Edición Impresa
Sábado 05 de Marzo de 2016

La maestra que comenzó las clases con arte, filosofía y lectura en voz alta

"Nunca puede faltar la pasión", revela María Laura Vercelli. El primer día también invitó a debatir sobre la idea de infinito

María Laura Vercelli es maestra en 7º grado de la Escuela Alem y todos los años piensa cómo sorprender a sus alumnos y alumnas desde el primer día de clases. Este no fue diferente: eligió un libro del escritor e ilustrador Pablo Bernasconi para invitarlos a leer, debatir y expresarse sobre la idea de infinito. "Ellos aprenden de mí y yo de ellos, pero lo que nunca le puede faltar a una docente en su trabajo es la pasión", revela sobre su oficio.

Familias que corren para llegar a horario, el equipo de sonido que esta vez sí funciona, zapatillas y mochilas nuevas, saludos, abrazos y cientos de celulares tomando las imágenes de la primera jornada escolar. También padres y madres que, invitados por esta escuela, se turnan para izar la bandera. Hasta ahí lo conocido del acto de inicio, que por repetido no deja nunca de emocionar.

El salón de 7º grado funciona en la planta alta de la Escuela Alem (Italia al 1200). Hasta allí llegan apurados los chicos para ocupar las mesitas. También María Laura, la maestra de lengua, que sostiene en sus manos el libro "La verdadera explicación", de Pablo Bernasconi. Esa es la primera pista que reciben sus alumnos sobre lo que será ese primer día de aprendizajes. Mempo Giardinelli —escritor— sostiene hasta al cansancio que la lectura en voz alta es la más amorosa, la más bonita, gratuita y entusiasta que hay, también que es la puerta de acceso al conocimiento. Quizás apoyada en esa idea, la maestra comienza a leer en voz alta. Hace una pausa para comentar la ingeniosa introducción con la que Bernasconi desafía a meterse en el texto y pregunta a la clase: "¿Qué hacemos? ¿Lo leemos o no?". Se arma el debate hasta que desde el fondo del salón uno de los chicos cierra la discusión con una acertada respuesta: "Sí, manda la curiosidad".

La lectura elegida es "El infinito", un capítulo donde el autor da explicaciones tan disímiles y disparatadas, como bellas sobre este concepto. "Es una cajita musical. Llena de silencios"; "Es una idea que no quiere, no se deja, se rehúsa a ser enjaulada en una palabra"; "Es el interior de la pollera negra de una señora gorda vista por un microbio". Matías, uno de los alumnos, opina: "¡Cuánta imaginación tiene!". Después, cada uno de los veinticuatro alumnos y alumnas de este 7º grado es invitado a seguir leyendo en voz alta esas mismas definiciones. Ninguno reniega, aceptan gustosos el convite de la maestra. La clase se vuelve un intercambio de comentarios, de repaso de lecturas conocidas, de temas aprendidos, de anécdotas personales y en un apasionado debate filosófico. El condimento necesario para la propuesta que sigue. "¿Y qué es el infinito para ustedes?", pregunta la maestra y propone llevar cada respuesta al papel. "Es lo que explica el sentido de la vida", dice Matías. "Es Mirtha Legrand", opina Claudia y Toto pregunta si es infinito el tiempo que tienen para hacer el trabajo. Llega un susurro desde uno de los grupos, que considera: "Los mensajes de whatsapp son como el infinito". Ya es media mañana y las producciones escritas se superan en cada lectura individual. Los alumnos y alumnas las comparten y discuten con la maestra al frente del aula.

Como el artista. La clase culmina con una imitación del arte del creador argentino, que utiliza materiales descartables en sus obras. Esta vez fueron cartulinas de colores, botones, lanas, los materiales usados para combinar cada idea. Con las producciones armaron un material audiovisual (que se puede ver en la edición digital de este medio). "Siempre traigo mi computadora y usamos los celulares para las fotos", comenta la maestra sobre cómo se las ingenian para que no falten los recursos de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC). La escuela incorporó un aula digital, pero faltan algunos ajustes para que esté a pleno funcionamiento.

Mientras transcurre la jornada escolar, cada tanto, algún ex alumno de María Laura se acerca al salón a saludarla con un beso, un abrazo. "Ellos empiezan el secundario la semana que viene. Es que siempre es infinita la despedida", reconoce mientras se abraza a una ex alumna que le viene a contar que ingresó al Superior de Comercio (UNR).

María Laura Vercelli es maestra de grado, tiene un postítulo en literatura infantil (UNR) y está por terminar otro en Educ.ar en educación y TIC. Trabajar con buenas lecturas para ella es cotidiano, natural y necesario. Su escuela cuenta con buenos rincones de libros, una parte donados por la Fundación Falabella, otra por los que hasta el año pasado les llegaban por el Plan Nacional de Lectura. "Si nos queremos comunicar con los chicos, hoy tenés que saber lo que ellos están sabiendo. Conocer otros lenguajes. Estamos aprendiendo siempre juntos, retroalimentándonos todo el tiempo. Eso sí, lo que no puede faltar nunca es la pasión. Si no hay pasión en lo que hacemos, no contagiamos a nadie y la verdad, los chicos de hoy se nos duermen".

Cada tanto los chicos se turnan para reclamarle que se va el día y no hablaron de lo que hicieron en las vacaciones. La maestra les pide paciencia. Todos aceptan porque saben que no faltará esa oportunidad.

Toca el timbre de salida y ella tiene un regalo que ha preparado con infinito cariño para cada uno y una de sus alumnos y alumnas. Es un señalador con una frase de Goethe: "Todo comienzo tiene su encanto".

 

Comentarios