulgas, piques, vinchucas, garrapatas y mosquitos. Los piques (ácaros) hacen nido debajo de las uñas de manos y pie. Así he visto a mis alumnos con las yemas de los dedos sangrantes y carcomidas".

La cruda descripción está tomada de un libro que quizás debiera ser de lectura obligatoria en los profesorados: "Angela Peralta Pino: historia de una pasión", de Fernando Raber. Es de la Colección Historias de Vida, editada por Amsafé. Un verdadero documento para entender la educación rural en la provincia, sus orígenes, problemas históricos y recurrentes, las postergaciones y luchas eternas de sus docentes.

Este año "La maestra caracol" -así se la llamó por trasladarse con su escuela- fue recordada a propuesta de los maestros del Departamento 9 de Julio en una iniciativa que tuvo el Ministerio de Educación de Santa Fe, destinada a valorar a los educadores históricos y actuales de la provincia ("Caminos de la educación santafesina").

Angela nació el 9 de noviembre de 1909 (falleció en 1991). La fecha de su nacimiento fue elegida para recordar el Día de los Maestros Rurales. Una manera noble de hacer memoria.

La llegada de Angela Peralta Pino a los obrajes del norte, donde La Forestal escribía una historia negra de miserias y explotación, no sólo significó la oportunidad para alfabetizar a los hijos de los más olvidados, sino también para recoger testimonios del desamparo en que vivía esta población, y demostrar que el derecho a la educación es infinito.

A principio de este año, los maestros rurales fueron noticia a través de la tragedia. En un accidente con 10 muertos, fallecieron 7 maestras. Así, de golpe, cuando simplemente iban a enseñar. Tan desolador como inexplicable.

La muerte de estas docentes volvió la mirada una vez más a la realidad de las escuelas rurales, cómo trabajan sus maestros, las alegrías, y también las peripecias que deben hacer hasta para cumplir con absurdas normas diseñadas por quienes jamás pisaron siquiera el lugar. Y que sobreviven.

"No es la primera vez que una tragedia nos toca a los docentes. Tenemos casos como el de Daniela Spárvoli (maestra violada y asesinada en un camino rural), que hacen dedo, de quienes con tal de llegar a su lugar de trabajo lo hacen en las formas que pueden, con su propio auto o haciendo «vaquitas» para abaratar los costos o metiendo los pies en el barro. No en todos los contextos de la provincia hay transporte público", denunciaba una educadora de Calchaquí (departamento Vera), integrante de Amsafé provincial, Mónica Soria (La Capital 1/6/2013).

Repasaba el pedido histórico de "transporte gratuito para todos los docentes y estudiantes", y que se contemple la realidad geográfica (distancias, aislamientos, inclemencias del tiempo) para llegar a clases a tiempo. Las maestras fallecieron en un accidente de tránsito ocurrido por una densa neblina.

Propio de quien conoce el terreno, no dejaba nada al pasar: pedía control del Estado en los transportes, en el cuidado del medio ambiente (por las cada vez más frecuentes fumigaciones) y en especial que se comprenda que "donde hay un niño tiene que haber una escuela, un maestro al lado".

También ponía en discusión el principio de "igualdad educativa", al citar la preocupación creciente por la deserción de los estudiantes secundarios desde que se sacó el avance de este nivel de las escuelas rurales primarias (fue durante la gestión de la ex ministra Elida Rasino) y se los trasladó a los llamados "núcleos rurales": "Las posibilidades que tienen los chicos de asistir a los núcleos rurales son discutibles e inciertas".

Desde los primeros maestros rurales, pasando por Angela Peralta Pino, hasta la actualidad hay una demanda postergada, negada, un debate cerrado a la posibilidad de contemplar la modalidad rural en el sistema educativo santafesino. Tal como tiene la educación de adultos, la especial.

No sólo porque así lo contempla la ley de educación nacional, sino por algo más noble: ofrecer la atención educativa propia, que necesitan y merecen estas poblaciones; ni más ni menos, diferente. Atenta a la diversidad educativa que marca la geografía. Para que no haya más muertes. Para generar igualdad de oportunidades reales.

Y, una vez más, los que mejor preparados están para hacerlo y decir qué hace falta son los maestros. Alguna vez habrá que darles la palabra.

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