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Sábado 21 de Diciembre de 2013

La oruga bolillera llegó para quedarse en la soja

Ya pasaron varios años desde que la oruga bolillera (Helicoverpa gelotopoeon) hizo cabecera de playa en la soja. Fue a partir de 2007 cuando se observaron las primeras grandes invasiones...

Ya pasaron varios años desde que la oruga bolillera (Helicoverpa gelotopoeon) hizo cabecera de playa en la soja. Fue a partir de 2007 cuando se observaron las primeras grandes invasiones que merecieron la atención de técnicos y productores. Y no se fue más. Cada año, en más o en menos, siempre estuvo, agravando sus daños en épocas secas. Y no es que le guste la baja humedad del ambiente, sino que las plantas estresadas le ofrecen un hábitat más seguro y la supervivencia es mayor.

Los adultos, polillas cuyas poblaciones se pueden medir en trampas de luz, ponen huevos en la base de los brotes. Las larvas recién nacidas se dirigen inmediatamente a los folíolos nuevos. Cuando la planta está bien hidratada, los folíolos se abren rápidamente descubriendo la hoja tri-foliolada. Pero cuando la planta está en estrés, cada folíolo permanece plegado mucho tiempo y la larva allí dentro está menos expuesta a condiciones climáticas adversas y a predatores. Solo una pequeña hormiga colorada puede encontrarla con éxito y alimentarse de ella.

A la hora de controlarla aún se discuten los "umbrales". Desde los históricos "3 por metro lineal" propuestos por Aragón el siglo pasado, hasta 1 a 2 por metro lineal (100 por ciento de diferencia entre una cifra y otra). Otros, en algún momento gritamos "casi 1... es umbral". Y posiblemente todos sean ciertos. Es que no depende tanto del número como de las condiciones ambientales y las características fisiológicas actuales de la planta.

Las plantas que tienen agua en el perfil crecen rápido, en menos de una semana pasa de V2 a V3. El volumen foliar se duplica constantemente en las primeras etapas fenológicas. Aunque la plaga esté y haga algún daño, la planta "diluye" este perjuicio al crecer rápidamente. Entonces, no está mal hablar de 3 por metro lineal. Pero si la planta está en estrés y crece muy lentamente, con los folíolos plegados, la larva come el brote por dentro y rompe la dominancia.

Fisiológicamente la rama secundaria "carga" menos que el tallo principal, y entonces ya hay daños significativos. En este caso se han medido hasta 10 quintales de diferencia entre plantas protegidas y sin tratamiento. El "casi una", o sea, menos de una por metro, se hace cierto en estas circunstancias.

métodos de control.La pregunta que siempre llega es "¿cual es el mejor producto para controlar a la bolillera?". Y las respuestas son tantas cuantas condiciones ambientales y de cultivo existan. Porque un piretroide actúa por contacto sobre la larva y luego por ingestión de la hoja que tiene el producto absorbido en la cera de la cutícula. Y funciona bien, pero ¿qué pasa si los folíolos están cerrados y llega un piretroide a la parte de adentro? En estos casos el contacto no funciona ya que la larva está protegida, pero la ingestión es el mecanismo por el cual se la controla. El piretroide queda en la parte de afuera de la hoja, pero la larva hace orificios de un lado hasta el otro (donde está el producto) e ingiere el producto.

Hay que hacer dos consideraciones al respecto. La primera es que en el lugar donde comió debe haber producto en la concentración necesaria. Por tanto la calidad del piretroide es muy importante. Hay algunos como la cipermetrina que en dos días ya dejan de tener efecto. Otros como lambdacialotrina, gamma, alfametrina , zetametrina o bifentrin persisten entre 5 y 8 días dependiendo de la formulación. Pero hay que asegurarse que en el lugar comido haya producto en la concentración necesaria. Para ello es muy importante revisar las dosis y usar humectantes de primera calidad.

Las opciones. Se escucha también: "Usando un fosforado de penetración (clorpirifos, profenofos) es más seguro, ya que llega al otro lado de la hoja". Es cierto, a las dosis de penetración, pero tiene las mismas limitantes que los piretroides. Deben llegar en la concentración necesaria (aunque penetren lo hacen siempre verticalmente, como si se hincara un alfiler) y al lugar donde dio el bocado la larva.

Los reguladores de crecimiento, (IGR) de contacto o leve penetración en la hoja entran en las mismas consideraciones, sólo que hay que asegurarse que las larvas no superen el estadio L3, ya que pierden efectividad. Pero todos los tratamientos antes mencionados tienen una limitante. Sólo protegen la hoja tratada. Si a la semana siguiente la planta emitió un nuevo brote, éste ya no está protegido y las larvas nuevas "ni se enteran del tratamiento".

Este fenómeno llevó a muchos técnicos a opinar que tal o cual producto "no funcionan bien", ya que a la semana siguiente la infestación continuaba. Es muy posible que el tratamiento haya funcionado bien, y que las larvas nuevas se hayan producido sobre folíolos no tratados.

En el monitoreo se observa que en algunos lotes tratados la persistencia (que evita la re-infestación) era mayor a lo esperado y no se cumplía la premisa de proteger solo el folíolo tratado. Y se encontraban larvas muertas en brotes nuevos que no estaban al momento de la aplicación. Esto se daba solo con un producto (rynaxypyr).

La hipótesis era que se absorbía por tallos y ascendía por sistemia los días posteriores al tratamiento. Al efecto se realizaron ensayos para entender el funcionamiento de este producto.

Los resultados fueron contundentes. Las plantas a las que sólo se mojó el tallo controlaron a las larvas que nunca tuvieron contacto directo con el producto y los folíolos en los que estaban no tuvieron nunca producto.

Esto demuestra el efecto sistémico y explica el porqué de la protección en hojas nuevas que no estaban presentes a la hora del tratamiento. Habrá que ajustar dosis y mecanismos de aplicación para asegurar que las gotas con la concentración necesaria alcancen los tallos, siendo el humectante una variable innegociable para asegurar la adherencia de las gotas.

Conocer este mecanismo de control es clave en momentos en que se sospecha la aparición en Argentina de una plaga que actúa parecido a la bolillera, la "oruga africana" o "bolillera brava" (Helicoverpa armigera), que el año anterior hizo estragos en todo Brasil.

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