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Domingo 31 de Octubre de 2010

La muerte

Y llegó la muerte. Como tantas otras veces, nadie la esperaba. Llegó la muerte a su modo: sin pedir permiso, en silencio. Y de un solo golpe se llevó la vida.

 

Y llegó la muerte. Como tantas otras veces, nadie la esperaba. Llegó la muerte a su modo: sin pedir permiso, en silencio. Y de un solo golpe se llevó la vida.

El pasado 21 de octubre Uruguay perdió a una de sus voces más legítimas, la de José Carbajal, el Sabalero. Casi sin proponérselo, sencillo como era, el Sabalero escribió un puñado de canciones que nos acompañan desde siempre. “Borracho pero con flores” y “Chiquillada” son dos de sus clásicos, pero a mí me gusta más un tema terrible, de nombre seco como la buena grapa: “La muerte”.

Hay que animarse a escribir una canción (o cualquier cosa) con semejante título. El Sabalero estaba arrasado por el dolor. Se le había muerto en México, donde estaba exiliado, un hijo de pocos meses. Y con todo derecho, se enojó.

“Con chorros de mariposas/ enamoramos la vida/ entre sábanas calientes,/ promesas y despedidas/ y bajo cada retazo/ anda la muerte escondida”. Con su voz de hombre del pueblo, el Sabalero cantó su bronca. Se desangró encima de la guitarra: “Ventanita de un verano/ me enseñaste la tristeza/ cuando soltaste mi mano./ Quedarás con los mariachis,/ cantarás en las trompetas/ y yo me marcho solito/ llorando porque me cuesta”.

Igual que Néstor Kirchner, el Sabalero se murió de golpe. Lo encontraron ya sin vida en su casa de Villa Argentina, un balneario a 40 kilómetros de Montevideo. Paro cardíaco, dijeron. Así se fue el Sabalero: calladito, sin avisar.

Al sur del sur argentino, el ex presidente a quien muchos aman y otros tantos odian partió de la misma manera. “La muerte no tiene manos./ La vida se las quitó./ Pero le dejó la boca/ y le dice ‘ven mi amor’./ Muerte que anda de amargura/ como si se lo pidiera/ déjeme un ratito solo/ pa' arreglarme con mis penas”, cantaba Carbajal, triste y furioso. Con la muerte no se puede, aunque se quiera.

En Plaza de Mayo y el Monumento, muchos lloraron. Pero fueron más quienes apretaron los puños y prometieron que el futuro no los va a ver vencidos. “Le juro que si se ensaña, muerte,/ con mi corazón/ el día que me caliente/ entro a perseguirla yo”. El Sabalero sabía lo que decía: “La muerte andaba rondando,/ quién sabe dónde andará./ No me dejes, alegría./ No te vayas, vida mía,/ que esta puta, vieja y fría/ nos tumba sin avisar”.

Llegó la muerte, carajo. No dejemos que se quede.

 

 

Posdata I: si quieren escuchar al Sabalero cantando “La muerte”, pueden hacerlo acá: http://www.youtube.com/watch—v=YJMm_RYkA9M

Posdata II: están todos invitados a la presentación de Lunita Rosarina, mi último libro, que incluye muchas de las columnas que se pueden leer en esta página. Los espero en Homo Sapiens, Sarmiento 825, Rosario, el próximo jueves 4 de noviembre a las 20, para compartir afecto y poesía.
Un abrazo, SR.
 

 

 

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