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Sábado 27 de Diciembre de 2008

La ocasión de cambiar la calle por la escuela

En los últimos 10 años hemos sido testigos de una progresiva precarización de lo social y, en consecuencia, también de lo educativo.

La pobreza de las familias se encuentra con las pobrezas de la oferta escolar. Las instituciones para pobres son también pobres porque carecen de recursos humanos y materiales acordes con los desafíos que deben asumir. De este modo las dos pobrezas se conjugan dificultando calidad y eficiencia. Esta pérdida de oportunidades de los más desprotegidos seguirá provocando deterioro, lentamente pero sin pausa, de no mediar intervenciones lúcidas y comprometidas con esta realidad.

Las formas de la exclusión contribuyen a la generación de personalidades desintegradas. El riesgo, la inestabilidad, la ausencia de vínculos y personas significativas tienden a proyectarse en los excluidos, a través de conductas desordenadas, incapaces de generar objetivos a mediano y largo plazo. La falta de proyectos, el no tener qué hacer, el tiempo sin sentido, afectan la estructura psíquica y emocional de niños y jóvenes.

Es así que, frecuentemente, éstos para escapar de una existencia en la que no hay qué esperar; para sentir que aún están vivos pueden recurrir a la violencia, la droga y el delito. Ante estos comportamientos violentos, muchas veces, la sociedad y el Estado responden con otras violencias, exclusión, represión, estigmatización, encarcelamiento a edades cada vez más tempranas y otras agresiones. Todas ellas gravísimas por ser impuestas por instituciones que deberían responder con inclusión y socialización.

Cambiar condenas y exclusiones por oportunidades de calidad sobre la base de vínculos afectivos sanos y reparadores, es un camino de salida en el que el Estado debe ser el principal protagonista.

El trabajo educativo en contextos de pobreza crítica nos llevó a generar proyectos de inclusión social. Uno es la Escuela Orquesta, un proyecto pedagógico, artístico y social, dirigido por la profesora Derna Isla. Funciona en la Escuela Nº 1.027 desde mediados del 2005 y, desde 2006, se potencia con el aporte del presupuesto participativo municipal.

Este proyecto produjo en Ludueña lo insospechado y largamente deseado: cambiar calle por escuela (los chicos asisten en turno mañana y tarde), violencia y droga por esperanza y vida digna, lo inmediato por un futuro planificado.

Otro de los proyectos es el de socialización "Volver a empezar". Tuvo como destinatarios a 23 jóvenes detenidos en la Comisaría 12ª de Barrio Ludueña, sus familias y comunidad de pertenencia. Pero el Gobierno provincial nunca reconoció formalmente este proyecto.

Que la exposición de esta problemática sirva de motivación a los docentes y operadores a trabajar; y a los gobernantes para generar políticas y asignar recursos donde más se necesiten.

(*) Directora Escuela Nº 1.027

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