Educación
Sábado 29 de Octubre de 2016

La palabra para construir saberes

Profesoras del secundario analizan el vínculo con los estudiantes. La necesidad de pautas claras y más confianza.

¿Cómo es la relación entre profesores y estudiantes en la actualidad? ¿De qué manera tratan de adaptarse los adultos a las necesidades y requerimientos de los adolescentes? ¿Cuánto influye esto en el dictado de las materias y el aprendizaje? Estas y otras preguntas surgen cada vez que escuchamos a estudiantes referirse con agrado o enojo respecto de su profesor o a educadores que encuentran dificultades para dar clases.

Por un lado, alumnas y alumnos que demandan reconocimiento, valoración y ser parte de un aprendizaje que los cautive y sorprenda; por el otro, docentes que permanecen en la búsqueda de herramientas y estrategias que logren interesar a los jóvenes en la materia y en las clases. El contexto es diferente al de veinte años atrás y, seguramente, no será el mismo en la próximas dos décadas. Para un grupo de educadoras consultadas por La Capital, puede variar el vocabulario, el trato profesor-alumno, el rol docente, sin embargo las reglas deben permanecer claras, la honestidad ser el pilar de todo aprendizaje y la palabra mediadora de todas las relaciones. Con este pensamiento Verónica Rosenfeld, profesora de física de la Escuela Superior de Comercio; Andrea Zubiri, vicedirectora de la Escuela Técnica Nº 625 Carlos Guido y Spano, y Mariela Degano, profesora de biología del Instituto Zona Oeste, reflexionan sobre un vínculo cada vez más complejo.

"Educar es un gesto de amor, pasión y dedicación, pero si el docente no siente nada de esto, es sólo un transmisor de saber, sentado en un escritorio dictando toda la clase. Los adolescentes no van hoy por ese lado, es preciso transitar otros caminos", sintetiza la profesora Degano y agrega: "El saber se construye desde otros lugares como la escucha, el paso a la palabra o el tratamiento de alguna situación vivida en el aula".

¿Con qué estrategias se logra mayor empatía con los estudiantes? Para Degano, también tutora de primer año, aplicar la pedagogía del afecto y del deseo facilita y mejora esa relación: "Hace falta preguntarles qué les gustaría ser o de qué les gustaría hablar, cómo pasan su tiempo libre, todos estos datos hacen posible construir nuevos espacios. Si el docente tiene la habilidad de darle paso a ese deseo, el vínculo es sencillo. Cuando los jóvenes se interesan y movilizan por algo, los límites aparecen solos, no hace falta imponer algo desde la disciplina porque saben hasta dónde pueden manifestarse y decir lo que piensan". Como profesora de biología, señala además que el espacio de la Educación Sexual Integral (ESI) es interesante para conocer sus intereses y establecer una relación diferente con la clase.

Pautas claras

"Es el adulto quien debe establecer pautas básicas de conducta, y explicar qué cosas pretende enseñar, esto evita sorpresas o malos entendidos en lo académico durante el año. Deben informarse cómo trabajaremos la materia, y de qué manera serán evaluados", remarca la profesora Rosenfeld, responsable del Departamento de Física, Biología y Química (Fibiqui) del Superior de Comercio (UNR), sobre el modo de trabajar los contenidos. "El vocabulario dentro del salón es importante también para transmitir respeto, aunque en la comunicación verbal todos sabemos que se puede maltratar a alguien sin insultarlo o diciéndole querido", aclara.

En este vínculo sincero y de confianza, los alumnos y las alumnas deben encontrar un espacio para explicar y justificar cuando no hicieron un trabajo práctico o no estudiaron para una prueba, así como los profesores deben estar capacitados para diferenciar una problemática personal de lo que sucede en el aula. "Siempre es bueno —dice— reconocer este tipo de situaciones y transmitirlas, en el caso de los alumnos muchos no se animan, otras veces establecen acuerdos con sus profesores para la postergación de una fecha de entrega de un informe o la reprogramación de alguna prueba". Para Rosenfeld todo dependerá del vínculo que se haya creado hasta ese momento, y alude que todos alguna vez tuvieron un profesor que no querían, "aunque fuera una eminencia hacía que la materia perdiera interés y motivación. Es necesario entender que no todos los docentes son iguales, también aceptar esta diferencia cuando llegue la hora de trabajar y no todos los compañeros sean de su agrado".

"El adolescente atraviesa una etapa que es la más linda, pero a la vez la más conflictiva; y todo lo viven intensamente: lo bueno y lo malo"

Contención y confianza

"El adolescente atraviesa una etapa que es la más linda pero a su vez la más conflictiva, todo lo viven intensamente: lo bueno y lo malo. Están felices si jugaron bien un partido o derrotados si erraron el tanto. A veces son pavadas, otras requieren asesoramiento y acompañamiento. Así te enterás de algunas cosas que en otros trabajos no, y esta es la parte más compleja porque entran en juego los sentimientos por el alumno. A veces suceden situaciones emergentes como un alumno herido de bala, y estas cosas debemos tratarlas también en el salón. Cómo no vamos a hablar de estos temas cuando todos están mal". La profesora señala que esta confianza, empatía y en algunos casos liderazgo que el profesor o profesora logra entablar con sus alumnos y alumnas puede tener una injerencia positiva y también negativa. "Los adolescentes son más vulnerables y el docente se convierte en un referente para el alumno", destaca con respecto a esta relación que es asimétrica pero no debe estar caracterizada por la agresión ni por la manipulación.

"Lamentablemente, muchas veces el alumno se encuentra en una posición de minusvalía frente al docente, «yo te pongo uno porque quiero». Los estudiantes deben informar este altrato, que quizás no lo hagan por miedo a llevarse la materia. Ninguna de las dos cosas deberían pasar", dice Rosenfeld.

Expresar las emociones

"Que el docente se ría o comparta chistes con los alumnos no significa que pierda autoridad, al contrario, genera un espacio para que puedan expresar lo que les pasa en la materia o en su vida", remarca Andrea Zubiri, profesora de prácticas profesionalizantes y vicedirectora de la Técnica Nº 625 con respecto a un vínculo que siempre se alimenta a través del diálogo y de la palabra. "El profesor debe generar confianza, estar atento a la clase que no es solamente seguir el contenido planificado. Muchos chicos además tienen la necesidad de recibir un abrazo, pero como profesoras siempre pensamos si dárselo o no, si corresponde o no, y a veces nos vemos limitados en ciertas actitudes como estas". Además destaca que los adolescentes siempre reclaman claridad en las consignas y en todo aquello que el docente tiene para decir.

Como profesora de una escuela cuya terminalidad es la comunicación multimedial, Zubiri destaca que los espacios donde se enseña también expresan una idea, un pensamiento y proceder; y que la relación dependerá principalmente de cómo el docente se ubique frente a los alumnos. "Acostumbramos a salir del aula y dar clases también en el patio, y que no sea por un rato ese contexto rígido con el que todavía convivimos a diario en el aula con las mesas dispuestas en fila".

Redes sociales y celulares

Hasta dónde permitir o no el uso del celular en clase, bajo qué circunstancias recurrir a las redes sociales para transitar la comunicación con los alumnos, son planteos frecuentes para la clase. La mayoría de los profesores trata de incorporar el celular para la búsqueda de material, el registro de fotos o la presentación de un trabajo práctico. "Forma parte de los adolescentes, en el laboratorio por ejemplo, sacan fotos todo el tiempo, y en clase registran lo escrito en el pizarrón. Eso no molesta pero no les permitimos enviar mensajes durante la clase o sacar el aparato en las evaluaciones. Lo fundamental es que sean honestos porque no estamos banco por banco supervisando si se están copiando en una prueba, pero si se descubre una situación como esta tendrán un aplazo", dice Rosenfeld. También aclara que los profesores del Superior tratan de no involucrarse en Facebook o WhatsApp, para evitar confusión entre las cuestiones privadas y las académicas. .

La profesora Degano coincide con este pensamiento: "Hay que ser cuidadosos a la hora de compartir una foto o publicar algo, porque ellos son adolescentes y nosotros adultos, cuando los límites están claros estas cosas no suceden". Zubiri sostiene que las redes sociales no generan vínculos e intercambio, "el contacto y la conexión se logran con la charla, cada vez que nos encontramos en un pasillo con un alumno, y tiene ganas de hablar". Sin embargo, es consciente que los docentes recurren a la tecnología para optimizar el aprendizaje. "Son los profesores quienes habilitan la consulta fuera del aula, sin embargo deberíamos buscar otros tipos de plataformas. Se podría crear un blog u otro sitio web donde organizar la materia con actividades y aspectos teóricos".


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