Corrupción
Domingo 06 de Noviembre de 2016

La noche en que el discurso de Scioli no logró confrontar con la realidad

En el programa de Mirtha Legrand el ex gobernador fue cuestionado por lo que no hizo en su gestión por el padre de un niño que mató a un ladrón.

Sábado a la noche en el programa de Mirtha Legrand. El invitado central es Daniel Scioli, durante años amigo personal de la conductora, aunque, en estos últimos meses, su relación ha entrado en un cono de sombra. En la última elección presidencial ella se inclinó por el ex presidente de Boca. Luego de las presentaciones de rigor, el ex candidato a la Presidencia, ex gobernador y ex vicepresidente tuvo que defenderse de las críticas que le propinaba Mirtha sobre los casos de corrupción en su anterior gobierno provincial, dado que Alberto Pérez, su jefe de Gabinete, fue citado a declarar por un desvío de fondos públicos.

Por otro lado, en el transcurso de la cena discutió con varios invitados sobre su responsabilidad en la creciente inseguridad que viene padeciendo la provincia de Buenos Aires. Scioli se defendía como podía, pero, hasta ese momento, el debate se instalaba entre iguales: político, conductora, periodistas. Todos asiduos participantes del mundo de los medios.

Hace unos años, y especialmente desde la crisis del 2001, los políticos se han refugiado en los medios. El miedo al contacto con la gente, la imposibilidad de controlar el territorio y el temor a las posibles reacciones de la "gente común" han producido una retracción de la política al ámbito mediático, en particular al televisivo. Muchos de ellos se han transformado en panelistas de los programas periodísticos y de "interés general", tanto en la franja horaria de la tarde como de la noche: Infama, Animales Sueltos, Periodistas, Tercera Posición, Código Político, son buenos ejemplos.

Estas participaciones se han transformado en parte del trabajo cotidiano de los políticos de profesión. Tener un discurso para los mediáticos que comparten un programa como el de Mirtha es una cosa, otra muy distinta es confrontar con alguien que pertenece al "mundo real" y fue víctima de varios hechos de inseguridad en los últimos meses, en particular el último, donde su hijo de 13 años mató a un ladrón que quiso robar su casa. Un político puede debatir con los opinólogos (tertulianos, como lo llaman en la TV española) de turno o dar un discurso a la audiencia televisiva con más o menos éxito, pero cómo puede confrontar, y salir indemne, ante una víctima.

En el programa de Mirtha, Scioli fue pescado "in fraganti" por el padre del chico, que formaba parte de los invitados a la cena.

Salinas (padre del chico): Yo le entiendo lo que quiera pero no le mienta a la gente, porque eso es mentira, decir acá que quiere desarmar a la gente cuando estuvieron 12 años en el gobierno es mentira.

Scioli: A la gente no, a los delincuentes, dar un paso más en la lucha contra el desarme de los delincuentes.

Salinas: Pero, ¿por qué no lo hizo cuando le tocó, señor?

Scioli: Porque destruimos 120 mil armas, pero es un tema que tiene que dar el Congreso, el debate.

Salinas: Siento que me está tomando el pelo, de verdad se lo digo.

Scioli: No, es un debate que se tiene que dar en el Congreso, que se tiene que dar, hasta el diputado Sergio Massa lo está haciendo.

Salinas: Pero, ¿por qué no lo tocó en el Congreso? Tuvieron mayoría durante años, caballero.

Scioli: Bueno, porque desgraciadamente hay veces en las que uno plantea una cosa y no sale, es la democracia. Yo entiendo que la gente, en defensa propia como en este caso, reacciona de esta manera y tenga un arma como defensa, pero el Estado tiene que llegar a las causas más profundas, que tienen que ver con esos delincuentes que no pueden tener esas armas.

Salinas: Los delincuentes tenían 40 años, estuvieron cuando usted fue vicepresidente y fue gobernador. Esos delincuentes los tenía que detener usted.

Scioli: Bueno, combatimos...

Salinas: No, no combatieron nada porque esos delincuentes tienen un prontuario de este tamaño, así que no me chamuye, por lo menos le pido que no nos chamuye.

En los medios, con la palabra y con la imagen se trata de construir una realidad que pocas veces se confronta con el afuera. A Scioli le tocó una de esas pocas ocasiones. No se dio cuenta. ¿O la costumbre de hablarle a la cámara y a sus "iguales", a los que están del lado "de acá" de la pantalla (periodistas, políticos y columnistas de la más variada prosapia) lo cegó?

Un discurso persuasivo para la TV se puede gestar desde un escritorio y ejecutarlo del mejor modo posible ante las cámaras, pero cuando se impone la evidencia, la de los hechos, o la del testimonio personal, no hay persuasión posible, no hay argumento que pueda imponerse contra la evidencia: es el umbral inferior de cualquier argumentación. Sólo hay lugar para el debate, para la persuasión, cuando no hay evidencia posible, cuando estamos en el mundo de lo opinable. El umbral superior (el techo) del discurso político es la violencia, entre esos dos límites es el reino del lenguaje: cobra importancia cuando la evidencia no existe o es discutida y desaparece cuando las palabras no alcanzan y es reemplazada por la violencia. Por eso para los griegos el fin de la palabra, y de la política, era la guerra. Contra la evidencia no hay palabra efectiva, no hay argumento que pueda vencer a lo que una sociedad le asigna el valor de verdad indiscutida. Ante ella no hay debate posible.

Y si la antigua retórica no nos ayuda a entender el lugar de la palabra en la política, el peronismo nos brinda un axioma que Scioli, en estos casos, debería recordar: "Mejor que decir es hacer". Y si no hiciste, fuiste.

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