Cartas de lectores
Miércoles 16 de Noviembre de 2016

La mayor felonía del género humano

Con cierto interés leí la carta que el señor Carlos Borisenko titulara "Mi postura sobre el aborto", publicada el 8 de octubre pasado.

Con cierto interés leí la carta que el señor Carlos Borisenko titulara "Mi postura sobre el aborto", publicada el 8 de octubre pasado. Comienzo este comentario aclarando que me resulta muy habitual que coincida bastante con las opiniones que vierte este asiduo lector, pero debo decir que esta vez me sentí defraudado y paso a explicar el por qué. En su exposición sobre el aborto lamento decirle a don Carlos que se olvidó de argüir sobre el fondo del tema en cuestión y se pasó merodeando por los meandros de probables causas y remedios, y no a explicar qué propone ante los hechos consumados. Es muy demagógico decir que las mujeres son dueñas de sus cuerpos "en forma total" (del alma no voy a opinar porque creo que lo somos por definición) pero, hay un "pequeño detalle" que nos viene dado por razones naturales y es que la reproducción humana como la de innumerables otros seres vivos, necesita de un cuerpo receptor que aloje durante cierto tiempo variable de especie en especie, al nuevo ser que se está gestando. Y va de suyo que este ser tiene un cuerpo que le es propio y que está perfectamente diferenciado del de su progenitora, o sea que es un huésped privilegiado al cual la madre, en tanto cumpla con los deberes que le asignó la naturaleza o, para algunos, la voluntad divina, debe cuidar, proteger y alimentar con esmero hasta el momento de su nacimiento. No voy a extenderme en los cuidados que a posteriori seguimos requiriendo los especímenes humanos, muy por encima de los requeridos por los demás animales, y que siguen siendo primaria responsabilidad de la progenitora, en tanto que ésta sea merecedora de tal calificación. Por lo tanto, en mi opinión, las mujeres son dueñas de sus cuerpos, quién lo duda, pero acá no se trata de decidir sobre hacerse una operación de apendicitis o de retocarse los senos, sino que se decide nada menos que sobre la vida de otro ser, y le digo a mi tocayo como a cualquiera que decida poner sus ojos en estas líneas, que sobre la vida de las personas —el más importante de los derechos del hombre— o de los embriones y fetos que van camino a serlo, toda la especie humana tiene tanto derecho como obligación de opinar y obrar, no sólo las mujeres. O acaso cada uno de los fetos que sean "descartados" no tienen padres, abuelos, hermanos, tíos, que pueden desear verlos crecer, amarlos y hacerse responsables de su alimentación y educación. No caben dudas de que una mejor educación sexual puede conducir a incrementar la responsabilidad y a mejorar los conocimientos para eludir el resultado que puede terminar en un deseo de abortar por motivos económicos o sociales, ni tampoco eludir la responsabilidad que le cabe a la familia más cercana de contribuir a esos conocimientos. De todos modos no me consta que haya estadísticas que avalen en forma indiscutible que los embarazos que a la postre resultan no deseados, hayan sido por desconocimiento de alguno de los métodos anticonceptivos y, aún si así fuera, cuando la cosa ya está jugada habrá que poner toda la voluntad, esfuerzo y sacrificio que sean necesarios para llevar adelante el proceso hasta el parto. Y es en estas circunstancias donde se deben hacer ver las medidas de apoyo moral, sanitario y económico que la sociedad debe brindar a las embarazadas y madres con hijos pequeños que lo requieran, incluyendo muy especialmente a la irreemplazable contención familiar. En última instancia, si al cabo del advenimiento del nuevo vástago, la madre natural persiste en su negativa a continuar con su manutención y cuidado, lo que se debería legislar con mucha efectividad es la intervención del Estado para hacerse cargo de esa personita y proceder a su ubicación en el seno de alguna de las tantas familias que esperan niños en adopción pero jamás legislar para permitir un asesinato legal. Para todos los errores que cometemos en la vida siempre debemos buscar una solución adecuada aunque no siempre tengamos todo el éxito que desearíamos. Pero tratar de superar un error cometiendo un daño de mayor gravedad como es el asesinato de seres absolutamente indefensos me parece que es la mayor felonía que puede cometer el género humano.

Carlos Oggero / DNI 6.058.288

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