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Sábado 04 de Junio de 2011

La mirada puesta en los más vulnerables

El proyecto “Mirando al Futuro”, elegido como una de las mejores 70 prácticas solidarias del país, forma parte de la iniciativa de voluntariado de la UNR. Tiene como objetivo realizar la detección precoz de alteraciones visuales en niños de 4 a 7 años, según detalla a La Capital una de las encargadas del proyecto, la docente de la cátedra de pediatría del Hospital Eva Perón, María de los Angeles Zilli, quien trabaja junto a la licenciada en nutrición Gladys Linares. El punto culminante de esta tarea es la provisión de anteojos a los niños con problemas, y se realiza en los 31 Centros Crecer de Rosario y en otras seis escuelas del Distrito Oeste. Calculan que durante 2011 los beneficiarios serán 2.300, básicamente de zonas de la ciudad de gran vulnerabilidad social.

“En general detectamos trastornos de aprendizaje en niños grandes, diríamos que han avanzado en su escolaridad, algunos con repitencia y otros con problemas de cefaleas, lagrimeo, trastornos de conducta, alteraciones de la postura”, cuenta la docente. Menciona también “la importancia de trabajar tempranamente con un grupo etáreo, porque es hasta los 8 años donde se pueden modificar las imágenes que se forman a nivel de la corteza cerebral”. “Es allí cuando uno colocó tempranamente un anteojo cuando se puede lograr la corrección de esa dificultad visual”, amplía.

La pata clave de este plan son los estudiantes, en este caso 14, todos de Medicina. Una de ellas es Luciana Armignago (29), quien dio su punto de vista sobre su participación: “Esto se sostiene en que te gusta ayudar al otro y que tenés las herramientas para hacerlo. Con eso y con una educación como la que recibí puedo darle respuestas a la comunidad. Este es el disparador para involucrarse en un proyecto de voluntariado. Desde el 2006 que estoy trabajando en el proyecto, siempre vi compañeros interesados, una cantidad que ha ido en aumento”.

Formación profesional. Federico Romero (28) añade que el trabajo “es un poco de todo”. “Esto me sirve —explica— para lo que voy a hacer como profesional el día de mañana, pero lo que más motiva es brindar tus conocimientos, todo tu tiempo, a una comunidad que tiene distintas necesidades. Nunca lo sentí como que me quitaba tiempo. Al contrario, era un gran aporte en todo sentido, un gran beneficio, por eso estoy a favor de sumar voluntades a todos los proyectos de voluntariados. Lo que ves en la realidad o en el terreno donde trabajamos son cosas que no aparecen en ningún libro o en ningún apunte y te ponen en contacto con la realidad. Si uno no hace este tipo de trabajo nunca llegás a conocer la dimensión de dónde estamos viviendo. Sería muy bueno que aquellos chicos que nunca hicieron tareas de voluntariado que lo intenten y vean las satisfacciones que se cosechan”.

Beneficio inmenso. Gabriel Keppl (21) dice que a través de esta actividades “hay un beneficio inmenso tanto para el estudiante como para la sociedad, que plantea necesidades y que pide respuestas”. “Creo —suma— que la universidad es ese ámbito que puede aportar soluciones por el potencial que tiene. Estar en contacto con chicos fue una experiencia movilizante. Acá sentí que estaba con la gente y junto a un equipo con gran compromiso que te impulsa a seguir”.

En tanto para Carlos Ruiz (24) “es importantísimo tener en cuenta de qué manera poner en práctica lo aprendido en la carrera”. Cuenta que se han encontrado con realidades distintas a las conocidas. “Por ejemplo, cuando recetábamos unos anteojos, teníamos que acompañar a la madre al hospital, guiarlos, ser interlocutores entre el médico tratante y el paciente. Hay que hacer un seguimiento para que ese trabajo no se pierda. Por eso tenemos que adquirir nuevas habilidades de gestión. Trabajar con chicos tiene que ver con trabajar con un grupo de edad vulnerable. Entonces uno como que se esfuerza más”, concluye.

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