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Sábado 17 de Noviembre de 2012

La mamá de 16 años que no abandona el sueño de terminar el secundario

Valentina quedó embarazada a los 15 y no lo supo hasta que nació su hijo. Hoy impulsa un proyecto en su escuela "para que otras chicas y chicos se informen y no pasen por lo mismo"

"Quedé embarazada cuando tenía 15 años, no sabía que lo estaba, me enteré a los 8 meses cuando tuve mi bebé. Ahora quiero que a otras chicas no les pase lo mismo, que se informen". Estas son las palabras con las que Valentina González Peralta, de 16 años, mamá de un bebé de un año y medio, comienza a narrar su historia. Valentina cursa el 4º año en el Normal 3 y tiene hoy un desafío cercano: terminar la secundaria. El Programa de Equidad Educativa del Instituto Municipal de la Mujer la ayuda con una beca económica, pero sobre todo acompañándola para que no abandone sus sueños. Otras 300 alumnas recibieron este año el mismo apoyo.

Valentina tiene una larga cabellera que cada tanto se acomoda. Habla sin pausa y muy segura de cada expresión que comparte. Eso sí, se preocupa mucho de dejar en claro que la experiencia que le tocó vivir tiene que ser un aprendizaje, no un impedimento para seguir adelante. Y eso quiere que hagan otras chicas.

"Quedé embarazada a los 15 años, no supe que lo estaba. No me cuidé en mi relación, no me informé cómo cuidarme y me encerré en mí misma". Valentina pone en pasado aquello que ahora busca superar. Y antes de continuar, una sonrisa inmensa le gana su rostro para decir que su nene se llama Marcelo y "felizmente nació muy bien".

Programa. En la escuela, y cuando ya su bebé había nacido, un preceptor le acercó la información del Programa de Equidad Educativa, que desde 2005 trabaja para que las adolescentes embarazadas y madres que tienen entre 13 y 18 años no abandonen la escuela.

"El programa me vino re bien porque pude conocer a otras chicas con otros problemas, familiares, con el novio. Fue un buen grupo, donde nos encontramos. Es un lugar que nos ayuda a seguir, a pensar en un futuro, a no quedarse estancadas y a informarse", define.

En todo momento dice, orgullosa, que tiene el apoyo de su familia y de su novio. "Para venir a la escuela me arreglo con mi mamá o con mi suegra, que lo cuidan. Pero por ahora no tengo un proyecto de universidad. Quiero terminar el secundario, tener un trabajo fijo, un sueldo, irme a vivir con mi novio (aún viven con los padres) y capaz que luego me decida a seguir estudiando".

En esa ampliación de horizontes, colaboró este programa municipal que busca que las madres adolescentes no dejen de estudiar. Para eso se les entrega una ayuda económica mensual entre lo que dura el año escolar, que equivale al monto de la Asignación Universal por Hijo, ahora de 340 pesos (pero no la reemplaza); además de ofrecer una serie de talleres donde intervienen especialistas de la salud y la educación.

Cambios. Con la llegada de Marcelo, la vida de Valentina cambió abruptamente. "Dejé muchas cosas, las salidas o llegar a tal horario y no a otro, pero son cosas que me tocaron, es mi responsabilidad, lo admito. Es una responsabilidad muy grande tener un nene a esta edad en la que no pensás en eso, sino en las salidas de los sábados, de los domingos, en el estudio, en terminar la escuela".

Sin educación sexual. El papel que juegan la educación y la escuela en la vida de un adolescente es clave.

Más aún en aplicar de una vez por todas la ley de Educación Sexual Integral (ESI) que ya lleva 6 años de aprobación y el mismo tiempo durmiendo en las idas y vueltas de la provincia, en las improvisaciones y en la falta de decisión de los funcionarios de turno para que se implemente en las aulas.

Para Valentina no hay dudas que la escuela puede aportar mucho para que casos como el de ella no se repitan. "Se puede hacer ofreciendo información", dice llanamente.

La alumna tiene una gran capacidad de resiliencia, por eso enseguida detalla un proyecto que desarrolla con los chicos de 1º a 4º año de su escuela: "Se llama «Mamás embarazadas a temprana edad», y les pregunto si conocen de este tema, si saben de los métodos anticonceptivos, si tienen información, si saben sobre los abusos sexuales, todo a través de encuestas. Y lo que me dicen es que no saben y que necesitarían que la escuela los informe más. Hay que saber que el embarazo a temprana edad no es el único problema a evitar (si no se cuidan), también están las enfermedades".

Dice que ni sabía que existe una ley de educación sexual integral para tratarse en las escuelas, y que si alguna vez se habla del tema es en la clase de biología.

Decisión. Salvo dos materias que tiene bajas, Valentina es muy buena alumna. De todas las materias, dice que se queda con matemática, es hincha de Newell's, fanática de la serie de televisión Graduados, le encanta pasear al aire libre y escuchar a la cantante de pop latino Rihanna.

"Nada de lo que son mis afectos cambiaron. Lo que cambió es mi futuro. Antes pensaba en qué me iba a poner el sábado y ahora quién me cuida a mi bebé si voy a casa de mis amigos o si debo volver antes porque el nene tiene que dormir. Son muchas cosas que te pasan por la cabeza, como estar en una fiesta de 15 pensando si mi hijo se estará portando bien o no. Porque ahora siempre pienso en él", comparte.

Parece increíble pero no lo es. Valentina estaba embarazada y no lo sabía, en principio porque "tenía su período" menstrual, y porque —como dice— "soy flaca y no se me notaba nada". Nadie advirtió nada, ni su familia ni en la escuela, sólo dos de sus mejores amigas. Pero ella siempre lo negó. "Todos los médicos estaban detrás de mí cuando a los 8 meses lo tuve. No sabía el sexo, no tenía ni la ropa del bebé", cuenta.

"Mis padres me decían que para seguir la escuela espere a a que el nene tenga un año. Yo no quise, preferí seguir estudiando y así lo hice. Quisiera que las chicas que pasan por esto no dejen de estudiar, que no abandonen su futuro, que se pongan las pilas. No hay que encerrarse por estar embarazada o tener un bebé, hay que seguir, terminar el secundario porque te abre otras puertas, si querés ir a trabajar o a la universidad. No es fácil, pero se puede", ofrece generosamente su testimonio Valentina.

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