Policiales
Martes 07 de Junio de 2016

La mente perspicaz y fría en el centro de las decisiones de la banda

Se estaba escondiendo desde el 31 de mayo de 2013. Cinco días antes habían matado de tres balazos al Pájaro, su hermano mayor, frente a un boliche de Villa Gobernador Gálvez al declinar la madrugada.

Se estaba escondiendo desde el 31 de mayo de 2013. Cinco días antes habían matado de tres balazos al Pájaro, su hermano mayor, frente a un boliche de Villa Gobernador Gálvez al declinar la madrugada. Desde el día siguiente una tormenta de sangre inundó las calles del sur de Rosario. Primero lo asesinaron a Diego Demarre, el dueño de ese boliche suburbano, en la esquina de Maipú y Seguí. Dos días después una camioneta fue acribillada frente al distrito Sudoeste y hubo tres muertes. Ante al presagio de levantar una pila de cadáveres para cobrar la muerte del jefe de la banda de Los Monos, la conmoción social y la inestabilidad política se cortaban con cuchillo. Gobierno y Justicia querían frenar las venganzas. Por eso aquel 31 de mayo de hace tres años los barrios Las Flores, la Granada y 17 de Agosto, zona de predominio de la familia Cantero, se llenaron de policías. Hubo 30 allanamientos pero Monchi no cayó.

Sobre el mediodía ya había una veintena de detenidos. Monchi, de temperamento sereno, estaba perdiendo la calma. Su radio Nextel no tenía respiros. Lo llamó a Mariano Ruiz (quien luego sería condenado como financista de la banda) para que contactara al Jefe de Inteligencia de Drogas Peligrosas entonces en funciones para que le solucionara un problema. Monchi decía que le habían plantado droga a Celestina Contreras, su madre de crianza, lo que no iba a permitir.

"Escuchá. Llamalo a Floiger. Viste a la Cele le pusieron un bagallo. Decile que llame al Ministro de Seguridad, o al que lo manda a él. Más vale que no sea el bagallo porque vamos a ir todos en cana, desde él hasta el cabo de cuarto, hasta el jefe de policía, hasta Bonfatti. Decíselo así nomás, que yo tengo todas las grabaciones, todo, de cuando hablábamos. Decile a Floiger que lo tengo bien grabado. Que hable, que no la embagallen a mi vieja, porque vamos todos en cana. No nos importa nada a nosotros. Decile así nomás".

El comisario Cristian Floiger se sentará en el mismo juicio en el que ahora debe comparecer el muchacho de 33 años capturado ayer en Villa Mitre. Monchi Cantero manejaba contactos en abundancia con distintas fuerzas de seguridad. No solamente conoce a los que hacían los operativos. El día de la muerte del Pájaro lo llamó al sargento Juan "Chavo" Maciel (ya condenado) para pedirle que acuda al policía Blanche, "el que está en Científica", para apurar los trámites de autopsia. Maciel, que trabajaba en la Secretaría de Delitos Complejos, era el enlace privilegiado de Machuca. Es el que veinte minutos después de la ejecución de Demarre le cuenta a Monchi sobre las circunstancias de su homicidio y le aconseja que oculte el VW Bora blanco desde el cual, según la jueza Alejandra Rodenas, Guille Cantero efectuó los tres balazos mortales contra el bolichero.

Monchi es también quien dos días después le pregunta a Maciel si en la Nissan Frontier donde se acababa de consumar una triple matanza—la de Nahuel César, Norma César y Marcelo Alomar— también había chicos. Los Monos creían que allí iba Milton César al que se suponían, por un rumor erróneo, el asesino del Pájaro. La llamada radial fue a 50 minutos de la masacre. "Monchi, son cuatro heridos y dos muertos. La vieja que está herida, Alomar que está muerto, el acompañante también está herido y un muerto más". "¿O sea que grandes eran?", pregunta Monchi. "Sí —repone Chavo— menores no hay. Y Milton no está entre los heridos". La pregunta era ajustada. En la Nissan iban dos nenes, Fernanda de 10 y Santino de 7, que se salvaron de milagro de los tiros.

Hay sobre él una narración familiar muchas veces contada sin precisiones. Monchi era un chico de la calle de la zona de Circunvalación y Rivarola, donde lo adoptó Máximo Ariel Cantero, "El Viejo", líder del clan. De allí lo llevó a La Granada para criarlo sin diferencias con los otros hijos. Intuitivo, inteligente, ambicioso, las abundantes escuchas de la causa 913/12 que manejó el juez Juan Carlos Vienna lo exponen como el administrador de todos los negocios de la banda.

Generoso con sus amigos, a los que invitaba tragos en el VIP de la disco Yamper de Ovidio Lagos al 4500. Preocupado por la Cele, su madre, a la que llamaba Gorda. Y frío con los que asumía en la vereda opuesta de sus ambiciones.

La determinación para mover sus intereses lo empujaba a actos audaces. Por ejemplo el armado de un piquete en la comisaría 15ª enojado con la detención de un cómplice suyo y la renuencia de las autoridades de esa comisaría, en general muy receptivos, para soltarlo. Allí hace algo de novela: convoca a los medios locales denunciando que no le toman la denuncia a una mujer y le pide a uno de los suyos que le pague a ella por el armado del asunto. "Tirale una moneda, dale dos lucas a la minita", le dice a su allegado, quien le responde entusiasmado: "Fue el canal, fue el diario, hicieron una ensalada bárbara". La ocurrencia fue captada en el móvil de Monchi el 22 de mayo de 2013 a las 10.33 de la mañana.

Se lo detecta hablando con Mariano Ruiz encargando trámites en escribanías al mismo tiempo que la compra que pistolas Glock 9 milímetros y cargadores. También los tubitos de acrílico en los que se envasa la cocaína para despachar en los quioscos que se compran a la empresa Polistor del barrio de Flores. Monchi es el que negocia con Francisco Lapiana lo relacionado con el debut de Angel Correa en San Lorenzo en un pase que controla el grupo con dinero procedente del lavado. El que de manera abrumadora, al menos en las escuchas, instruye los manejos de bunkers, desde el suministro de mercadería hasta la provisión de cambio para entregar el vuelto a los compradores.

"¿Manejan quioscos de drogas Los Monos?", le preguntó el periodista de canal 13 Martín Ciccioli hace meses. "Algunos dicen que sí, otros dicen que no", dijo Monchi. En una charla captada de 13 días antes de ser declarado prófugo, Monchi habla con Hernán Bustos (quien luego sería condenado como miembro de la banda). Uniformados acechan un búnker. Los que despachan son adolescentes. Es el 17 de mayo de 2013 a las 10.37 de la mañana. "Disculpá que te moleste Monchi, buen día. Escuchá, los pibes del negocio están llamando al Tuerto, están diciendo que allá andan todos, andan helicópteros, la Gendarmería, todo caminando. Al pibito que está trabajando adentro lo sacaron. Está todo podrido allá. Nos dejó a los pibes con la mercadería afuera, todo están con los pibes dando vueltas. Ahora voy a buscarlos, los saco y me los traigo para acá", le dice Bustos.

La voz de Monchi en el audio deja limpia esta respuesta: "Listo, dale. De última la mercadería dejala encanutada por ahí, en algún patio o algo o por ahí tirada y venite igual con el pibito".

En cuatro ocasiones Monchi habló con la prensa. Los distintos investigadores judiciales, blanco de mofas porque él se mantenía prófugo, le veían el lado positivo a que fuera a la TV y saliera por radio. "No deja de asumirse como Monchi Cantero. Veremos qué pasa cuando los audios de la prensa se cotejen con las escuchas telefónicas captadas".

Lo investigaron seis jueces de instrucción. Tres le dictaron pedido de captura: Juan Carlos Vienna por asociación ilícita, Alejandra Rodenas por el crimen de Demarre y Patricia Bilotta por el homicidio de Lourdes Cantero. También lo requiere el fiscal Aníbal Vescovo por una amenaza presunta contra el juez Vienna proferida en un programa de TV.

"Monchi nunca agarró una pistola. El paga y hace matar", dice un testigo, en la foja 12.052 del expediente 913/12. Una directiva de esas le valió hace dos meses una condena al agente Juan Delmastro, uno de sus allegados, incluido en la banda, como partícipe secundario de homicidio. Monchi consultaba a Delmastro si un búnker que funcionaba en Conscripto Bernardi 6374, barrio de La Carne, era uno de los protegidos por Drogas Peligrosas, donde el prestaba servicio. "Lo tienen habilitado acá pero no importa, dale tranquilo", le responde Delmastro a Monchi. Luego de la afirmación del policía, Machuca ordenó a un tal Gabi que baleara el frente de la casa. Adentro había tres hermanas. Una de ellas, Lourdes Nerina Cantero, de 14 años, murió de un balazo en la espalda. Ramón Machuca, señaló el juez Edgardo Fertitta en su fallo, deberá responder si lo detienen como ideólogo de este homicidio, con un horizonte de pena idéntico al de su autor material.

Durante estos tres años al menos una decena de veces la TOE y la Policía de Investigaciones dijeron tenerlo ubicado en Rosario. Si el dato era bueno se les escabulló siempre. Decía vivir en pensiones, al cuidado de amigos, circulando. Hace un año al periodista Rolando Graña le dijo que se mantenía como fabricante de remeras.

Quizá podía decir eso porque los delitos atribuidos a Los Monos tuvieron desde el inicio un aura nebulosa. Pero los cuerpos acribillados de personas mayormente de condición modesta, a las que se aluden en escuchas telefónicas, de impreciso no tienen nada. La actividad criminal dio lugar al decomiso reciente de seis inmuebles, cinco licencias de taxis, 28 autos, tres camionetas, un camión, 15 motos, cuatro cuatriciclos, dos lanchas y una moto de agua, secuestrados por ser producto de la actividad ilícita del grupo.

El grupo está desmembrado pero su inclemente capacidad de actuar, creen funcionarios de Seguridad y Tribunales, no está neutralizada. De los cuatro señalados como líderes de Los Monos uno perdió la vida, el Pájaro, y los otros tres fueron detenidos. Guille está en Rawson, el Viejo Cantero en Coronda y Monchi en la Superintendencia de la Policía Federal. Antes de fin de año se presume que deberán sentarse, los tres, en un juicio oral y público.

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