El Mundo
Viernes 02 de Diciembre de 2016

La lucha de los pueblos indígenas americanos por la instalación de un oleoducto en sus tierras

La oposición a un oleoducto ha reunido a los pueblos y comunidades indígenas de todas partes de Estados Unidos. Havasupai, del Gran Cañón; Arapaho, de Wyoming; Shoshone, de Nevada; Cheyenne, de Oklahoma; Navajo, Laguna Pueblo y Hopi Tewa, de Nuevo México, tienen representantes en el campamento Oceti Sakowin/Campamento de las Piedras Sagradas en Dakota del Norte.

Hasta allí, además, han llegado participantes de un número impresionante de grupos de otros países como los Sami, de la Escandinavia; los Sarayaku, de Ecuador y los Cree, de Canadá, entre otros. Sin contar a los defensores no-indígenas de ONG como Greenpeace, Amnistía Internacional y la American Civil Liberties Union, y por supuesto a la prensa internacional.

Lo que empezó en agosto de este año como la lucha de un solo pueblo, Standing Rock Sioux, de Dakotas del Norte y del Sur, ha desarrollado un movimiento global de los pueblos indígenas.

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Lo que comenzó con 30 activistas acampando en una propiedad aislada del U.S. Corps of Army Engineers, ahora tiene más de 7.000. Unos 300 pueblos han colocado sus banderas en la planicie. Incluso el Ejército Zapatista de Liberación Nacional ha enviado apoyo, afirmando: "Su lucha digna es también la nuestra".

Con sus serpentinas ondeando en el viento, sus tambores de cuero crudo, sus caballos y ponis, la reunión es la más grande de gente nativa en la historia moderna.

La causa

¿Por qué tantos han viajado por largas distancias a una tierra dura que promete temperaturas invernales inclementes e inaguantables?

Los Sioux se enfrentan al proyecto de un oleoducto, ya en construcción, de 1.886 kilómetros, cuyo valor se estima en 3,8 billones de dólares y es de la compañía Energy Transfer.

Los pozos están en los campos de petróleo Bakken, en Dakota del Norte.

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El oleoducto llevaría tanto como 570 mil barriles de crudo dulce cada día por los Estados de Dakota, pasando por debajo del río Missouri y por Iowa, conectando con otro oleoducto que ya existe en Illinois. Desde allá se llevaría el petróleo al Golfo de México, donde están las refinerías.

La lección del campamento —y la razón por la que tantos indígenas han llegado desde otras comunidades— es que la experiencia de los pueblos originarios tiene un carácter universal. En todas partes del mundo los imperios robaron la tierra de los indígenas, usaron sus bosques, sus lagos, sus ríos, su flora y su fauna como capital al servicio del crecimiento y del poder —hasta que las luchas entre el imperialismo y las culturas de la tierra se convirtieron en la batalla arquetípica de la historia moderna.

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Según el presidente del pueblo Sioux, Dave Archambault II, "todos tenemos luchas similares porque la dependencia de combustibles fósiles que tiene el mundo está dañando a la Madre Tierra. Los indígenas son los que están enfrentándola con ese surgimiento del espíritu y diciendo: 'Es la hora depara proteger lo que es precioso'".

Las estadísticas dicen que los pueblos originarios constituyen el 5 % de la población mundial y, además, son el 15 % del total de pobres; no obstante, resguardan el 80 % de la biodiversidad. El campamento Oceti Sakowin está dando una oportunidad rara para construir la solidaridad global.

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