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Sábado 12 de Septiembre de 2015

La maestra de Gerardo: "No soy experta en dolor"

Ana Lucas es docente en el anexo de la Escuela Primaria Nocturna Nº 30. Entre sus alumnos estaba Gerardo Escobar, el joven que apareció muerto en el río. Cómo es enseñar en el desconsuelo.

Ana Lucas es maestra. Eso se distingue por la decisión con la que se mueve, responde y se emociona. Sólo se le enrojecen los ojos cuando habla de Gerardo, su alumno de 23 años que soñaba con terminar el 7º grado y seguir estudiando el secundario. Desde que desapareció y lo encontraron muerto en el río, nunca dudó en unirse a su búsqueda, a las marchas y ahora al pedido de justicia. "Extrañamos los mates que nos preparaba cuando llegaba a clases", confiesa con infinito cariño.

"No es un Día del Maestro como otros en que me la he pasado festejando con grupos muy lindos de compañeras. En este no hay ánimo. El lunes que viene hará un mes de la desaparición de Gerardo y yo estoy de luto". Es el primer comentario que hace Ana, quien enseña en el anexo de la Escuela Primaria para Adultos Nº 30, que funciona en pasaje Ancón al 3400, a pasos de bulevar Seguí y Avellaneda.

Luego de años de reemplazar en la primaria para adultos consiguió un cargo como maestra titular. Así llegó a ese anexo, al que asisten 16 alumnos, la mayoría mujeres amas de casa, a las que se fueron incorporando algunos adolescentes y otros jóvenes, entre ellos Gerardo. "El empezó el primer día de clases. Se fue armando un grupo muy homogéneo a pesar de las diferencias de edades. Tengo una alumna que pasa los 60 y el más chico tiene 14 años. Se hizo un grupo muy lindo", describe Ana.

Interacción personal. La maestra dice que algo que diferencia a la modalidad de adultos es que además de la tarea pedagógica, hay una interacción muy personal entre alumnos y docente, y en algún momento todos van contando algo de sus vidas. Quizás no ocurre desde el primer día, pero en algún momento se da y eso hace que el grupo se haga más unido. Cuenta que es algo que también les da fuerza a todos para seguir estudiando.

"Así se integró Gerardo. Era bastante serio, muy tímido. Llegaba, se instalaba y hacía sus cosas. No participaba mucho, sonreía, pero de a poco se fue involucrando. Con el tiempo se fue relajando, y sin que le preguntáramos nos contó su historia. Fue el día que habíamos visto la película ‘El Circo de las Mariposas' (de Joshua Weigel). Esa historia lo movilizó porque se había emocionado mucho y nos contó que había tenido un dolor muy grande en su infancia cuando perdió a sus abuelos. Nos hizo llorar a todos. Y ahí, las señoras se encariñaron, lo querían como a un hijo. Tenia 23 años, el 24 de septiembre cumpliría los 24", repasa la maestra en un relato donde se mezclan imágenes de alegría y profunda tristeza.

El aula donde enseña Ana no es el típico salón de clases. Es una mesa larga, donde todos se sientan alrededor. No importa si uno está en 1er. grado y otro en 7º. Para cada uno ella tiene una tarea propia que se enriquece con la mirada del compañero, el comentario oportuno y la ayuda de quien ya sabe lo que el otro está aprendiendo. También con los mates que sirven para amenizar la tarde. "Gerardo era muy especial, muy cariñoso y atento. Tenía buenos modales, de caballero, hacía pasar primero a las compañeras, poniendo sus manos en el hombro. Muchas veces llegaba a clases después de trabajar. Entonces nos decía «Voy a poner la pava mientras empezamos». Todas me dicen ahora, algo que compartimos «Extrañamos los mates de Gerardo»".

Ana recuerda que solía cargarlo cuando se reía, porque tenía una ortodoncia hecha con los colores de Central. Ella es de Ñuls. "No me sonrías", le pedía a modo de broma. El estaba orgulloso con ese arreglo, que se lo había pagado con unos trabajos de jardinero en la casa de una odontóloga. Porque además de ser empleado en Parques y Paseos, y enseñar en la Escuela de Jardinería a chicos con distintas discapacidades, se hacía tiempo para sus changas y estudiar.

La ausencia. Gerardo dejó de ser un alumno más que aprendía en la escuela de adultos el viernes 14 de agosto pasado. Ana recuerda que la ausencia no le había llamado la atención en un principio porque ese día había llovido. Sí, le había llamado la atención que no le hubiese avisado. Siempre le anunciaba con un mensaje de texto si llegaba más tarde. "Eso sí, nunca faltaba. Religiosamente venía a la escuela".

Al día siguiente, una foto de Gerardo en el Facebook la dejó sin palabras. Primero lo llamó a él, luego marcó el número que aparecía pidiendo datos a quien pudiera haberlo visto. Ahí se entera que faltaba desde el jueves pasado cuando había salido a bailar y nunca más regresó. El domingo Ana no se aguantó más y se fue para el barrio de Gerardo, quien vivía a dos cuadras de la escuela. Allí estaban sus familiares y amigos. Todos conjeturaban distintas hipótesis, desde que se había ido con una chica hasta intuir lo peor. Lo que pasó. Enseguida se armaron los piquetes, los cortes reclamando que alguien haga algo. "Cuenten conmigo", dijo Ana y nunca más dejó de reclamar por su alumno.

La semana que siguió fue imposible dar clases. Ninguna de las compañeras lograba concentrarse más que en tratar de entender lo que vivían. Sólo lloraban. Incluso una vez vieron entrar una moto que confundieron con la de Gerardo, pero era de un profesor que llegaba a la escuela (la Nº 1.379) donde funciona este anexo para adultos.

Mucho dolor. Mucho dolor y una experiencia demoledora es la que vivieron: "Primero y principal, experimenté lo que es la desaparición de alguien. Me acuerdo que hablábamos con las alumnas y no podíamos imaginar la época de los desaparecidos, lo que habrán sufrido esas familias de no escuchar un llamado, no tener una noticia. Eso fue tremendo. Y después cuando apareció flotando en el río nos preguntamos «¿Quién puede haber hecho esto? ¡Por Dios!»".

El viernes 21 cuando Ana se tomó el colectivo para volver de la escuela, leyó en su celular que había aparecido un cuerpo. No pudo volver a su casa. Se fue a la morgue a esperar con los familiares, compañeros de trabajo y amigos. "Mucha gente se sumó enseguida al pedido de justicia. Es necesario por él y para hacer el duelo como corresponde", reclama.

El crimen que en un principio trató de ocultarse derivó con dos policías y tres patovicas imputados. Para llegar a esa instancia y garantizar que se investigue a fondo, las marchas y movilizaciones en nombre de Gerardo Escobar se multiplican. Ana siempre está ahí. Asegura que nunca se sintió sola como maestra, además de sus alumnos, siempre la acompañaron docentes de Amsafé, de la escuela nocturna a la que pertenece esta aula radial (la Nº 30), directivos y maestros de la escuela 1.379, donde comparten el edificio.

"Obviamente que para esto yo no me preparé, ni planeé ir o no ir, involucrarme o no. Yo no soy experta en dolor, todo lo contrario. Sólo sé que mi corazón me pide: «Ana movete». Más cuando los más chicos me dicen ahora: «Seño, te vimos en la tele, ¿si eso nos hubiese pasado a alguno de nosotros hubieras hecho lo mismo?» Y yo les digo que por supuesto, porque todos son queridos. A veces uno se desconoce, es una fuerza que te lleva a estar".

Ana elige tener fe y confiar en la Justicia. Quiere que no quede impune lo que le pasó a su alumno. Que se sepa que él no tomó esa decisión. Que le iba muy bien en su trabajo, quería terminar la primaria y seguir la secundaria. Quiere que se sepa que Gerardo era un joven con proyectos para su vida.

 

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