Policiales
Domingo 11 de Septiembre de 2016

"La Mecha sigue encendida", un eslogan que muta hacia una ONG

Mercedes Delgado murió en 2013 en un tiroteo entre bandas en barrio Ludueña. Con el asesino condenado, Juan seguirá la obra de su madre.

Un eslogan de ímpetu militante, "La Mecha sigue encendida", sostuvo durante 43 meses la pelea de Juan Ponce y su familia hasta hallar justicia por el crimen de su madre, Mercedes "Mecha" Delgado. Años de caminar los Tribunales, recorrer barrios, contactar organizaciones sociales, visitar despachos oficiales y judiciales y hasta participar en la búsqueda del asesino, que este año fue condenado por el asesinato.

Tanto cambió la muerte de Mercedes la vida de Juan y de su esposa Gisella, que la joven tomó cursos de asistencia jurídica para contribuir a la batalla en Tribunales. Y el año que viene, "si todo va bien", comenzará a estudiar derecho. Así, de ese eslogan saldrá una ONG para "pelear para que los chicos en riesgo que están en la calle entre drogas y tiros sepan que se puede hacer otra cosa. Se cerró una etapa y se abre otra", dice Juan, de 34 años y el mayor de seis hermanos.

En el medio. El 9 de enero de 2013 Mercedes Delgado, madre de seis hijos y militante social y católica, cayó herida de muerte en medio de un tiroteo entre bandas. "Correte que te quemo", le gritó el autor de los tiros a Mecha cuando ella salió de su casa de Garzón 416 bis, a la vuelta del centro comunitario donde trabajaba cubriendo planes alimentarios para chicos del barrio Ludueña.

Mecha cayó en el fuego cruzado de dos bandos enfrentados por viejas reyertas carcelarias y el control del territorio. Tras una áspera investigación, Daniel Riquelme fue apresado en la ciudad de Santa Fe el 25 de septiembre de 2014. Junto a él fueron procesados sus hijos Matías y Mauro, además de Ramón Piedrabuena y Jorge Ferriol, miembros del otro grupo.

Daniel Riquelme, de 50 años y sindicado como el autor material del crimen, fue condenado en febrero pasado a 16 años de prisión. Su defensa pidió una reducción de esa pena, pero hace un mes la Cámara Penal confirmó la sentencia.

Pasos. La tarde en la que murió Mecha todo fue desolación entre sus compañeras del centro comunitario San Cayetano, que entregaba más de 400 raciones diarias de comida. Meses después, todas portaban una remera con la frase "la Mecha está encendida" como oración de batalla y la búsqueda de una justicia que parece haber llegado.

Juan y su esposa encabezaron esa pelea y ahora, que el círculo parece haberse cerrado y Mercedes "puede descansar en paz", recibieron a La Capital en su casa para charlar del pasado y del presente. "Cuando mataron a Mecha los testigos tenían mucho miedo. El reconocimiento que se le hizo a mi madre en la Justicia es un poco el reconocimiento que le hace la Justicia a los militantes que tratan de solucionar un poco los problemas que hay en los barrios. A mi madre no me la devolverá una condena de 16 años, pero me pone contento que hayamos conseguido justicia", dice Juan con la tranquilidad del deber conseguido.

Juan y Gisella recuerdan cada paso caminado en Tribunales, las entrevistas con abogados del sistema público, las rondas de compañeros en los barrios a los que les explicaban quién había sido su madre y por qué él sabía que la justicia iba a llegar alguna vez. Recuerda el acampe en la puerta de Tribunales acompañado por militantes de agrupaciones que lo apoyaron desde el primer día (Caleidoscopio, Frente Darío Santillán, Movimiento 26 de Junio, Comedor San Cayetano y Sagrada Familia).

Recuerda los momentos más complicados, como las amenazas recibidas por los seis hijos de Mecha por parte de familiares de los delincuentes que participaron en el fatal tiroteo. "Mis hermanos se mudaron a la zona sur de la ciudad y yo quedé cerca de mi casa, en Ludueña. Una vez a mi hermano Tiago y a un testigo se los llevó un móvil policial a un campito y los molieron a palos sin decirles nada. Hubo un momento en que en la 12ª, la seccional del barrio, no nos tomaban las denuncias y así supimos que protegían a quien había matado a mi madre".

También recuerda a otro policía que lo ayudó "mucho" hasta que fue asesinado en un misterioso hecho nunca aclarado hasta hoy. "El comisario Guillermo Morgans se puso al frente de la investigación. Teníamos un contacto permanente. Pero cuando lo mataron (en junio de 2014) pensé que todo estaba perdido".

Juan pasó días y noches sin dormir durante la investigación: "El barrio no hablaba y la policía pinchó algunos teléfonos. Yo iba de Tribunales a Jefatura y de ahí a encontrarme con compañeros de las agrupaciones. Eran días terribles. Cuando mataron a Morgans pensé que todo iba para atrás. Pero un oficial le pasó la investigación a la TOE y entonces detuvieron a Riquelme".

Juan rememora cada situación con la cabeza entre sus manos. "Una vez fuimos a hablar con quien era secretario de Seguridad de la provincia, Matías Drivet, y le dije que si mataban a uno de mis hermanos lo íbamos a velar en la puerta de gobernación. Eso lo pude hacer porque me apoyaron desde muchos sectores, incluso desde la misma curia. Los primeros días, desde el grupo San Cayetano nos conectamos con el Obispado y la Pastoral Social. Ellos nos dieron una gran mano y también el juez Luis Caterina".

Apoyos. El 8 de diciembre de 2015 Juan y Gisella impulsaron un acampe frente a Tribunales junto a organizaciones sociales y políticas que se manifestaron para pedir justicia por Mercedes. "Lo hicimos porque era una forma más de pelearla y eso se sumó a las infinitas marchas".

Las horas de sueño no dormidas y el tiempo robado a la familia van a ser, entre otros recuerdos, situaciones conflictivas pero inolvidables. "En mi trabajo también me apoyaron mucho. Yo trabajo de noche y a veces venía a casa a las 8 de la mañana, me tomaba unos mates y me iba Tribunales. O venía de hacer cosas a las 20, me acostaba unas dos horas y a trabajar", recuerda. "Es más, hay dos años de la infancia de mis hijos en que prácticamente los crió Gisella porque yo tenía la cabeza y el cuerpo en lograr la condena", dice el muchacho mientras su mujer asiente en silencio. "Es una gran compañera", cuenta Juan.

El muchacho rescata situaciones que hace cuatro años eran impensadas. "Todos me conocen en los pasillos de Tribunales. Los otros días me olvidé la mochila en un banco y un secretario judicial me la alcanzó. Y hasta el muchacho que vende chipá en la puerta me preguntaba en estos días cómo estaba la causa de mi madre. No estoy feliz, estoy satisfecho porque esta condena es efectiva y logramos justicia sin venganza. La pelea se dio con mucha ayuda, con ganas y con la familia apoyando.

Seguir. "La Mecha sigue encendida" pasó de ser un eslogan a una página de Facebook que Juan abrió durante la pelea judicial para "que todos los que querían informarse pudieran hacerlo, una forma de estar acompañados".

Y ahora llega el momento de que esa frase vuelva a mutar, ahora en una ONG: "Una agrupación para seguir con la obra de Mecha; ayudar a los pibes de la calle, ser solidarios y de esta manera seguir encendiendo la mecha", cuenta Juan en su casa de Ludueña, hecha también con esfuerzo, lucha y pasión.


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