Clásico
Domingo 06 de Noviembre de 2016

La música de cámara, en todo su esplendor

El oboísta rosarino Luis Giavón y el violinista Elías Gurevich encabezarán el miércoles en El Círculo un singular concierto.

El violinista Elías Gurevich y el oboísta Luis Giavón, dos músicos refinados y de larga trayectoria, gestaron un concierto de cámara que ocurrirá el próximo miércoles a las 21. Esa gestación reúne unas singularidades que alientan expectativas de cara a la cita: por un lado, tocarán junto a Lorena Barile en flauta, Kristine Bara en viola, Marcelo Bru en violoncelo y Leonel Lúquez en clave (un seleccionado con lo mejor de cada casa); por otro, será en la sala mayor del Teatro El Círculo, algo que no sucede muy a menudo tratándose de música de cámara; y, finalmente, lo sugerente del repertorio elegido.

   Tres obras de Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791) están en el centro del programa: el Trío Divertimento Nº 1 para cuerdas, el Cuarteto para flauta en Re Mayor, y el Cuarteto para oboe en Fa Mayor. Esa trilogía de Mozart estará precedida por la interpretación del Cuarteto para flauta, oboe, violín y continuo, de Georg Philipp Telemann (1681-1767), y sucedida por la del Quinteto en Re Mayor, de Johann Christian Bach (1735-1782). Las fechas, las épocas de vida de los compositores, ubicados así en el programa, en este caso dicen mucho: el lugar central del concierto lo ocupa Mozart, pero antes y después de ser interpretado están sus antecesores. La lectura del plan interpretativo da cuenta de un plan meditado y traza un recorrido. Y, como se dijo antes, si eso además ocurre en la hermosa inmensidad del teatro El Círculo, es apropiado ilusionarse con que esa noche, otra vez y como grata sorpresa, la mejor música de cámara reclame su apogeo.

   Entrando y saliendo de escena según de qué obra se trate, estos seis músicos cuyos nombres son tan familiares a Rosario aunque ninguno de ellos sea oriundo de aquí excepto Lúquez -Elías Gurevich es uruguayo, Kristine Bara es de Letonia, Marcelo Bru de Tucumán, Luis Giavón de Justiniano Posse, y Lorena Barile de San Nicolás-, entienden la partitura dispuesta en sus atriles como punto de partida para una feliz conversación entre ellos, siempre de alcances inesperados, que puede resignificar una obra tantas veces como sea interpretada. En diálogo con Escenario, Giavón habló de las razones del encuentro y la elección del repertorio: "Hay un eje en este concierto que son las obras de Mozart; se nos ocurrió vestir eso con obras de sus antecesores, antes y después de interpretar lo suyo. Y estas composiciones de sus antecesores son muy iluminadas, es el espíritu que necesitábamos".

   "Nací en un pueblito doscientos años después que Mozart, sin haberlo sabido durante mucho tiempo, y traté de conectarme con él desde allí, traté de imaginar a una persona que en aquella época, en ámbitos tan precarios, creaba esos parámetros de belleza mientras la gente se despedazaba una a otra; así, en esas condiciones, él creaba esa especie de puente entre el Barroco y el período Clásico. Los hijos de Bach o Telemann eran tipos comunes y corrientes, descubrir eso es fascinante y es también lo que me moviliza y me interesa compartir", reflexionó.

   "Para mí las obras de ese momento son el germen de todo lo que se fue abriendo después, en un gran abanico, para reflejar las emociones y afectos que produce la combinación de armonías, de tempos ? Ese fue un momento de esplendor donde todo pudo extenderse, desde el cual todo pudo expandirse", dijo Giavón.

Viejos amigos. Ex integrante de La Sociedad de los Cinco Vientos (grupo rosarino ya disuelto), el oboísta comentó que, de algún modo, el concierto "es una consecuencia de todo lo que se pudo hacer con La Sociedad, en contacto con viejos amigos de la Camerata Bariloche, como Elías Gurevich. Con Elías organizamos este encuentro y la propuesta empezó a cerrar por los amigos en común: Lorena (Barile) estaba de regreso en Rosario y también había tocado con Elías y con Marcelo Bru. Y convocamos a Leonel (Lúquez), que está haciendo desde hace unos años un estudio muy profundo del clave en el Barroco".

   "A la hora de pensar programas y en términos personales, es interesante para mí el vértigo de no tener una plataforma, después de tantos años, como lo era La Sociedad de los Cinco Vientos, y poder semblantear con quién quiero tocar. Es proyectar con absoluta libertad y sin una forma determinada", comentó Giavón. Los seis intérpretes tienen una trayectoria prolífica en el mundo de la música de cámara, aunque también se los descubra en grandes formaciones orquestales. "La música de cámara es una conexión -señaló Giavón-, nos conocemos tocando. Hay un libreto como punto de partida, pero lo lindo es transitar esa partitura y constatar qué inflexiones, qué actitudes aparecen en la interpretación. Y si encontrás, por tu experiencia o por tu rigurosidad, que enfrente tuyo tenés a un músico parecido a vos, la conversación es mucho más rica". Llegado a este punto, Giavón, que además es docente, se atrevió con un comentario que liga de manera directa la interpretación con el aprendizaje y el entrenamiento de un músico: "Hay que volver a algo básico que por momentos parece perdido. Es difícil hacer comprender que la técnica es necesaria, que es lo que permite ampliar el rango para expresar".

   Finalmente, habló del teatro que el miércoles los acogerá. Tanto para él como para sus compañeros, "hacer cámara" en El Círculo es algo especial, casi tocar el Cielo con las manos: "Sabemos que contar con esta posibilidad es producto de nuestros recorridos; es una sala grande, pero no parece que estuvieras lejos de la gente, allí todo suena en el registro y en la dinámica, proyecta y amplifica de manera perfecta tanto para el que toca como para el que escucha; es algo maravilloso".


Comentarios