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Viernes 23 de Marzo de 2012

La oposición al gobierno está perdida en su propio laberinto

El senador Adolfo Rodríguez Saá reconoció con naturalidad que el bloque que coordina —Peronismo Federal— votaba de tres maneras distintas la reforma a la carta orgánica del Banco Central.

El senador Adolfo Rodríguez Saá reconoció con naturalidad que el bloque que coordina —Peronismo Federal— votaba de tres maneras distintas la reforma a la carta orgánica del Banco Central propuesta por la Casa Rosada (aprobada por 42 votos a 19). Algunos de los federales votaron en contra, otros a favor y el puntano (junto a su coterránea Liliana Negre de Alonso) pidieron abstenerse.

También el socialista Rubén Giustiniani —en la misma sesión— pero en el tema del traspaso de los subtes y colectivos de la Nación a la ciudad de Buenos Aires (ganó por goleada el oficialismo: 55 a 8) se abstuvo de votar cuando los restantes tres miembros del interbloque del FAP (Luis Juez, Norma Morandini y Jaime Linares) lo hicieron en contra.

Cuando el 12 de febrero pasado se escribió en la columna "CFK: paz, amor y hegemonía", de este diario: "La acumulación política anti-K —en cualquiera de sus variantes— continúa declinante, el proceso desintegrador de esas fuerzas aún no ingresó en su fase más aguda", quien escribe se refería a la realidad que con crudeza comienza a materializarse en estos días en el Congreso.

Sólo la persistente disputa política mediática que propone un grupo de medios de comunicación opositores, con altas audiencias y definidos a recurrir a cualquier estrategia con tal de golpear al kirchnerismo, pudo ocultar transitoriamente la correlación de fuerzas favorable con que cuenta el oficialismo en los cuerpos legislativos de todo el país, con contadas excepciones.

Casi 14 horas de debate en el Senado el último miércoles fueron suficientes para advertir sobre una realidad sin precedentes desde la recuperación de la democracia en el 83. Por un lado, el bloque oficialista, sin fisuras, y que con aliados permanentes ronda el 60 por ciento de las voluntades; y por el otro, tres grupos principales de opositores, minoritarios, que además no logran mantener unificada una posición común, y votan divididos.

De los restos y fragmentos de la experiencia del Peronismo Federal, antikirchnerista, que se expresó en las fallidas candidaturas presidenciales de Eduardo Duhalde y Alberto Rodríguez Saá, no era razonable esperar una performance pujante de sus miembros en el Congreso de la Nación.

Distinto es el caso del agrupamiento que referencia el ex gobernador de Santa Fe Hermes Binner, que con cierta rimbombancia —hace pocos meses— puso en marcha una "mesa nacional" de ese frente electoral donde se anunció: "El FAP va a votar en común en el Parlamento".

En la semana anterior, en oportunidad del tratamiento de la ley de reforma a la carta orgánica del BCRA, en Diputados, el FAP ya había mostrado sus diferencias: los diputados del PS votaron en contra, otros diputados (Unión Popular, también en el FAP), se abstuvieron.

La experiencia marca lo dificultoso que resulta hacer coincidir palabras con hechos.

Antes de que empiece el período legislativo 2012, el FAP mostró divergencias en hechos políticos que sucedieron en el verano. Cuando la Casa Rosada convocó por el tema Malvinas, parte del FAP rechazó y denunció una maniobra del gobierno nacional (el GEN, de Margarita Stolbizer), mientras los socialistas se sumaron a la iniciativa.

Cuando los diputados se aumentaron las dietas, Victoria Donda (Libres del Sur, FAP) hizo una gigantografía para denunciar la suba; en cambio, su socia del PS Alicia Ciciliani lo consideró razonable.

Conveniencia.Las decisiones editoriales de los medios opositores de potenciar al infinito los hechos favorables en clave opositora y, en contrario, "esconder" los sucesos inconvenientes forman parte de una potestad constitucional: la libertad de expresión, y la libertad de empresa que goza la Argentina.

Por eso, ayer el diario de mayor circulación del país publicó con el título "Casi sin debate, el Senado aprobó el pase de los subtes a la ciudad", en la página 19, cuando hubo un debate de casi ocho horas.

Los medios de comunicación opositores no van a elecciones. Las organizaciones políticas sí. El criterio de ocultar lo inconveniente y potenciar al infinito aquello que resulta favorable no parece, por ahora, una receta productiva para opositores.

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