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Domingo 17 de Enero de 2016

La obra en el cuerpo

El día que cumplí los mismos años de Cristo cuando murió festejé en Metropolitan, una funcional casa de shows para unas 8.500 personas paradas.

El día que cumplí los mismos años de Cristo cuando murió festejé en Metropolitan, una funcional casa de shows para unas 8.500 personas paradas.

Mis estudios de posgrado me habían llevado a vivir en una Río de Janeiro que un mes antes seguía peleando, luego de las confirmaciones en Sao Paulo y Curitiba, una plaza en el Earthling Tour, la inmensa gira a la que David Bowie se lanzó el 17 de mayo de 1997 en Dublín para presentar ese disco y lo llevó por toda Europa, EEUU y América del Sur para cerrarla el 7 de noviembre en Buenos Aires.

Esa dilación justificó la falta de apoyo publicitario al show carioca. Tanto que para comprar las entradas, en un puesto ubicado en la Lagoa Rodrigo de Freitas, fui preparado mentalmente para hacer, irremediablemente y con 40º grados a la sombra, la inmensa cola de fanáticos. Era el único de la fila.

Ese 2 de noviembre de 1997 hizo mucho calor y para la noche el anuncio de agua se transformó en un alerta por lluvias fuertes. El Metropolitan queda en Jacarepaguá, lejos, muy lejos, por lo menos de Copacabana. Y ante la furia de la naturaleza, en Río recomiendan quedarse en casa (excepto que toque Bowie).

El colectivo que iba bordeando el Atlántico salió del último túnel de la avenida Niemeyer y casi tumba ante la agresividad del viento y una lluvia diluviana. Asustados y hechos una gota, llegamos más tarde de lo que pensamos y en la puerta de la sala no había nadie. ¿Se suspendió? Adentro hubo que esperar a que llegue la gente. Erasure le puso su tecnopop a una noche que pintaba, ya a esa altura, surrealista. Cuando comenzó a sonar I'm Afraid of Americans no éramos más de 1.500 personas. Si hasta recuerdo haber cruzado su alienígena mirada.

No es verdad que el dolor por la pérdida de Bowie se apacigüe con su música. Porque fue un artista que, como pocos, inscribió su obra en su cuerpo. Y esa creativa, rebelde e innovadora corporeidad (que solamente puede ser compartida en un concierto en vivo) es lo que la puta muerte se llevó. Ahora suban el volumen y... bailemos.

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