Cartas de lectores
Lunes 26 de Septiembre de 2016

La Madre de la Patria

Era mujer, en la época en que ser mujer era una condena. Era negra, cuando ser negra significaba ser esclava. Era pobre, cuando ser pobre era la moneda más frecuente entre los que no tenían una sola moneda ni para comer. Fue soldado cuando ser soldado significaba dejar el cuerpo en el campo de batalla, aun cuando sobreviviera. Fue sepultada por el olvido cuando en el panteón del los héroes no entraban las mujeres, ni los negros, ni los pobres, ni los soldados. Y ella fue todo eso junto. Y a pesar de todo, Belgrano la declaró la "Madre de la Patria". Pero por lo visto, esta patria todavía no puede aceptar que su madre sea negra y pobre. Todos sabemos quién es el Padre de la Patria; ni hace falta mencionarlo. ¿Pero es posible que la mayoría de este pueblo desconozca quién es la madre? Se llamaba María Remedios del Valle. Tenía una mirada compasiva que podía volverse fiera como la de las hembras cuando ven peligrar la cría; los ojos tan negros que no se distinguía la pupila del iris, siempre estaban alerta. María Remedios nació en Santa María de los Buenos Aires un día incierto de 1766. Combatió junto al Tercio de Andaluces, uno de los varios grupos de milicianos que expulsó a los ingleses durante las segundas invasiones. Luego de la Revolución de Mayo, marchó al Alto Perú con el Ejército del Norte. Con su marido y sus dos hijos, se incorporó al Regimiento de Artillería de la Patria. Volvió sola. En el campo de batalla quedó toda su familia. Lejos de rendirse ante el rigor de la existencia, ahora tenía tres motivos más para seguir luchando. Le suplicó a Belgrano que le permitiera participar en la batalla de Tucumán. Atado a la disciplina y a los reglamentos militares, Belgrano al principio se negó. Pero esa voz firme y esa mirada aguerrida se impuso y finalmente, desde la retaguardia, llegó al frente de batalla codo a codo con los soldados. Fue un triunfo decisivo en la lucha por la Independencia. Belgrano pasa revista de la tropa en formación y al llegar a ella, se detiene, le tiende la mano y la nombra capitana de su ejército y Madre de la Patria. La Negra Remedios acompañó a Belgrano en la victoria pero, sobre todo, en la derrota. Cuando fue vencido en Vilcapugio, María de los Remedios del Valle combatió, recibió una bala y, herida, fue tomada prisionera. Apresada, ayudó a escapar a los jefes patriotas. No le salió gratis: durante nueve días recibió el azote público: la piel negra se tiñó con la sangre roja y le quedó ese estigma para siempre como un trofeo de guerra. Consiguió escapar y se unió a las tropas de Güemes. Una anciana indigente, busca cobijo en la recova del Cabildo, un lugar de paseo terminada la guerra por la Independencia, ya en tiempos menos convulsionados. La anciana extiende su palma blanca para recibir la limosna de los viandantes. Una palma blanca y vacía que contrasta con los ojos negros en los que no se distingue la pupila del iris. Alguien se detiene y cree ver en esa vieja negra, pobre de toda pobreza, a una antigua conocida. El hombre es el general Viamonte. "¡Usted es la Capitana, la que nos acompañó al Alto Perú, es una heroína!", exclama emocionado el ahora diputado. La negra Remedios Del Valle, que mal podía esconder las cicatrices en el brazo, le cuenta cuántas veces había llamado a la puerta de su casa para saludarlo, pero el personal doméstico la había echado como a una pordiosera. En estos días en los que tenemos que escuchar a otra señora, una que se dice perseguida y no sabe cómo justificar sus cuentas en dólares y en pesos, sus plazos fijos y sus cajas de seguridad, quiero recordar que esta patria ya tiene una madre. Una madre que enterró a su amor y a sus hijos en el campo de batalla, una madre que no tenía nada, que era negra, que era pobre y que tenía las palmas de las manos blancas como lo son las palmas de los negros: claras. Y sobre todo, vacías.

Era mujer, en la época en que ser mujer era una condena. Era negra, cuando ser negra significaba ser esclava. Era pobre, cuando ser pobre era la moneda más frecuente entre los que no tenían una sola moneda ni para comer. Fue soldado cuando ser soldado significaba dejar el cuerpo en el campo de batalla, aun cuando sobreviviera. Fue sepultada por el olvido cuando en el panteón del los héroes no entraban las mujeres, ni los negros, ni los pobres, ni los soldados. Y ella fue todo eso junto. Y a pesar de todo, Belgrano la declaró la "Madre de la Patria". Pero por lo visto, esta patria todavía no puede aceptar que su madre sea negra y pobre. Todos sabemos quién es el Padre de la Patria; ni hace falta mencionarlo. ¿Pero es posible que la mayoría de este pueblo desconozca quién es la madre? Se llamaba María Remedios del Valle. Tenía una mirada compasiva que podía volverse fiera como la de las hembras cuando ven peligrar la cría; los ojos tan negros que no se distinguía la pupila del iris, siempre estaban alerta. María Remedios nació en Santa María de los Buenos Aires un día incierto de 1766. Combatió junto al Tercio de Andaluces, uno de los varios grupos de milicianos que expulsó a los ingleses durante las segundas invasiones. Luego de la Revolución de Mayo, marchó al Alto Perú con el Ejército del Norte. Con su marido y sus dos hijos, se incorporó al Regimiento de Artillería de la Patria. Volvió sola. En el campo de batalla quedó toda su familia. Lejos de rendirse ante el rigor de la existencia, ahora tenía tres motivos más para seguir luchando. Le suplicó a Belgrano que le permitiera participar en la batalla de Tucumán. Atado a la disciplina y a los reglamentos militares, Belgrano al principio se negó. Pero esa voz firme y esa mirada aguerrida se impuso y finalmente, desde la retaguardia, llegó al frente de batalla codo a codo con los soldados. Fue un triunfo decisivo en la lucha por la Independencia. Belgrano pasa revista de la tropa en formación y al llegar a ella, se detiene, le tiende la mano y la nombra capitana de su ejército y Madre de la Patria. La Negra Remedios acompañó a Belgrano en la victoria pero, sobre todo, en la derrota. Cuando fue vencido en Vilcapugio, María de los Remedios del Valle combatió, recibió una bala y, herida, fue tomada prisionera. Apresada, ayudó a escapar a los jefes patriotas. No le salió gratis: durante nueve días recibió el azote público: la piel negra se tiñó con la sangre roja y le quedó ese estigma para siempre como un trofeo de guerra. Consiguió escapar y se unió a las tropas de Güemes. Una anciana indigente, busca cobijo en la recova del Cabildo, un lugar de paseo terminada la guerra por la Independencia, ya en tiempos menos convulsionados. La anciana extiende su palma blanca para recibir la limosna de los viandantes. Una palma blanca y vacía que contrasta con los ojos negros en los que no se distingue la pupila del iris. Alguien se detiene y cree ver en esa vieja negra, pobre de toda pobreza, a una antigua conocida. El hombre es el general Viamonte. "¡Usted es la Capitana, la que nos acompañó al Alto Perú, es una heroína!", exclama emocionado el ahora diputado. La negra Remedios Del Valle, que mal podía esconder las cicatrices en el brazo, le cuenta cuántas veces había llamado a la puerta de su casa para saludarlo, pero el personal doméstico la había echado como a una pordiosera. En estos días en los que tenemos que escuchar a otra señora, una que se dice perseguida y no sabe cómo justificar sus cuentas en dólares y en pesos, sus plazos fijos y sus cajas de seguridad, quiero recordar que esta patria ya tiene una madre. Una madre que enterró a su amor y a sus hijos en el campo de batalla, una madre que no tenía nada, que era negra, que era pobre y que tenía las palmas de las manos blancas como lo son las palmas de los negros: claras. Y sobre todo, vacías.

Federico Andahazi


La reinserción social

La reinserción social en los tratamientos en comunidad terapéutica para adictos es una etapa sumamente compleja que requiere dar pasos firmes y seguros. Luego de un proceso que puede variar de seis a diez meses según las particularidades de cada caso, se comienza a programar la inserción social desde otro lugar, con otras perspectivas, con nuevas herramientas. En esta etapa es básico y fundamental tomar las decisiones correctas pues cuando se precipitan las decisiones incorrectas se activa un mecanismo nocivo que pronto va a traer nuevas y viejas dificultades, que sólo harán retroceder y entorpecer este nuevo proceso. Es lógico ese aislamiento primario en las interrelaciones, pues se tiene que comenzar a entablar nuevos vínculos en ámbitos que fueron escenarios trágicos en el pasado. La elección de amistades que estén relacionadas de algún modo con el consumo es altamente riesgosa y siempre terminan mal con situaciones desagradables. El orden y la responsabilidad son trascendentales dentro de una disciplina que da el marco de contención que se requiere en una etapa de autocontrol. El manejo adecuado del dinero, reconocer las limitaciones y saber que ahora la vida sucede y debemos disfrutar cada día como si fuera el último. La reinserción es una etapa que lleva como mínimo tres años luego de superar y tener resuelta la cuestión del consumo y lograr la abstinencia, aquí me refiero a ya no tener como opción en el menú de mi cotidianidad las drogas y sus derivados. La posibilidad de lograr una vida saludable, útil, cosmogónica, solidaria y armoniosa requiere de una certera convicción profunda, allí donde la conquista de nuestra misteriosa intimidad, con sus fantasmas y miedos, es la clave.

Osvaldo S. Marrochi


Las condiciones

de la ministra

La Capital del 11/9 plantea en página 2 (editorial), más las notas habituales de Mauricio Maronna y Luis Novaresio, una unidad de criterio en denostar a la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, en términos a mi juicio exagerados y que implican un error de apreciación, como así de terminología. Leo con prioridad a aquéllos y esta vez me extraña la falta de equilibrio en las expresiones, típico de Luis. Nadie debió ponerse de acuerdo. Bigote Acosta se pliega, pero con tacto. Transcribo: "...La ministra impuso condiciones para enviar a Rosario fuerzas federales: exigía que funcionarios de su cartera controlaran a la policía de Santa Fe para enviar a los efectivos de la Gendarmería, Prefectura, Policía Federal (...)". Al final de la página 2 se admite: "...que los gobiernos socialistas no supieron nunca cómo garantizar la seguridad pública es una verdad innegable... no puede reducirse a una discusión sobre jurisdicciones por la sencilla razón de que a los ciudadanos no les importa quién los cuida, sino que los cuiden". Esto es tan claro que no veo necesidad de estigmatizar. El tema de las jurisdicciones no es culpa de Bullrich sino del prurito partidista y personalista de Lifschitz. Y en este espacio acotado, doy fundamentos con conocimiento de causa. Porque la mentada "intervención" que se rechaza no es tal. En cualquier empresa, sea organización vertical o funcional, siempre existe un auditor (interno o externo) que controla. Su función es revisar (auditar) e informar. Hacer el proceso inverso a lo planificado para ver si se cumplió en todo o en parte y dar razones en todos los casos. Se pudo oponer la provincia a que la Nación imponga por lapsos un par de "inspectores", que verifiquen la coordinación y eficiencia del accionar de la policía de Santa Fe? Y por si fuera poco, ¿qué respuesta se puede dar al continuo cambio de jefes de policía (aquí tenemos Unidad Regional XIII de ejemplo) y las sombras que se yerguen por las coimas y la connivencia entre policía y delincuentes harto comprobadas? ¿Es que se puede dejar sin control este tipo de estragos por incapacidad o por sucio complot? ¿Qué justificación razonable tiene Lifschitz para "defender" al cuerpo de jefes y sus subordinados policías que gozan de toda la desconfianza de los vecinos? El problema se arrastra desde que Macri asumió: vimos que Lifschitz no comulgó con la persona de Macri. Como santafesino me sentí perjudicado por su actitud dubitativa para aceptar favores. ¿Que Bullrich lo quiso "poner de rodillas" a Lifschitz? ¡Es demasiado!

José M. Galetto

DNI 6.512.303


La vindicación

de Di Benedetto

La publicación de la obra periodística de Antonio Di Benedetto es de alguna manera un acto de vindicación de este escritor, uno de los más importantes de la literatura argentina y latinoamericana contemporánea. En efecto el autor de libros trascendentes como "Zama", "El silenciero" y "Los suicidas" merecía este exhaustivo trabajo de recopilación de su obra periodística original e innovadora. Que se inicia en el año 1943 y que abarca varias décadas. Detenido el 24 de marzo de 1976 por fuerzas militares, sólo por ser consecuente con su honestidad, ética inquebrantable e irreductible dignidad. Condenado a padecer las mazmorras de la dictadura cívico-militar y luego obligado al destierro. Antonio Di Benedetto se desempeñó en diversos medios de prensa del país y de Europa, dando muestras de un incomparable talento en una multiplicidad de temáticas como el cine, las artes, el análisis de la sociedad y su dinámica. Es de destacar su labor en el diario Los Andes de Mendoza, en el que realizó una labor de renovación periodística que marco un hito fundamental hasta que las fuerzas oscurantistas le arrebataron la libertad. Di Benedetto, creador de una prosa exquisita que interpela los sentidos y nuestra razón de ser sobre la tierra, cerró sus ojos para siempre a poco de retornar del exilio. Ahora los lectores tenemos la oportunidad de acercarnos a su obra periodística reunida y apreciar su estilo narrativo, su agudeza y su persistencia más allá de los escarnios a los que fue sometido. La implacable lucidez de un cronista que siempre fue más allá y nos invita a transitar con él con nuevas miradas sobre lo cotidiano.

Carlos A. Solero


Por la plata

baila el mono

El periodista Jorge Lanata, como es su costumbre, destapa todos los entuertos delictivos que dañaron al país. Le tocó el turno a Luis D'Elía que supo colocar estratégicamente a todos sus hijos en dependencias de la Ansés, donde fueron favorecidos cobrando elevadísimos salarios. ¿Quién dispuso en esa institución de jubilados del país que apenas cobran 5.000 pesos, que estos empleados de privilegio cobraran sumas tan onerosas, como por ejemplo: desde 30.000 a 62.000 pesos? Analizando la situación creada por ultrakirchneristas como artistas y periodistas, nos damos cuenta por qué le rendían "culto" a la ex mandataria CFK. Todos cobraban del dinero que el Estado nos usurpaba para enriquecer a personajes siniestros como D'Elía o los famosos aplaudidores instalados en Casa Rosada para deleitar la fantasía que anidaba en la imaginación de una pobre ilusa que se creía muy querida por su tropa y dueña del país. Un dicho popular dice "por la plata baila el mono". Vaya que bailaron y aún desean continuar con la "fiesta" que los enriqueció obscenamente mientras les quitaban la comida a miles de niños desnutridos abandonados en provincias norteñas, donde la decencia y la cordura del Estado están ausentes. Parecería que para dejar cesantes a los ultrakirchneristas hay que recurrir a la Justicia. Si el gobierno actual no se pone los pantalones largos seguiremos invadidos de maleantes y sufriendo los embates de las injusticias que dañan a gran parte de una sociedad que espera milagros.

Maria Emilia Farros

DNI 14784332

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